Ante la proximidad del Mundial 2026, resulta pertinente comparar los hechos violentos recientes en dos de los países sede: México y Estados Unidos. En el caso mexicano, los disturbios del CJNG tras la caída de su líder el pasado 22 de febrero fueron un evento crítico pero efímero de un solo día. Por el contrario, la guerra declarada por EEUU contra Irán representa un conflicto geopolítico de largo alcance y consecuencias impredecibles.
Pedí una comparación a Gemini, la inteligencia artificial de Google. El análisis es, a la vez, sencillo y complejo. El objetivo: determinar, bajo la lógica de especialistas en seguridad, en qué estadios existe mayor riesgo de atentados terroristas o violencia criminal para la afición y las selecciones. Lo que sigue es el análisis de Gemini:
1. México: Violencia reactiva y acotada
La captura y muerte del líder del CJNG en Tapalpa desató una respuesta asimétrica. A diferencia de una guerra convencional, fue una violencia reactiva de alta visibilidad, pero de baja intensidad sostenida. Los 252 bloqueos en 20 estados y el saldo de 27 agentes fallecidos subrayan que el objetivo criminal no es la ciudadanía ni el turismo, sino las instituciones de seguridad que rompen el statu quo.
El peligro en México no reside en un atentado planeado contra una selección, sino en la posibilidad de quedar atrapado en el fuego cruzado o en la parálisis logística tras un operativo oficial. Pero este escenario es cada vez menos probable: con figuras como el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada presos en EEUU, ya no quedan capos de la relevancia del Mencho con capacidad de coordinación nacional.
2. EEUU: El riesgo crónico del terrorismo geopolítico
Aquí la lógica cambia radicalmente. No se trata del control de rutas, sino de ideología, disuasión estatal y religión. Una guerra declarada o las sombras de un conflicto con Irán elevan la alerta por actores solitarios o células durmientes. A diferencia de los cárteles, los grupos terroristas buscan blancos de alto valor simbólico; un estadio en Los Ángeles o Nueva York es el escenario perfecto para enviar un mensaje de impacto global.
Comparativa de riesgos por tipología
Estadios en México (CDMX, GDL, MTY):
Terrorismo internacional: Riesgo bajo; México casi nunca es blanco de estos grupos.
Violencia criminal: Riesgo medio-bajo. Los disturbios post-Mencho fueron controlables. Es improbable que el gobierno realice operativos de alto impacto durante el torneo y ya no hay líderes capaces de coordinar respuestas masivas.
Seguridad en estadios: Riesgo controlado con perímetros militares y filtros estrictos, como se evidenció en el reciente concierto de Shakira en el Zócalo.
Seguridad de la afición: Riesgo logístico menor, limitado a la movilidad en carreteras ante posibles narcobloqueos, escenario improbable por la fragmentación de los cárteles.
Estadios en EEUU (11 sedes):
Terrorismo internacional: Riesgo muy alto, al ser el objetivo primario derivado del conflicto en Medio Oriente.
Violencia criminal: Riesgo bajo; la delincuencia común no paraliza ciudades en Estados Unidos.
Seguridad en estadios: Riesgo extremo. Requiere protocolos de seguridad nacional avanzados que no garantizan éxito total ante amenazas asimétricas.
Seguridad para la afición: Riesgo moderado-alto por la posibilidad de ataques masivos (tiroteos o explosivos) con fines políticos o religiosos.
Veredicto: Riesgos diferenciados
En atentados terroristas, los estadios de EEUU presentan un riesgo mayor por su exposición geopolítica. El Mundial es la vitrina más grande del planeta y EEUU es el blanco principal de represalias por la guerra en Irán. En México, el riesgo se limita a una disrupción logística hoy improbable.
En síntesis: En México, el peligro es estar en el lugar equivocado luego de un operativo importante. En EEUU, por el conflicto con Irán, el riesgo latente es ser el objetivo directo del ataque.
Conclusión
Desde la perspectiva de seguridad de Estado, resulta técnicamente mucho más fácil contener la violencia del narcotráfico que prevenir un ataque terrorista.
El narco es un actor racional y económico; sus cárteles funcionan como corporaciones cuyo objetivo es el lucro, no la destrucción simbólica. Sus reacciones son predecibles y casi nunca proactivas contra eventos como el Mundial, pues no les conviene atraer atención internacional que complique sus negocios.
Para Estados Unidos el escenario es más complejo. Mientras al narco se le rastrea por dinero y comunicaciones, un militante radicalizado actúa con recursos mínimos y un descuido de las fuerzas de seguridad puede ser fatal. Para aliados de Irán, un estadio no es ocio, sino un objetivo político. El fanatismo del terrorista es siempre más impredecible que la ambición de la mafia: un atacante dispuesto a morir anula la estrategia de disuasión tradicional.
En términos estrictamente comerciales, para los cárteles, el Mundial es una época de alta demanda de sus mercancías ilegales. No les conviene el caos, sino la tranquilidad para estimular el consumo de los y las turistas de otros países, que desgraciadamente es la esencia del negocio del narco.
Incluso si EEUU ganara rápidamente la guerra, el conflicto contra Irán dejaría una herida abierta en Medio Oriente que, tarde o temprano, podría traducirse en terrorismo exportado hacia la nación más poderosa del mundo.
Se le desea éxito al presidente Donald Trump, quien enfrenta mayores retos que la presidenta Claudia Sheinbaum; nuestra líder trabaja fuerte, como es evidente, para que el Mundial sea una fiesta en México.



