Después de que mis redes se inundaron de las asquerosidades contenidas en los archivos de Epstein y que el pánico colectivo y el asco de todas las personas que conozco nos dejó una herida expuesta me di cuenta de que:

Por prudencia no debía compartir los posteos, mucho menos los videos o las imágenes, que eran revictimizadores, ni aunque quisiera, porque en mi perfil de trabajo tengo a madres en postparto, embarazo o situaciones emocionales vulnerables y neurodivergencias varias. No me parece ético difundir el morbo del contenido de esos archivos, pero si me parece urgente señalar la gravedad de los mismos.

Cuando era adolescente mi clase favorita era filosofía y recuerdo mucho un módulo donde nos enfrentaban a dos opiniones divididas: uno decía que el hombre era inherentemente bueno, que la causa de todos los males del mundo (guerra y demás) era la falta de necesidades básicas cubiertas y que, si el ser humano tuviera eso resuelto el mundo sería utópico porque nos dedicaríamos a crear, al amor, al arte y a la belleza.

Yo elegía creer eso, en vez de lo que decían Kant y Hobbes: el hombre es malvado por naturaleza.

Hoy elijo creer diferente. Hoy creo que, o los mencionados en esa lista ya no son seres humanos (como algunas teorías de conspiración eligen mencionar) o bien, los hombres mas ricos del mundo, con sus necesidades y las de cientos de sus descendientes cubiertas, son, esencialmente y como el filósofo lo mencionaba, inherentemente malvados.

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¿Es esto lo que hace el aburrimiento de tenerlo todo? Porque en nombre de la carencia también se realizan actos terribles como la disolución de cuerpos de niños sicarios en tambos de ácido, pero, en serio, ¿canibalismo? ¿Quién en este mundo es capaz de lastimar bebés? Ah sí, si puedes pagar por ello, entonces puedes hacerlo. Y es así como volvemos al mismo punto: la brutalidad extrema, lo inhumano, lo inherentemente malvado se desprende de aquellos que tienen el mayor poder adquisitivo y todas las demás atrocidades cometidas en el mundo en la búsqueda del pan y la sobrevivencia palidecen al lado de lo que hacen aquellos que jamás han pasado hambre.

La pregunta ahora es, después del asco colectivo, ¿esta será una noticia más? Así como la masacre en Congo y Gaza, así como las muertas de Juárez, así como los campos de exterminio encontrados y luego desaparecidos y maquillados.

¿Vamos a aceptar, en nombre de la paz, la libertad, la democracia y las mejoras económicas, un sistema que ha normalizado la dominación, la crueldad y el trato degradante? - Malka Marcovich.

Pobre Rousseau, revolcándose en su tumba viendo cómo Saturno devora a sus hijos en la tierra por pura maldad, morbo y deseo sexual retorcido.

Yo elijo la indignación permanente. Elijo vivir en pie de guerra, aunque la magia new age y el conservadurismo blanco me exijan vibrar en buena onda y sintonía con lo bueno y amable del universo, lo siento, no puedo permitirme bajar los brazos.

Elijo sostener a mis hijos con el cuerpo y con el alma para que sean capaces de alejarse con desagrado de aquellos que acosan a mujeres en la calle, de llevarle las bolsas de compra a la vecina, de denunciar los grupos de packs en los que los integren, de proteger a todos los niños del mundo y no solo a los propios o a ellos mismos.

Elijo criar con la esperanza (y una esperanza que requiere valor y fiereza), de que es posible cambiar el mundo. Que ni Rousseau ni Kant tenían razón, que no hay nada inherente, que todo se aprende y que soy capaz de enseñar y educar para que nunca más nos parezca normal que las élites del mundo cometan atrocidades solo porque, al parecer, pueden, sin que siquiera nos asombre realmente.

Elijo levantar mis armas, mi fe, mi corazón y todas mis magias para azuzar a otras madres a mi alrededor y rogarles que, por favor, aun dentro de nuestro cansancio, aun dentro de nuestra esclavitud diaria, hagamos lo posible por criar seres humanos que sean capaces de elegir la bondad y lo correcto por encima de todos los privilegios ofrecidos en base a su sexo, su dinero o su nacimiento.

Hagamos juntas que en este mundo se vaya muriendo toda la crueldad que ya quedó obsoleta y construyamos con hombres y mujeres nuevos, la esperanza de que esto no puede ser todo a lo que la humanidad esté destinada.

Elijo creer que estamos aquí para crear, criar y sostener a la humanidad por la que vale la pena luchar, por la que vale la pena quemarlo toldo y renacer de nuevo de entre las cenizas con nuestros hijos e hijas criados en bondad y plena consciencia.