Brutalidad. Muerte. Niños secuestrados. Adultos atrapados. Ciudadanos legales y residentes indefensos.
Springsteen, Bad Bunny, Billie Eilish, Taylor Swift, DiCaprio, Matt Damon, Robert De Niro, Sylvester Stallone (para señalar tibieza), Antonio Banderas, Lady Gaga, George Clooney, Jennifer Lawrence, Brad Pitt, Beyoncé, Rihanna.
Y cientos más, líderes culturales y sociales antiguos, medianos y recientes, todos alzan la voz.
La calle manda.
La política duerme.
Los tibios miran.
La cultura ruge.
Sus himnos pesan más que discursos vacíos.
La liberación de Liam Conejo Robles y su padre, ciudadanos estadounidenses, fue apenas un símbolo.
Gracias a la presión social masiva y a la intervención del congresista Ilhan Omar, lograron salir, pero cientos de niños y miles de adultos siguen detenidos injustamente, sin abogados, sin defensa consular, en condiciones inhumanas, víctimas de ICE, CBP y DHS, monstruos autónomos que ignoran órdenes judiciales y derechos humanos, con supremacistas infiltrados y fanáticos legitimando la impunidad.
Trump, obsesionado con su narrativa y su base fanática, subestima que el monstruo que creó está fuera de control.
Ataca prensa y cultura —amenazando a Noah, desprestigiando los Grammys— mientras el caos interno crece y los abusos sistemáticos se multiplican.
La cultura demuestra que la calle y los himnos pesan más que muchos políticos tibios:
Springsteen liderando himnos; Bad Bunny con su gorro simbólico y su canción “Debí tirar más fotos”; Billie Eilish, Taylor Swift, DiCaprio, De Niro, Pitt, Gaga, Clooney, Jennifer Lawrence, Beyoncé, Rihanna y cientos más marcando la diferencia donde la política ha fallado.
La Guardia Nacional en Minnesota, convocada por el gobernador Tim Walz, y policías locales de estados democráticos y ciudades santuario han protegido parcialmente a la gente, pero no hay un bloque federal ni legislativo sólido que frene la arbitrariedad de ICE.
Los políticos tibios miran; los valientes como Obama, Michelle Obama y Gavin Newsom destacan, pero muchos republicanos arrepentidos no actúan.
El caso de Robin Good, asesinada, recuerda que incluso quienes deberían estar protegidos por la ley son tratados como enemigos.
Las órdenes judiciales se ignoran. Los procedimientos judiciales se pisotean. Nadie responde por la arbitrariedad. Plantones. Paros. Manifestaciones masivas. Desobediencia civil. La sociedad debe actuar.
La liberación de Liam muestra que es posible, pero el monstruo sigue, los niños siguen secuestrados, los adultos siguen pagando con su libertad y dignidad.
La calle manda.
La cultura ruge.
Los tibios tiemblan.
La historia exige acción.
¡Que tiemble quien abuse!
¡Que los opresores sientan miedo!
¡Que la injusticia caiga!
¡Que la masa despierte, se organice y arrase al monstruo!
Porque ya no es tiempo de diagnósticos ni de tibiezas: es el momento de acciones que realmente derriben la impunidad.
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