La nueva tendencia entre las y los jóvenes es farmear aura, pero ¿realmente es tan malo y absurdo como nos lo pintan en muchos medios tradicionales y no tradicionales? Creo francamente que no; sin embargo, aunque es un acto que puede apreciarse de primera instancia como gracioso o irreal, ¿a poco no lo fueron en su momento las batallas de rap o, por ejemplo, los duelos de break dance en mi generación? Gracias a esas acciones y actualmente a farmear aura, las infancias y juventudes llenan principalmente los espacios públicos para divertirse sanamente. Entonces, ¿cuál es el problema real para que farmear aura se estigmatice y se desdeñe desde varias ópticas, si en los hechos no existe nada que recriminar?
Considero que el problema de farmear aura consiste principalmente en ir en contra de la lógica (cultura) capitalista, es decir, en esta etapa del neoliberalismo que cohabitamos, cualquier actividad que no genere ganancias o autoexplotación laboral se nos suele presentar como irracional; no obstante, ¿qué tiene de irracional el compartir con las y los camaradas una competencia no violenta y a su vez disfrutar de nuestro escaso tiempo de ocio? Una de las explicaciones se encuentra en cómo lo ha venido sentenciando en diversos de sus postulados el filósofo Byung-Chul Han. Esta dinámica capitalista posmoderna nos ha convencido dentro del imaginario social de que no ser productivo en todo momento es malo para nosotras y nosotros. La dinámica capitalista posmoderna nos ha convencido dentro del imaginario social de que no ser productivo en todo momento es malo para nosotras y nosotros, a tal grado de introyectarnos la necesidad apabullante de autoesclavizarnos para sentirnos útiles.
Con base en lo expuesto, concluyo que, por más ilógico que nos parezca, farmear aura, al igual que otras actividades que no dejan algún tipo de plusvalía al capital siempre serán vituperadas porque son antisistémicas, hasta que a alguna marca o a un astuto burgués se les ocurra lucrar con dicha acción. Es decir, mucho tiempo fueron satanizadas las batallas de freestyle en el mundo del hip hop, hasta que la industria musical y Red Bull encontraron que ahí existía un buen business al instrumentalizar de forma capitalista esa actividad, la cual al día de hoy factura cientos de millones de pesos alrededor del globo.
Por tales motivos, discurro que hay que dejar a la chaviza farmear; total, es mejor ver las plazas públicas llenas de personas disfrutando su tiempo de recreo sin necesidad de alquilar una experiencia para ser felices. ¡Nos leemos pronto!
