Es bien sabido que las pláticas y negociaciones continúan con las contrapartes que integran el tratado comercial tripartito. Siendo así, logramos decir que todo este entorno atraviesa un momento decisivo. De hecho, los encargados de tratar estos asuntos han viajado permanentemente a Estados Unidos para reunirse con funcionarios de primer nivel del Departamento de Comercio. Eso, en retrospectiva, ha traído buenos resultados más allá de las especulaciones que siempre trascienden en la prensa conservadora. Lo cierto, según lo que podemos interpretar, es que hay pasos sustanciales que indican que México se posicionará con un buen acuerdo a partir de lo que se ha presentado en las mesas de negociación. De entrada, no existe ningún riesgo de que esta sociedad se disuelva porque existe una normativa extendida hasta 2036. Luego de plantearse este periodo como un mecanismo operativo, tendremos la enorme ventaja de revisar minuciosamente cada año los detalles que envuelven al T-MEC.
Sin alguna justificación de fondo —solo cayendo en la especulación—, la oposición criticó esta determinación. A pesar de que los encargados explicaron las ventajas de evaluar cada año el contenido de un acuerdo comercial de esta envergadura, la derecha propagó información errónea que, al final de cuentas, terminó convertida en un contenido aislado. Esto significa que, dados los pormenores, los funcionarios mexicanos han manifestado con claridad la normativa pormenorizada. De hecho, México se ha posicionado en temas relevantes como acero y aluminio, lo que, a la larga, fortalece las cadenas de valor. Siendo así, hablamos de una transformación estructural para reducir lo más posible la política arancelaria. En parte, por ejemplo, los ajustes a las secciones 301 y 122 son mínimos, dado que se aplicará un diez por ciento de impuestos a ciertos productos que cruzan la frontera. Si nos guiamos por el hecho de que buena parte de los productos no pagan aranceles —concretamente más del 85 %—, podemos resumir que las negociaciones, entre muchas razones, han sido eficientes en su manejo.
Ejerciendo plenamente la capacidad que se ha puesto sobre la mesa, los conocedores del tema no tardaron en emitir un juicio claro sobre la situación que actualmente prevalece. A pesar de que las pláticas continúan —producto de las reuniones presenciales en ambas naciones—, hay avances preponderantes que dibujan el panorama reinante. Las propias declaraciones del presidente Donald Trump, que descartan la salida del T-MEC, no fueron cualquier mención espontánea, sino la inercia de una labor que se viene tejiendo desde hace muchos meses. De hecho, otra de las razones poderosas radica en el florecimiento industrial que tiene México por las políticas públicas implementadas por la presidenta Sheinbaum. Algunas de ellas, específicamente ahora que viven su mayor apogeo, son la manufactura avanzada y la mano de obra calificada de los productos que se elaboran con alta calidad en suelo mexicano.
Y ahora que México se ha colocado en el centro de los reflectores, luego de ver la magnitud de crecimiento e inversiones que ha tenido, se posiciona en el mapa internacional. Somos, además de una nación de avanzada, un territorio competitivo porque la presidenta, con mecanismos jurídicos y legislativos, facilita que las empresas inviertan para que su efectividad, a largo plazo, sea muy redituable. Viendo esa situación, en términos más concretos, podemos decir que el andamiaje de ideas se ha enraizado y, por consiguiente, tenemos mucho que ofrecer al contar con corredores industriales, mayormente en temas de electromovilidad. Ese particular aprovechamiento, traducido en una sola palabra, podemos concretarlo en expansión.
El común denominador de todo, reflejado en la narrativa del presidente Trump, es el diálogo constante y las cuestiones de cooperación en materia de seguridad. De hecho, las palabras del mandatario estadounidense, que puntualizan la continuidad del T-MEC por su relevancia, traerán mucha tranquilidad, pero sobre todo fortalecerán la confianza que la presidenta Sheinbaum proyecta con la flexibilidad de sus políticas públicas. A su vez, con toda la capacidad negociadora, esto calma tensiones y redefine las reglas de operación, que son los mecanismos que dan vida orgánica al tratado. Son, en pocas palabras, señales que, a manera de interpretación, dan solidez a la relación diplomática con nuestro principal socio comercial.
Aunque el resultado se anticipa fructífero, es un buen momento para que el equipo negociador del T-MEC fortalezca las reglas de operación y los ajustes técnicos. Eso, por un lado, se dará con la cabeza fría que ha pedido la mandataria para atender estos asuntos; eso sí, en un punto decisivo que marcará un hecho sin precedentes en la vida histórica de México.
