Entre las muchas cosas positivas y las adversidades de trabajar en el periodismo, quizás la peor sea tener que escribir sobre la partida de personajes entrañables de este plano terrenal.

Este domingo, la euforia deportiva de los últimos días tuvo un abrupto final al enterarme de la lamentable pérdida del licenciado José Luis Anaya Bautista, a quien tuve la oportunidad de conocer desde mi infancia y considerar un amigo.

El licenciado Anaya destacó no solo por su larga trayectoria profesional, entre la que destaca ser maestro de la Escuela de Derecho de UABC Tijuana, director de la Escuela de Derecho, vicerrector Zona Costa en Tijuana, magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Baja California, director Jurídico de la SAHOPE, director General de la CORETTE, procurador General de Justicia en el Estado, solo en el Estado, además de otras posiciones en el ejecutivo federal y municipal, sino por ser una persona que compartía su conocimiento y en lo particular, siempre me pareció entrañable por su contagiosa alegría de vivir.

Sin nada más que agregar ante esta pérdida irreparable, solo puedo darle mis condolencias a sus hijos y nietos, quienes le sobreviven y desearle que descanse en paz.