Roberto Velasco ha iniciado su gestión con dos pies izquierdos. Todo comenzó cuando, tras la publicación del informe sobre desaparecidos del Comité especializado de Naciones Unidas, salió ufano en la mañanera para apoyar a la presidenta Sheinbaum aseverando que el grupo de expertos se había “extralimitado” en sus funciones. Mentira. Lo que buscó el secretario no fue más que atender una instrucción de su jefa con el propósito de restar negar el hecho de que México atraviesa hoy por una seria crisis en términos de desaparición forzada.
Apenas ayer Velasco salió de nuevo en la conferencia matutina. Lo hizo para intentar justificar por qué el Estado mexicano ha incumplido, en el caso Rocha, con las obligaciones derivadas del tratado de extradición suscrito con Estados Unidos. El canciller, con un Power Point (herramienta muy utilizada por la 4T) hizo mención de las supuestas solicitudes hechas por México que no obtuvieron respuesta favorable por parte del vecino del norte.
Es decir, abordó, sin mayor detalle, los casos de peticiones de extradición que el gobierno de Estados Unidos denegó o en las que, simplemente, según dijo Velasco, ese país “exigió” mayores pruebas.
Lo que hizo Roberto Velasco no fue sino un nuevo acto en defensa de Rocha. En primer lugar, un supuesto incumplimiento en el pasado del tratado por parte de Estados Unidos no justifica que México incurra en la misma práctica. ¿Habrá escuchado el canciller el principio latino de pacta sunt servanda? ¿O tal vez los principios básicos del derecho internacional no merecen ser del conocimiento del secretario de Relaciones Exteriores?
Y en segundo lugar, lo que Velasco omitió aclarar es si en esos casos de extradición denegados por Estados Unidos el Departamento de Justicia estadounidense abrió expedientes de investigación; pues el mismo tratado binacional establece que, en caso de que el país receptor deniegue la solicitud, deberá iniciar el procesamiento penal del sujeto acusado de acuerdo a su propio derecho interno.
Para desgracia de la nación mexicana, y sobre todo, de los talentosos internacionalistas mexicanos que se forman en el Instituto Matías Romero, y que sueñan con llegar a ser cancilleres, Roberto Velasco no actúa como un hombre comprometido con el papel de México en el concierto de las naciones, sino como un funcionario dispuesto a sumarse a la defensa de presuntos narco políticos bajo cuya gestión Sinaloa es hoy una entidad regida por el crimen organizado.
