El plan inicial contemplaba, de un golpe, quitar a 200 diputados que, al final de cuentas, son elegidos con base en una votación en las cinco circunscripciones del país. Ellos, que representan las voces de las minorías, corren el riesgo de sucumbir ante un proyecto que no se conocía en su contenido, pero que se había esbozado una y otra vez. Eso, por un lado, acarreó descontento y malestar de parte de los partidos aliados. Todo esto explica la serie de posturas y hasta, en una de esas, el amago de disolver una coalición que, unida, logró hacer historia por dos veces consecutivas. Esta última, por cierto, obteniendo la mayoría calificada. De ese modo, hubo posturas que llevaron a plantear rompimientos. Hubiese sido una determinación suicida o, literalmente, un balazo en el pie. Por eso el cambio de estrategia y diálogo de parte de la Secretaría de Gobernación, que siempre está sujeta a cambios que, con vehemencia, acontecen en el devenir social.
En ese vaivén, a propósito de ello, se contempló de una vez por todas la permanencia de los 200 espacios de representación proporcional. Es un tema que, como tal, ya ni siquiera está en la mesa de discusión. Lo que sí sucederá, por obvias razones de un proyecto de modificación al marco constitucional, será la forma para elegir a esos representantes que, al final de cuentas, son quienes dan vida orgánica a un parlamento. Confieso que, en cuatro ocasiones consecutivas, he votado por el proyecto de transformación desde los inicios de Andrés Manuel López Obrador. Él, como nunca, echó andar un programa integral que ha funcionado a la perfección, sobre todo por la estructura de apoyo y asistencia a los sectores más vulnerables del país.
Más allá de eso, soy de los que se suman al llamado para que la permanencia de esos espacios de representación proporcional se conserven. Quizá reducirlos un poco sería algo sustancial. De eso dependerá el contenido y, desde luego, el análisis y discusión para su aprobación. Serán días y semanas trascendentes; no sé cuánto tiempo nos lleve edificar una determinación colectiva que deje satisfechos a todos, básicamente a las minorías. Recordemos que, tiempo atrás, este método sirvió para que la izquierda tuviera voz y voto en ambas cámaras legislativas. Esto ayudó a inhibir la exclusión y el menosprecio que había por los grupos reducidos. De ahí se nutrían los grandes debates, recuerdo, especialmente aquellos actores de convicciones firmes que daban la batalla en el pleno. Por supuesto que los votos eran insuficientes, pero al menos el eco que producía la defensa de las posturas enaltecía los valores de un proyecto de nación alternativo que, gracias a esa lucha, hoy se coronó la alternancia donde recae la honestidad y la responsabilidad de servir.
El punto es que el propósito ha tenido un retraso por la sencilla razón de que se está modificando el tema. Nosotros, antes que nada, siempre fuimos de la idea de que el proyecto tenía matices muy complicados, sobre todo por la postura que tomarían los partidos aliados. Es verdad, hay una alianza que se acaba de sellar; sin embargo, de todos modos, hay que tomarlos en cuenta y no supeditar una obediencia a ciegas. Se tiene que realizar un consenso; no es poca cosa lo que está en juego, especialmente cuando hay, por delante, un andamiaje de reformas constitucionales que son prioridad de la presidenta. En reiteradas ocasiones se ha hecho énfasis en ello. Como botón de muestra está la voluntad de Claudia Sheinbaum para negociar, a través de la Secretaría de Gobernación, únicamente el asunto de interés de los aliados. Eso, por lo tanto, garantiza que el proyecto se avale en mayoría en ambas cámaras legislativas.
En pocas palabras, Morena, en conjunto con los aliados, correrán a la par de un proyecto de reforma electoral que, a sabiendas de que cambiará, había una sinergia ante el replanteamiento que se hizo desde las oficinas de Bucareli. Nosotros mismos, a través de esta columna, dijimos que el viraje se da con la fotografía que circuló desde el despacho de Rosa Icela Rodríguez. Desde allí supimos que se había limado cualquier aspereza y, que por delante, se superará todo obstáculo para decretar el asunto. La consigna, se sabe, es construir juntos el proyecto que de inmediato se abordará en unos días más, eso sí, creando las condiciones necesarias que muy pronto se harán públicas a través de los coordinadores de las fracciones parlamentarias de Morena.
En concreto, hay que reconocerles la eficiente labor que realizó Rosa Icela Rodríguez, principal operadora política de Claudia Sheinbaum, y mujer de todas sus confianzas en la política interna.
