LA POLÍTICA ES DE BRONCE

El fin de semana, un día después de realizar una incursión militar en Venezuela para detener a Nicolás Maduro y presentarlo ante un tribunal en Nueva York, Donald Trump escribió en sus redes sociales: “Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó servicios de seguridad a los dos últimos dictadores venezolanos. ¡PERO YA NO! ¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA! ¡CERO! Sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.

Antes de exponer algunas reflexiones respecto a la situación de Cuba posterior a la detención de Nicolás Maduro, conviene dejar por escrito dos cosas. La primera: que el asedio que ha experimentado Cuba, por parte de Estados Unidos desde 1961 a la fecha, es el más prolongado de la historia moderna. Segundo: que delinear los contornos de algunos posibles escenarios del futuro de Cuba desde México puede sonar frívolo o superficial, al desconocer —más allá de testimonios y notas periodísticas— la situación que se vive en la isla, tanto por el bloqueo estadounidense como por el control que ejerce el régimen cubano. Dicho esto, pongamos sobre la mesa algunas preguntas que definen este momento.

¿Por qué Donald Trump realizaría una intervención definitiva, económica y militar, para terminar con el régimen cubano?. Cuba y Corea del Norte son los únicos regímenes posteriores a la Guerra Fría que sobreviven. Por desgracia para Cuba, está muy lejos de otras potencias y muy cerca de Estados Unidos. En este momento, la isla no representa ninguna posición estratégica relevante en materia económica o militar para Estados Unidos; sin embargo, si se voltea la vista hacia el electorado estadounidense, se encuentran los motivos de fondo, los cuales también fueron expresados con brutal claridad por el presidente Trump.

Se trata de dar respuesta a una de las exigencias más sentidas y reiteradas de su electorado de origen cubano, particularmente asentado en Florida y Miami, quienes desde su primera campaña, pero particularmente en la segunda, apoyaron su regreso a la Casa Blanca. El costo político y militar, en términos de vidas estadounidenses, fue muy bajo para Donald Trump, lo que anima la opción de intervenir en Cuba. Tendría que enfocarse en la defensa de la democracia, o bien, utilizar a Maduro o a otros presos en Estados Unidos para construir el discurso del enemigo externo y el narcoterrorismo, para disfrazar la ofensiva militar contra La Habana como una acción de justicia interna estadounidense.

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Si el derecho internacional se encuentra quebrantado y los organismos multilaterales disminuidos, ¿qué podría disuadir una ofensiva estadounidense?. Una posibilidad sería una declaración de fuerza de alguna potencia con arsenal nuclear, como ocurrió a principios de la década de los años sesenta, cuando Nikita Jrushchov le dijo a John F. Kennedy, en buen ruso, que una invasión directa a la isla sería una declaración de guerra contra la entonces Unión Soviética. En los tiempos actuales, esto equivaldría a una declaración directa de Rusia o de China en el sentido de que invadir la isla sería considerado como un acto hostil en su contra.

El otro camino es más largo y complicado, pero tiene como eje mantener la paz en la región y el bienestar de la sociedad cubana. Consiste en seguir apelando al derecho internacional, a los organismos internacionales y a la diplomacia, no para mantener a un régimen o a una burocracia en el poder, sino para que Cuba pueda preservar su soberanía y, la sociedad cubana, definir su futuro.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina?

La política es de bronce.