El norte global ha impuesto su poder de muchas formas sobre los países del sur, siendo estas últimas naciones presa fácil para las intenciones imperialistas y extractivistas de estas poderosas potencias, que depredan todo lo que está a su alcance, donde resistirse a ello es un acto de valentía que casi siempre va acompañado por el suicidio político, o eso es lo que la historia nos ha enseñado.

Entonces, bajo esa lógica, ¿por cuál camino pueden optar los países del sur global para detener el avance del colonialismo del norte? La situación se agrava porque las condiciones económicas y militares son desiguales. Luchar de manera frontal podría llevar al exterminio de la población por una posible intervención militar. Sin duda, es una decisión difícil para cualquier gobernante que enfrente esta situación.

Se debe ser inteligente y cauteloso en las posturas por las que se opta frente a estas naciones por parte de las de la periferia, donde considero que se pueden seguir tres caminos: el de rival-enemigo de ellas, el de aliado/colaborador pero con cierto grado de autonomía y soberanía (pero bajo sus designios), y el de migajero. Esta última, la peor de ellas en mi opinión, porque pareciera que para estos imperialistas ser migajero sale más caro que ser valiente.

Coincido con el maestro Joaquín Sabina en su canción cuando dice: “Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena”. No se trata de ser un kamikaze, pero tampoco un entreguista-servil-arrastrado como lo han sido diversos mandatarios que prefirieron el camino de la servidumbre al de la dignidad; ejemplo de ello hay bastantes, pero como: Javier Milei y María Corina Machado parecieran los más dignos representantes del migajerismo político, donde, a pesar de los desprecios de Donald J. Trump, siguen empecinados en ser su tapete o excusado.

Quiero ser puntual en señalar que entiendo muchas de sus decisiones; sin embargo, no las comparto ni mucho menos las justifico, porque comprendo que tuvieran la intención de —hacer méritos— para ganarse la voluntad de los del norte, pero cuando una y otra vez solo hacen el ridículo al querer pertenecer a un club que no tiene la más mínima intención de dejarles pasar a pesar de que sigan recogiendo sus migajas del piso.

Javier Milei y Corina Machado parecieran los más dignos representantes del migajerismo político. Foto: José Domingo A. Cureño