Las redes sociales explotaron de españoles obsesionados con su historia, basada en glorias muertas ya hace siglos, y que (ojo) nunca volverán, a partir de que su rey, Felipe VI, comentó la “osadía” de mencionar la palabra “abusos” respecto a su conquista de lo que en ese entonces era “el Nuevo Mundo” (como si en todo conflicto militar no hubiese eso... abusos de todos los bandos), una vastísima región esta, la “descubierta” por los europeos, con milenios de historia, avances científicos y culturales de toda índole.

Bien, gracias al mercenario José Miguel Zunzunegui, que ha dedicado los últimos años de su vida a ostentarse (falsamente) como historiador, esto en abierta ofensa a gigantes como Guadalupe Jiménez Codinach, Rafael Estrada Michel, Alejandro Rosas, Patricia Galeana e incluso Krauze (padre), y muchos más, que han dejado años enteros de su vida en archivos, tanto en México como en el extranjero, haciendo investigación en fuentes y también de campo (todas de primera mano), descubriendo pasajes históricos, escribiendo y publicando libros, dando cátedra en las mejores universidades, conferencias magistrales, coloquios y más, –¿para que un pelado desempleado y ladino un día se le haya ocurrido ser influencer con el tema de la historia principalmente mexicana?, sobre todo con el agravante de los datos falsos y la mentira vil y rastrera–. Bien, gracias a este esperpento, hordas de españoles, citándolo como fuente, por todos los medios no bajan a las civilizaciones originarias de bestias salvajes, de ignorantes, de caníbales, que “vivían en la Edad de Piedra”, ya que lo han recibido (es hábil como gitano) en programas de televisión, de radio, podcast, etcétera.

¿Es justo que un oportunista pobre diablo se pase por el arco del triunfo a tótems del tema como el gran Miguel León Portilla (QEPD), el maestro Matos Moctezuma, los arqueólogos Alfredo López Austin, recientemente también ya finado, su hijo Leonardo López Luján y una pléyade de científicos de la historia, mexicanos todos, o extranjeros como el francés Duverger, consagrado toda su vida a investigar acerca de Hernán Cortés y todo el proceso de conquista de lo que hoy es México?

O sea, que años y años de estudio en universidades en México, Europa y Estados Unidos, más años y más años en trabajo de campo, sufriendo las inclemencias del tiempo, ya valen menos que un ser abyecto vaya y se compre un teléfono móvil, una lámpara y un micrófono, me pregunto. Porque si eso es así, el mensaje que se manda a los niños y jóvenes es un: “¿para qué estudio, si luego puedo leer cuatro libros, comprar lámpara, teléfono y micrófono, y tener dinero y fama predicando estiércol, y lo peor (en el caso Zunzunegui), contra el país propio?”.

El presidente Díaz Ordaz y toda la clase política anterior repudiaban la obra del nobel mexicano Octavio Paz, el famoso ensayo El laberinto de la soledad, porque –afirmaban– humillaba a México, a su historia y a los mexicanos, y siendo que tal ensayo no pretendía convertirse en verdad absoluta, como sí hace Zunzunegui con sus aseveraciones antimexicanas. Se atreve a dar cifras exactas en cuanto a, por ejemplo, los sacrificios humanos, afirmando que era “una industria de la muerte”, cuando ni siquiera el INEGI mismo, hoy en día, tiene la capacidad de ofrecer cifras con esa grosera seguridad.

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En fin, creo que todos en México (o la mayoría, que hay unos pocos de cientos de miles de Lilly Téllez y Diego Fernández de Cevallos en potencia) quisiéramos ver alguna sanción al charlatán de marras, que está poniendo a México en el extranjero a nivel de un país con una historia de cavernícolas, bestias ignorantes y caníbales, “en la Edad de Piedra”, lo que no se cansa de repetir.

¿Por qué el gobierno no actúa?, ¿por qué confundir libertad de expresión con libertinaje de expresión?, ¿por qué el Estado se cruza de brazos mientras un país extranjero sobaja nuestra historia y cultura, todo por culpa de un mexicano, hijo por cierto de refugiados españoles republicanos?, ¿se dará cuenta de que sin México y el general Cárdenas, al que no se cansa de humillar y llenarlo de calumnias (lo mismo que con Juárez), él ni siquiera habría nacido?; vaya, la bajeza de ese tipejo no conoce límites y está provocando demasiado daño en cuanto a la percepción que de México, su historia y su cultura se tiene, tanto en México como en el extranjero.

Soy ciudadano español también, pero entre México y España siempre estaré con México, máxime ante una campaña de bajezas, mentiras, infamia y calumnias, y lo más triste, azuzadas por un mexicano sin patria. ¿Hasta cuándo?