En estos tiempos posmodernos de precariedad laboral y autoexplotación (como lo menciona el filósofo Byung-Chul Han), donde los trabajos, curros, chambas, jales o como quieran llamarle se han convertido (los empleos) en un deporte extremo, forzado y forzoso para la clase trabajadora, puesto que, para mi querido proletariado que sigue resistiendo los embates destructores del neoliberalismo y la globalización, ahora enfrenta a un nuevo enemigo: las inteligencias artificiales.

Desde el siglo XX se empezaron a utilizar este tipo de tecnologías relacionadas con las inteligencias artificiales como el machine learning, blockchain, big data o la computación cuántica en diferentes ramas del conocimiento humano y con múltiples funciones y aplicaciones benéficas y no para el ser humano; sin embargo, la realidad es que muy pocos dimensionan el tsunami de desempleo masivo al que llevarán a la humanidad en los próximos años y que hoy solamente vemos la punta del iceberg.

El futurólogo y empresario mexicano y mexiquense Esteban Carrera García ha impulsado en diferentes foros y medios este problema de proporciones bíblicas; no es el único que lo hace, pero sí al que considero más informado y con mayor claridad en lo que nos quiere prevenir a nivel nacional, ya que su causa y sueño no me son ajenos, pero no pretendo ser su vocero ni heraldo de su trabajo. No obstante, concuerdo con su legítima preocupación ante la hecatombe que se avecina a la vuelta de la esquina.

Entonces, y bajo lo antes expuesto, ¿qué debemos hacer como humanidad ante esta encrucijada que oscila entre la paranoia tecnológica y una realidad inminente que al parecer no tiene vuelta atrás? La respuesta no es sencilla. El contexto es complejo y complicado, ya que la tecnología avanza a pasos agigantados cada día, pero nuestra humanidad no camina a la par. La resignación a un final trágico siempre es una opción, pero no es lo que les enseñé a John Connor y al T-850.

La tecnofobia no nos llevará a nada bueno; empero, deberemos aprender (urgentemente) a caminar entre robots y generar mecanismos de protección laboral que garanticen —el uso ético de las nuevas tecnologías—, porque, como bien lo dijo alguna vez Dewey Wilkerson (Dui, el de Malcolm): “El futuro es hoy, ¿oíste viejo?”, y frenar al terminator no será tarea menor, porque dependerá enteramente de la voluntad política y ciudadana para que mínimamente contemos con garantías laborales que no permitan nuestra próxima extinción. ¡Nos leemos pronto!