Saber cómo se encuentra la industria aérea a nivel mundial, es de suma importancia, pues permite un mejor trazo de rutas, fijar metas realistas y lo más relevante, que estas se puedan cumplir.

Por eso aprovecho la más reciente publicación de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), en la que podemos observar claramente cuál fue el desempeño del mercado de pasajeros a nivel mundial.

De manera global, la demanda total anual tuvo un aumento del 5.3% comparado con el 2024, al igual que creció la demanda de asientos en un 5.2% con un factor de ocupación del 83.6%; esto es un incremento de 0.1 puntos porcentuales, lo que se traduce en un récord para el tráfico de pasajeros.

Hablando únicamente a nivel internacional, el aumento fue del 7.1% con respeto a lo obtenido el año pasado, y la capacidad de asientos aumentó en un 6.8%, teniendo un factor ocupacional de 83.5 por ciento. En este caso un incremento del 0.2 puntos porcentuales si lo comparamos con las cifras del año pasado.

Finalmente, la demanda en el caso del mercado nacional tuvo un incremento del 2.4%, en la capacidad de asientos del 2.5%, y un factor de ocupación promedio del 83.7%. Aquí vemos un decrecimiento del -0.1%, si lo comparamos con el 2024 en el mismo periodo.

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En resumen, podemos afirmar que la demanda de transporte de pasajeros vía aérea tuvo un aumento del 5.3%, dentro del mercado internacional este fue del 7.1% y, en el mercado nacional, del 2.4 por ciento. Lo cual nos permite observar que se recupera la aviación después del Covid 19. Sin embargo, la aviación presenta aún dos grandes desafíos por cumplir: uno es la cadena de suministro y el segundo la descarbonización de la industria aeronáutica.

Y en ambos casos, esto se encuentra ligado lamentablemente al gobierno del ente naranja, Donald Trump. En el tema de la cadena de suministro, las constantes guerras y amenazas bélicas, interrumpen precisamente que los fabricantes puedan adquirir los materiales que se requieren para la fabricación de las aeronaves.

En cuanto a la descarbonización de la industria aérea, recordemos que Estados Unidos se salió de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, donde se encuentra el Acuerdo de París. Con su salida se impacta negativamente tanto el desarrollo como la fabricación de combustibles sostenibles y amigables con el medio ambiente, como lo es el SAF (por sus siglas en inglés).

Sin duda, conseguir la meta del programa Cero emisiones de CO2 para el 2050, de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), se ralentizará con la salida de los Estados Unidos de Norteamérica del “Acuerdo de París”. Se había trazado la meta de “reducir las emisiones de CO2 en un 90% por debajo de los niveles de 2019 para 2050 (70 MtCO2), al tiempo que realiza recortes profundos en las emisiones no CO2”. Para lo cual se desarrollaron tres escenarios distintos por parte del Comité de Protección al Medio Ambiente y la Aviación.

La IATA ha sido uno de los organismos internacionales que impulsa la descarbonización dentro del sector, pero ahora esta meta se ve seriamente vulnerada al salirse uno de los países que mayor aviación tiene a nivel mundial.

Impulsar la descarbonización trae fuertes beneficios para la industria aérea en el largo plazo; pensando que esta industria aporta económicamente a las diversas economías de los países en el orbe, se deben seguir buscando políticas que fomenten tanto el desarrollo como la fabricación del SAF, entre otras energías verdes.

Willie Walsh, director general de la IATA, ha manifestado:

“[…] los desafíos de la cadena de suministro, fue el mayor problema para las aerolíneas en 2025. La gente claramente quería viajar más, pero las aerolíneas se veían continuamente decepcionadas por los plazos de entrega poco fiables de nuevas aeronaves y motores, las limitaciones de capacidad de mantenimiento y los consiguientes aumentos de costes que se estima que superan los 11,000 millones de dólares.

“Las aerolíneas se esforzaron por satisfacer la demanda manteniendo los aviones en servicio durante más tiempo y ocupando más asientos en cada vuelo. Con factores de ocupación apenas por debajo del 84%, es evidente.

“Estas medidas fueron un parche eficaz, pero necesitamos una solución real. Es vital que 2025 sea el punto más bajo de la crisis de la cadena de suministro, y que 2026 marque una recuperación. Cada nuevo avión significa una flota más silenciosa y limpia, con más capacidad y opciones de vuelo que en cualquier otro momento de la historia, que es lo que las aerolíneas y sus clientes desean ver…”

Willie Walsh, director general de la IATA.

En otras palabras, está refiriendo que no se cuenta con tantos aviones como la demanda lo solicita, por tanto, el crecimiento de la industria se ve frenado. Esta puntualización y advertencia es muy importante, por una razón lógica: se requieren de las aeronaves para transportar pasajeros.

Por eso hay que ser cuidadosos cuando se habla de que “no se cumple con lo prometido”. Por ejemplo, en el caso de la aviación mexicana, donde un grupo de expertos se queja de las metas no logradas, pero no toma en cuenta la escasez de aviones que existe a nivel mundial, que obliga a las aerolíneas a frenar sus planes de expansión, pues hay menos tráfico de pasajeros del previamente planeado.

Nadie lo duda, son muchísimos los retos que la industria aérea tiene que sortear, y para opinar, hay que tener todos los datos que interfieren con el normal desarrollo de la aviación.

Como en este caso, dos frenos importantísimos, por un lado la salida de los Estados Unidos del Acuerdo de París, lo que frenará el uso del SAF, y por otro la cadena de suministro, que ralentiza la fabricación, y por consiguiente la entrega de nuevos aviones a las líneas aéreas.

Esto nos sirve para saber y entender, que aunque se tiene una importante demanda de vuelos a nivel global, en realidad no existe la suficiente capacidad aérea para poder satisfacerla adecuadamente.