“Un poema quebrado,

como un tronco partido por un rayo,

como un tallo roto

por el propio delirio de la flor que sostiene,

exhibe de pronto en el lugar de su ruptura

algo que se parece a un regreso.

La vergüenza de amar sólo lo múltiple

va convirtiendo al amor en locura,

en un sol que se desplaza de improviso

a la vereda de enfrente”.

ROBERTO JUARROZ

Delirante es la palabra que primero se me vino a la cabeza. Preocupante, después. Particularmente para una democracia que se encontraba en ciernes y a la que ya no se le permitió madurar.

Hablo del verbo en pasado. Además, lo conjugo dentro de lo que Federico Berrueto ha llamado aquí en SDPnoticias ‘El espejismo del cuarto año’. Mas lo hago desde un punto de vista que dicho columnista no aborda: el cuarto año —dentro del régimen presidencial mexicano— más que “sensación de poder pleno a quien lo detenta” es realización de fracasos (ocurridos y por ocurrir). ¿La consecuencia de lo anterior? Que comúnmente resulta en momento propicio para la radicalización. Y eso es precisamente lo que estamos padeciendo.

De esta manera, más que un aviso, nos encontramos frente a frente con una amenaza proferida por el titular de la UIF de Hacienda. Pablo Gómez, erigido en Tribunal Electoral y en SCJN a la vez, hablando de sancionar a quienes no votaron en la consulta de revocación de mandato presidencial.

Confundiendo el Día de los Santos Inocentes con Jueves Santo. Aventurando en Twitter una confabulación en contra del INE (una más) al decir que es culpa del Instituto no haber informado a la ciudadanía de nuestra obligación de votar en la consulta popular.

Para variar, una lectura por encima de la ley. O una muy particular forma de trastocarla, deformarla y desdeñarla. Empezando porque su primer tuit al respecto ni siquiera tenía claro el artículo constitucional al que quería referirse. Continuando con que, si bien a partir del 2012 constituye una obligación votar en nuestro país (Art. 36, fracción III), no existe sanción por no hacerlo. El funcionario trata de cambiar la ley y, ya que eso no es posible, la interpreta.

En la radicalización siempre es la desesperación la que se asoma. Tal vez porque Pablo Gómez sigue sin dar crédito que perdió su curul el año pasado. Quizá porque busca desprestigiar al INE.

Nótese su posicionamiento en estos momentos. No se cubrió con el mismo manto en años pasados; en la consulta popular para juzgar a expresidentes guardó un sepulcral silencio.

El hoy exdiputado federal por Morena, en lugar de culpar al INE, debería hacer un ejercicio de retrospectiva —algo casi imposible para la 4T—. Tratar de entender el porqué la ciudadanía no acudió a votar. Hecho que lleva, por cierto, a que el presidente AMLO no tenga control absoluto sobre el proceso sucesorio y que ‘las estrellas NO se alinean a partir de la expectativa del ungimiento en un proceso sucesorio’…

Conforme al INE, 16 millones 503 mil 636 ciudadanos de los 92,823,216 que se encuentran en la lista nominal salieron a votar el domingo pasado. Y lo absurdo saca la cabeza cuando Pablo Gómez amedrenta a 76 millones de ciudadanos.

Más importante: su interpretación de la ley pone en sobre aviso a más de uno. La 4T abandona cada vez más su maquillaje democrático. ‘La legalidad en el desempeño’ deja de ser el límite al que se somete el gobierno y quienes lo integran.

En el caso particular de Gómez, olvida también su responsabilidad como funcionario público. Detentar el poder conlleva una responsabilidad adicional en momentos de debilidad: hay que saber remontar, pero también es necesario saber perder.

El no hacerlo e insistir en el delirio no ayuda ni al país ni a la herencia histórica a partir de la cual se desea ser recordado.

Verónica Malo en Twitter: @maloguzmanvero