La semana pasada, específicamente el miércoles, supimos que Cuauhtémoc Cárdenas falleció. Es, sin duda, una de las noticias que enlutó al pueblo de México por la relevancia histórica de uno de los personajes cruciales en la lucha democrática del país. Su mensaje, sus discursos y su capacidad de oratoria quedarán impresos. Él, por ejemplo, sembró la semilla de la esperanza de que una alternancia desde la izquierda era posible. Después de haber gobernado Michoacán, uno de los puntos más trascendentales del movimiento popular, estaba listo para escalar a la tribuna más alta: la presidencia de la República. Supo, desde el inicio, formar un grupo disidente dentro de las filas de un PRI que, en ese momento, no democratizaba sus mecanismos de elección y, como era costumbre, los designios del poder terminaban por imponerse. Precisamente por ello, siempre partidario de la pluralidad, la estructura que formó Cuauhtémoc Cárdenas fue el paso decisivo para sentar las bases de una izquierda combativa.

En los últimos lustros de su vida, forzado a tomar una decisión, renunció a las filas del Partido de la Revolución Democrática. Fue una decisión atinada e inteligente, pues el PRD, recuerdo, estaba infectado por la avanzada neoliberal. Antes de que eso sucediera, con un puñado de liderazgos, encabezó un frente sólido para competir por la presidencia de la República al otrora todopoderoso PRI. No fue solo un participante que engrosó las boletas, sino un protagonista que, por las condiciones sociales que predominaban, no llegó al poder porque la principal peculiaridad del priismo, hasta estos tiempos, es la imposición, el fraude y la corrupción. En 1988, se puede decir que fue el presidente legítimo que se proclamó vencedor en las urnas. Sin embargo, el PRI, con el poder en las manos en aquel entonces, logró su cometido de ganar a como diera lugar, pues controlaba las instituciones, los medios de comunicación y, mayormente, el órgano electoral.

Esa elección, por su descaro, fue una de las que contribuyó al desmoronamiento del PRI. A pesar del camino sinuoso que tuvo que transitar Cuauhtémoc Cárdenas, se construyó un trabajo social que se incentivó por causas como esa. Un común denominador sustancial fue el camino que abrió Cárdenas para formar una oposición que no solo se prolongara en la sociedad, sino también en las expresiones sindicales, magisteriales, obreras y campesinas. La poderosa razón de ello, que perturbó la democracia, fue el lastre del partido en el poder dentro de la nomenclatura del PRI. Fueron momentos decisivos porque la población se organizó y levantó la voz. Por eso su influencia es tan preponderante, dada la responsabilidad social que heredaba del general Lázaro Cárdenas del Río. Una de las encomiendas intrínsecas, efectivamente, era servir al pueblo y atender la demanda colectiva. Por eso ocupó siempre un lugar privilegiado.

Uno de esos recuerdos, acompañado de varias circunstancias, fue la elección de 1988, en la que desafió al todopoderoso PRI. Poco tiempo después, como respuesta de masas, nació el PRD. Esa enorme agitación social confirmó que la lucha por la democracia —siempre y cuando no se abandone— trae esperanza. Ya todos sabemos lo que pasó con el finado PRD. Más allá de eso, siendo la sociedad el vehículo de participación, quedó demostrado que el espíritu combativo genera inercia. Sin Cárdenas no hubiese sido posible la transición de poderes. Él, con su legado, contagió a muchos precursores de este proceso de transformación. Eso, a la postre, se convirtió en una responsabilidad social que cargaron hombres y mujeres dispuestos a entregarse al máximo para que el cambio fuese posible.

A cada rato, por ejemplo, veíamos cómo visitaban al ingeniero Cárdenas. Eso se mostraba claramente en las fotografías y portadas que circulaban en los medios de comunicación. Además de ser un líder, Cuauhtémoc fue un ideólogo de la izquierda y una pieza crucial del engranaje progresista. Así lo han relatado los acontecimientos y, de paso, todos aquellos referentes que lo rodearon. Precisamente hace unos días, luego de anunciarse el fallecimiento, las redes sociales se tapizaron de mensajes de apoyo para los familiares, pero también de reconocimientos a quien rompió el cerco en aquel histórico 1988, cuando se postuló como contrapeso del régimen priista. Con el paso de esas circunstancias, que contagiaron a muchos con su visión, vimos las muestras de cariño del expresidente López Obrador, así como de Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y muchos otros actores de la clase política.

De igual forma, predominó el mensaje de aliento y los gestos de apoyo de los gobernadores emanados de Morena. Rápidamente, luego de trascender la noticia, Delfina Gómez, Alejandro Armenta, Javier May, Alfonso Durazo, Miguel Ángel Navarro, Rocío Nahle, Eduardo Ramírez Aguilar, Margarita González Sarabia, Alfredo Ramírez Bedolla, Víctor Castro, Marina del Pilar y Evelyn Salgado se solidarizaron con la familia Cárdenas. Otros que también lo hicieron, si hablamos de protagonistas de la transformación, fueron los coordinadores de la defensa del voto: Gino Segura, Ana Lilia Rivera, Imelda Castro, Beatriz Mojica, Santiago Nieto, Cruz Pérez, Verónica Díaz, Rosi Bayardo y Julieta Ramírez.