Es importante poner en relieve el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum en el 109 aniversario de la Constitución de 1917, el pasado jueves en Querétaro porque dejó en claro con meridiana precisión el enfoque que guía el proyecto de la Cuarta Transformación, en el entendido de que de la historia podemos extraer lecciones para orientarnos en las coyunturas del presente y escenarios previsibles.

En breve, este enfoque sostiene que la historia es dialéctica y que la independencia, reforma, revolución y la actual transformación en curso corresponden a expresiones populares que demandan reivindicación social y reponer los equilibrios rotos por la irrupción modernizante y excluyente que las procedió.

Primero, las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, la Constitución de Cádiz de 1812 y el Imperio de Iturbide y su Reglamento de 1823, confrontadas por el bando de Hidalgo de 1810, Constitución de Morelos de 1814, Acta de la Federación y Constitución de 1824.

Segundo, las constituciones centralistas y conservadoras de 1836 y 1843, la dictadura de Santa Anna de 1852, y frente a ellas, la reposición de la Constitución de 1824 mediante el Acta de Reformas de 1847, las leyes de Reforma y la Constitución de 1857. A su vez, frente a esta, el Plan de Tacubaya que la sustituía y el Reglamento del Imperio de Maximiliano de 1865, a lo cual se respondió con el texto de 1857 y la República Restaurada con las reformas y normatividad entre 1867 y 1874.

Tercero, las reformas constitucionales y la abundante normatividad progresiva del largo periodo del Porfiriato con efectos devastadores sobre la mayoría de la población que respondió mediante las propuestas de rebalance político y social de Francisco I. Madero, los Flores Magón, Emiliano Zapata, la Convención de Aguascalientes y, desde luego, la Constitución de 1917 y los derechos sociales desarrollados en las décadas subsecuentes.

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Cuarto, las centenas de reformas constitucionales y la apertura radical de la economía mexicana, acompañada de la transición democrática electoral, que entre 1982, enfatizadas entre 1991 y 2014, instituyó sin congreso constituyente un modelo jurídico nacional en sentido neoliberal, y, en contrario, las numerosas reformas constitucionales que pretenden, desde 2019 en adelante, desmontar dicho modelo y reconstituir el sentido social original del texto aún vigente de 1917.

Ahora bien, en cada una de las anteriores tres transformaciones es claro que las estrategias, y luchas sociales y políticas entre actores y grupos hicieron de sus respectivos presentes una arena de batallas encarnizadas, incluso entre los propios transformadores, y que en todas el factor internacional y estadounidense fue relevante.

Hoy, como ayer, la serenidad, sabiduría, la firmeza del liderazgo y el compromiso de las fuerzas sociales y políticas que respaldan la transformación deben tomar nota de las enseñanzas de la historia para que el proceso actual rinda sus mejores frutos y no caiga en el pantano de la frustración.