Mientras aumenta el desempleo, las adicciones, la violencia y las personas que caen en la quiebra en Estados Unidos, el líder del régimen, Donald Trump, hace caso de aquella máxima del escritor británico derechista Eric Arthur Blair, alias George Orwell: “La guerra es la paz”.

Atacando al mismo tiempo a sus vecinos, Canadá, México y Groenlandia, ahora la hybris de un Trump cada vez en menos posesión de sus facultades se lanza con una andanada de nuevos aranceles contra los países de la Unión Europea por oponer una resistencia risible al intento de invasión del todavía territorio danés (el Reino Unido mandó ¡un militar! Increíble y patético).

Mientras las calles de Minnesota arden, se normalizan los “levantones” de los miembros neofascistas de ICE (se ha encontrado parafernalia de la Alemania nazi en algunos de sus vehículos) a ciudadanos, adolescentes, niños y nativos americanos, que tienen más derecho a habitar su propia tierra, tierra robada, que esta gestapo trumpista de origen europeo.

Mientras la economía estadounidense se va a pique, aumenta la inflación, la carestía y el costo de vida, Trump y sus allegados (Rubio, Hegseth, Miller) aprietan las tuercas y apuestan a la violencia. Quizás a decretar estado de excepción y hasta cancelar las elecciones.

¿Descabellado? Quizás hace un año. Pero ahora, podría ser. Mientras haya guerra, habría cierta pax bellum en el régimen trumpista. Y mientras la ciudadanía estadounidense no proteste de forma masiva contra ICE, contra Trump y contra las medidas de su gobierno, este tsunami autoritario seguirá llevándolos como ovejas dóciles al matadero.