Durante mucho tiempo quisieron vendernos una imagen sanitizada de “Gestados Unidos” como el gran faro de la democracia en medio del salvajismo del mundo del sur global.
Según ellos, mientras el resto del mundo se trataba de “agujeros de mierda” con dictaduras, fraudes electorales y censura, ellos eran la excepción.
Sin embargo, no hay potencia que aguante el uno-dos de ineptitud de Trump-Biden-Trump. En menos de una década, el montaje se derrumbó y ahora presenciamos nada más los restos de una macabra puesta en escena.
Trump condicionó explícitamente un apoyo de 5 mil dólares a que los republicanos ganen el Congreso, es decir, cómo en los mejores (peores) tiempos del PRI, se trata de un pago directo a cambio del voto. ¿Cuál democracia?
La promesa carece, por supuesto de sustento legal, presupuestario y operativo. Trump no dijo de dónde saldría el dinero ni cómo se repartiría. Y esta farsa pasó antes: el dividendo del DOGE de Elon Musk, otro gran destructor del tejido social estadounidense, nunca llegó y los cheques de dos mil dólares por concepto de “tarifas”, tampoco.
A estas alturas, prometer dinero para movilizar votos y luego no cumplir es la “estrategia” electoral de un Trump cada vez más desesperado, con crisis simultáneas dentro y fuera de su territorio y vergonzosas derrotas militares en Irán, Yemen y Ucrania. Pobres de los estadounidenses si se vuelven a tragar enterita esa farsa.
