Decisiones incómodas que redefinen a un país
Cuando la historia pone a prueba a una nación, no suele hacerlo con matices suaves. Lo hace con crisis profundas. Así ocurrió en el Reino Unido durante los años finales de la Guerra Fría. En medio de recesión económica, tensiones sindicales y pérdida de competitividad global, la entonces primera ministra Margaret Thatcher tomó decisiones duras, polémicas y profundamente estratégicas.
Sus políticas no fueron populares para todos. Hubo resistencia, protestas y fracturas. Pero su lógica era clara: el Estado debía recuperar control, enviar señales firmes de autoridad y redefinir el rumbo económico. Thatcher entendió que, en momentos críticos, gobernar no es administrar inercias, sino alterar el equilibrio.
Salvando las diferencias históricas y contextuales, México enfrenta hoy un desafío estructural distinto pero igualmente determinante: la seguridad. El combate frontal al crimen organizado no es solo un asunto policial, sino una definición de autoridad del Estado. En ese marco, la decisión tomada por el gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum de capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, representa algo más que una detención: es un mensaje político.
Así como Thatcher envió señales contundentes hacia dentro y hacia fuera sobre quién ejercía el control en el Reino Unido, una acción de esta magnitud en México implicaría redefinir el equilibrio entre Estado y crimen organizado. No se trata únicamente del individuo detenido, sino del simbolismo institucional: demostrar que ninguna estructura criminal está por encima del Estado.
Hay momentos donde la gobernabilidad exige decisiones que reconfiguran narrativas: de vulnerabilidad a autoridad; de dispersión a centralidad.
Claro está, una captura no resuelve por sí sola un problema sistémico. Así como las reformas británicas tardaron años en consolidarse y generaron costos sociales importantes, el combate al crimen requiere consistencia, inteligencia financiera, coordinación institucional y legitimidad social. Sin estrategia integral, el golpe simbólico se diluye.
Pero en política, los símbolos importan. Marcan puntos de inflexión. Y cuando una jefa de Estado decide actuar contra una figura considerada intocable durante años, el mensaje trasciende lo operativo: es una declaración de intención sobre el rumbo del país.
La historia juzga a los liderazgos no por la comodidad de sus decisiones, sino por su capacidad de asumir el costo de tomarlas.


