Jorge G. Castañeda ha perdido gran parte de su audiencia. Su presencia en televisión ahora es prácticamente nula y se le escucha muy poco en la radio.
Sus columnas en El Universal pasan desapercibidas debido al muro de pago del diario, razón por la cual la inmensa mayoría de sus lectores lo ha abandonado.
A Castañeda tampoco se le lee en Nexos porque esta revista, que nació con un perfil supuestamente progresista, debido a su abierta confrontación con los dos gobiernos de la 4T terminó por alejar al público de izquierda; mientras tanto, la gente de derecha no ha terminado de aceptar una publicación cuyo estilo es tan presuntuosamente intelectualoide que espanta a las clases conservadoras, siempre alérgicas a lo demasiado cultural.
Jorge Castañeda colabora de vez en cuando en medios de Estados Unidos, lo que no es suficiente para recuperar la influencia perdida en México.
Yo sí me ocupo de los artículos de Castañeda. Me los envía por WhatsApp, los abro —con muchas dificultades las fotos de sus textos en El Universal—, los analizo y, con cierta frecuencia, los comento aquí.
Hoy difundió una columna en El Universal sobre el operativo contra Nemesio el Mencho Oseguera. Sin querer queriendo, el Güero Castañeda, enemigo de la 4T, dio la clave para entender la diferencia entre un gobierno incompetente, inmoral y probablemente —muy probablemente— cómplice del narco, el de Felipe Calderón, y una administración eficiente, nacionalista y con un enorme sentido de la responsabilidad, la de Claudia Sheinbaum.
Cito a Jorge Castañeda:
“Existen muchas formas de compartir información entre dos gobiernos. En el famoso cable de Wikileaks del 17 de diciembre de 2009, Carlos Pascual, el entonces embajador de Estados Unidos en México, informó a sus superiores de las dificultades de tener de socios a las fuerzas armadas mexicanas. Cada vez que se le comunicaba algo al Ejército, a la Marina o a la Policía Federal, el primero se desentendía por ‘risk aversion’, la segunda mataba a todo el mundo, y la tercera avisaba a los narcos del golpe inminente. Tuvo que irse de México —por presiones de Calderón— cuando el cable se hizo público, pero su destierro no invalida sus reflexiones”.
Compararé enseguida a las instituciones armadas de la 4T con aquel Ejército casi miedoso (el de risk aversion) de los tiempos de Calderón; con la Marina casi genocida (“mataba a todo el mundo”) del sexenio de la fallida guerra contra el narcotráfico, y con la Policía Federal cómplice de la mafia (“avisaba a los narcos del golpe inminente”) comandada por Genaro García Luna.
Las instituciones de seguridad en México han pasado por una transformación profunda desde que la izquierda llegó a la presidencia. Ha sido para bien.
1. Del Ejército con aversión al riesgo al Ejército valiente y de resultados
El embajador Pascual afirmaba que el Ejército del sexenio de Calderón se desentendía de las misiones por miedo o precaución excesiva (risk aversion). En el Ejército actual, el de la comandanta suprema Claudia Sheinbaum —dirigido por el general Ricardo Trevilla—, se ha visto una capacidad de inteligencia y ejecución quirúrgica mucho mayor, particularmente porque en vez de paralizarse por el riesgo, este se calcula sin temores excesivos y, en el terreno, se domina antes de actuar. El operativo para capturar al Mencho lo demuestra.
2. De la Marina de mano dura contraria a los derechos humanos a la Marina en un proceso de purificación
El cable de 2009 acusaba a la Marina de Calderón de “matar a todo el mundo”. Fueron tiempos de un uso desproporcionado de la fuerza que a menudo terminaba en ejecuciones extrajudiciales. El poeta Javier Sicilia denunció que la guerra contra el narco era un genocidio.
Hoy, la Secretaría de Marina atraviesa un proceso de saneamiento interno. La propia dependencia ha aceptado públicamente la necesidad de limpiarse tras escándalos como el de las redes de huachicol detectadas en sus filas. Esta etapa de purificación busca transitar de una fuerza cuestionada por sus métodos letales a una institución que prioriza la legalidad y la ética, manteniendo su eficacia pero bajo una vigilancia interna mucho más estricta.
El pasado 16 de septiembre, el secretario almirante, Raymundo Morales, dijo con firmeza: “Pusimos ante la ley, ante la conciencia y el escrutinio de las y los mexicanos actos reprobables que no nos definen como institución, sino que podían enquistarse. Fue muy duro aceptarlo, pero hubiera sido mucho más y absolutamente imperdonable callarlo. Fuimos nosotros mismos quienes dimos el golpe de timón”. Esto es extraordinario.
3. De la Policía Federal cómplice del narco a la Guardia Nacional patriota
El embajador Pascual señalaba que la Policía Federal —cuyo jefe máximo era García Luna— filtraba información a los narcos.
AMLO y sus dos titulares de seguridad, Alfonso Durazo y Rosa Icela Rodríguez, cargaron con la dura responsabilidad de borrar para siempre a la corrupta Policía Federal para crear la Guardia Nacional.
Coordinada por el actual secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, la Guardia Nacional, con una formación más cercana a la disciplina militar y un enfoque en la soberanía —sin descuidar la técnica policiaca—, ha mostrado un comportamiento más profesional y mucho más patriota. El éxito en operativos recientes demuestra que el flujo de información ahora es más seguro, permitiendo capturas que antes se frustraban por los pitazos de los agentes de García Luna.
Conclusión
Si Jorge Castañeda quería, como muchos de sus amigos en los medios, decir que Claudia Sheinbaum hace lo mismo que Felipe Calderón, en realidad ha demostrado que hay diferencias notables entre una presidenta valiente y honesta, que no admite deslealtades ni complicidades, y un gobernante espurio —se robó las elecciones— que permitió se pervirtieran las fuerzas armadas bajo su mando.


