I. La envidia y la botella

Silvestre Revueltas falleció en 1940; Carlos Chávez en 1978. Nacidos en 1899, el segundo sobrevivió casi cuatro décadas al primero. Ya en vida de ambos, durante el tiempo transcurrido hasta la muerte de Chávez y aún después de ella, en una combinación de mala intención, intereses creados, ignorancia y elecciones ideológicas básicas, se alimentaron al menos dos ideas relacionadas a una supuesta rivalidad entre los dos compositores y, más aún, al daño que de manera deliberada Chávez habría infligido a Revueltas: el genio de este y la envidia de aquel por ese genio.

Y de acuerdo a esta visión que ha dominado en el medio de la música mexicana, ¿cómo combatió Carlos a Silvestre?: avivando su latente alcoholismo y arrebatándole posibilidades artísticas. “He llegado a oír incluso que usted lo obligaba a beber porque le tenía envidia, porque pensaba que era mejor compositor”, le dice el músico y crítico musical José Antonio Alcaraz a Carlos Chávez durante una entrevista en Nueva York, en 1976. Esto que registra Alcaraz en la revista Proceso, el 7 de agosto de 1978, y recoge en su libro Carlos Chávez. Un constante renacer (INBA; 1996), lo escuché hace años y continúo escuchándolo de músicos y maestros de las instituciones musicales y culturales de México, llámese Facultad de Música de la UNAM, Conservatorio Nacional de Música, INBA o las distintas agrupaciones musicales. Me fue dicho antes de conocer a Alcaraz y tener amistad con él, derivada precisamente de la lectura de su libro: que Chávez incluso le enviaba botellas de alcohol a Revueltas cuando tenía que tocar, dirigir o componer; ¡para que fallara! Y esa maldad nacía precisamente de la envidia pura. Cuando escuchaba tales acusaciones, me parecía que había una perversidad en quien las profería, pues ya había tomado partido por una de las “causas”, la de Silvestre y lo que ello quería significar: pobreza contra riqueza, izquierda contra derecha, genio contra voluntarismo, debilidad contra privilegio, independencia contra poder, etcétera.

Por otro lado, ese acusador dejaba de lado sin chistar que el alcoholismo era un problema de fondo en la familia, tal como lo ha afirmado una de las hermanas menores de los Revueltas, que ha relatado cómo la madre de la familia se angustiaba por esa propensión al alcohol entre sus hijos.

El compositor Eduardo Hernández Moncada, contemporáneo de esos dos fuegos, amigo de Silvestre y leal colaborador de Carlos, da también su testimonio sobre la idea del vicio inducido y la atribuye a la ignorancia o la mala intención de gente que rodeaba a los dos compositores (citado por Luis Ignacio Helguera en “Fábula del dictador y el bohemio”; buen ensayo en Letras Libres, julio de 1999). Y el propio Chávez argumenta a Alcaraz que le molestaba ese hábito y que él trató hasta donde pudo “apartarlo de la bebida… Y debo decir que aunque sí… tomaba, cuando tenía que ser solista, especialmente, lo hacía de forma moderada”.

Y en el “Testimonio de Carlos Chávez sobre Silvestre Revueltas”, publicado por Alcaraz a exigencia de Chávez después de su muerte, habla de la última vez que se encontraron un 9 de enero de 1940, en una suerte de reconciliación después de la ruptura que se había producido en 1935. “La última vez que nos vimos. En el lugar más embarazoso que pueda imaginarse: en el baño. Fue el día del estreno de La madrugada del panadero, de Rodolfo (Halffter). Yo salía y él entraba. Era en el Teatro Fábregas. Estaba tomado, caminaba bamboleándose. Cuando me vio abrió los brazos y me dio un abrazo. Me dijo: ‘¡Me he portado como un cabrón contigo!’. Soy un hijo de la chingada. Pero te quiero mucho. Te voy a buscar. Vamos a vernos’. Lo abracé conmovido y créame que no le tenía ningún rencor: en mí nunca hubo hacia él sino ríos de cariño”. Silvestre moriría meses más tardes; y ni siquiera víctima del alcohol propiamente, sino a causa de una pulmonía.

Chávez (2) y Revueltas (5) con Aaron Copland (3)

II. Amistad, colaboración y ruptura

La relación entre los dos músicos mexicanos más importantes inició en 1924. Revueltas trabajaba en un cine en Chicago y se encontraba de vacaciones en México cuando el músico Ricardo Ortega lo presentó con Chávez. Empezaron una “relación de afecto y comunicación”, contesta Chávez a Alcaraz. A Carlos, Silvestre le pareció de enorme simpatía y un gran violinista.

Cuando Chávez fue nombrado director del Conservatorio en 1928 y fundó la Orquesta Sinfónica de México (OSM) el mismo año, trajo de Alabama a Revueltas, ofreciéndole tres trabajos: subdirector de la Sinfónica, profesor de violín en el Conservatorio y director titular de la orquesta de esta institución. Por otro lado, tocaría como solista y dirigiría sustituyendo al titular de la OSM, Chávez. Quien a su vez comisionó obras para estreno al recién llegado de Estados Unidos. Y aquí una pregunta pertinente de Roberto Kolb, oboísta y musicólogo, ¿se habría desarrollado Revueltas como compositor si se hubiera quedado en Estados Unidos? En México tuvo a su disposición dos orquestas, ingresos fijos, obras comisionadas.

Así, la amistad y la colaboración van de 1924 a 1935. Revueltas estrena y dirige obras de Chávez y viceversa. Sólo entre amigos se puede confiar en una relación artística de esa naturaleza, menciona Kolb durante la presentación del disco Carlos Chávez y Silvestre Revueltas Únicos, en la Fonoteca Nacional, el pasado 30 de agosto.

La ruptura vino en 1935, cuando “apareció la figura nefasta de Estanislao Mejía”, dice Chávez. Compositor, fundador de la Escuela Nacional de Música de la UNAM y quien sustituyó a Chávez en la dirección del Conservatorio en 1934. Músico de una generación anterior, nacido y formado en el Porfiriato. Chávez lo consideraba parte de “los viejitos” –así les llamaba, según registra Alcaraz-, pues tenían estilos de composición ya caducos en la segunda y tercera década del siglo XX; tanto desde el punto de vista estético como ideológico. Hay que recordar que Chávez es una figura impulsada por José Vasconcelos desde la fundación de la secretaría de Educación Pública, en 1921.

De hecho, Carlos y Silvestre, “combaten” con su enseñanza y su obra a los maestros “viejitos”, pues encuentran en su formación y en su vena artística (mexicana contemporánea; nacional mas no necesariamente nacionalista o folclorista), su originalidad. Elementos que ha explorado Aurelio Tello en “Los vínculos, o no vínculos, de Revueltas y Chávez con América Latina: premisas para futuras investigaciones” (se encuentra en Bitrán y Ricardo Miranda, eds., Diálogo de resplandores: Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, México, Conaculta, 2002: 193-213). Y Chávez, desde la enseñanza y las instituciones, irá contra los conceptos de los compositores anquilosados impulsando a jóvenes como, además del propio Revueltas, Pablo Moncayo, Blas Galindo, Daniel Ayala, Salvador Contreras, Eduardo Mata, Mario Lavista.

Pero no tenemos por qué no escuchar algo de Estanislao Mejía (1882-1967); “La vi partir”:

Y aunque no el trabajo artístico individual, la amistad y la colaboración se rompieron, pues el grupo de “los viejitos”, desde el Conservatorio, “le lavaron el cerebro a Silvestre”, le dieron trato de genio y hablaron de la envidia de Carlos, “se dedicaron a adular a Silvestre, a decirle que era un genio y que yo lo odiaba. Lo invitaban seguido y con ellos bebía” (después le darían la espalda, al fracasar un proyecto de orquesta, mas seguirían estos “viejitos” minando a Chávez). Ahí quizá comenzó la leyenda de la rivalidad, el mito de la envidia vindicada por el alcohol que llega hasta el día de hoy.

Sesión de Escucha

III. Carlos y Silvestre reunidos

Las palabras anteriores vienen a cuento porque el pasado 30 de agosto se presentó en la Fonoteca Nacional, dirigida por Pavel Pardo, el disco Carlos Chávez y Silvestre Revueltas Únicos, con la intención de reunir a un par de amigos que tuvieron una extraordinaria etapa de amistad y colaboración entre 1924 y 1935 (el disco aborda 1930-35). A la vez, un producto artístico y estético que procura, con evidencias históricas, la desmitificación de la rivalidad entre los dos compositores. Rivalidad alimentada tanto por la perversidad como la ignorancia.

El disco contiene, entre otras piezas, Prometheus, Pirámide y Sinfonía H.P., de Carlos Chávez, y Horas de junio (en voz de Carlos Pellicer), Himno ferrocarrilero, Fanfarria y canto de guerra y La coronela, de Silvestre Revueltas.

La presentación estuvo a cargo de Pardo; Theo Hernández, investigador del Catálogo de Música de Concierto de la Fonoteca Nacional; Eugenia Revueltas hija menor de Silvestre, con una inteligente y vívida presentación; y excelentes comentarios históricos y acotaciones estéticas y artísticas a cargo de Roberto Kolb.

Este disco es un testimonio histórico artístico y estético, pero también un registro objetivo de la amistad y colaboración entre Carlos y Silvestre. Kolb agrega con humor sobre el humor y la ironía de los compositores en cuestión, de su nivel de confianza de llegar incluso a burlarse, de bromear el uno con el otro a partir de la música misma. Así, Chávez ironiza el estilo de Revueltas en Cantos para México, y este ironiza el de su amigo en Cuauhnáhuac.

Ambos artistas son hoy reconocidos por su obra y sus ideas. Fueron rupturistas de la música de su tiempo y composiciones de los dos son interpretadas a nivel internacional. Aunque marcadamente las de Silvestre, hay que decirlo, lo cual es de un mérito enorme dada su prematura muerte. Y como ha dicho Leonard Bernstein, Revueltas fue un verdadero artista que murió trágicamente joven, que de haber sobrevivido habría alcanzado verdadera o una mayor grandeza. Por su parte, Chávez trabajó riguroso y a plena conciencia su obra al tiempo que fue constructor de instituciones culturales trascendentes.

Pero es tiempo de que escuchemos un par de piezas. Una de cada uno de ellos, las más populares quizá, aunque no le parezca a Kolb, quien no sin razón se queja de que falta explorar otras obras; pero ni modo, aquí vamos, a manera de cierre de programa. Dos obras dirigidas por Bernstein con la Filarmónica de Nueva York; una en versión de estudio y otra en vivo:

Sinfonía India, de Carlos Chávez:

Sensemayá, de Silvestre Revueltas:

Héctor Palacio en Twitter: @NietzscheAristo