Seguramente usted conoce el dicho: “si pagas con cacahuates, reclutarás monos”. Trabajo mal pagado es igual a trabajador insatisfecho y resultados mediocres. La política salarial tiene inevitablemente un efecto en la calidad del desempeño.

Fue preocupante el anuncio del presidente AMLO el jueves pasado:

“Estoy pensando que le vamos a dar otra vuelta a la tuerca porque hace falta darle más al pueblo y a ver si es posible pasar de la austeridad republicana a una fase superior, que podría llamarse pobreza franciscana, para todos, todos. O sea, que se acaben por completo los lujos, no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Es que se malacostumbraron, se les olvidó de que somos servidores públicos. ¿Para qué se meten al servicio público si lo que quieren es hacer dinero o tener de más? Que participen en el sector privado o que se apliquen en negocios particulares, pero el servicio público es otra cosa”.

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El estereotipo que el presidente AMLO tiene de los servidores públicos resuena ante muchas audiencias:

“Imagínense, un funcionario bajándose de un carro último modelo en una colonia popular o que en un alto se para y va un camión urbano, lleno, con la gente parada y él es servidor público. ¿Qué, no da pena? ¿Qué, no se puede ser austero? ¿Qué no el poder es humildad? Pero si andan con esas ínfulas de superioridad y de fantochería y quieren comer en restaurantes caros y tomar vinos de importación, y vivir muy por encima de como vive la gente, pues que no opten por el servicio público. Nadie está autorizado a… como decía el poeta, nadie tiene el derecho a lo superfluo mientras existan seres humanos que carecen hasta de lo más indispensable; eso es parafraseando a Díaz Mirón”.

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Parecería que el líder del gobierno de la 4T inició una nueva guerra contra su propia burocracia. La burocracia es un blanco fácil. Sin embargo, la burocracia no es mala por naturaleza. Una burocracia mal pagada no está diseñada para tomar las mejores decisiones. Todos quisiéramos que fuera más efectiva en lo que hace, o debería hacer. Pero no podríamos esperar un pensamiento deliberativo, reflexivo, innovador de una burocracia mal pagada.

También hemos visto en los últimos cuatro años que la burocracia mexicana tiene propósitos cruzados. Hay múltiples grupos, dentro del gobierno, que no están de acuerdo sobre la conveniencia de ciertos resultados. Dan vueltas y vueltas a los papeles. Luego la decisión real sube a un servidor público que no entiende el tema en absoluto.

La burocracia puede ser refinada con agilidad y con un marco estratégico. Sí se puede. Aunque estemos desesperados al presenciar la desarticulación y destrucción del aparato del gobierno, no podemos darnos por vencidos. Si queremos tener una burocracia eficiente y eficaz, se deben mejorar sus ingresos. Y controlar las exigencias que se le imponen, su tamaño, obligarlos a priorizar, a actuar con velocidad, agilidad, destreza, con menos filtros para procesar las decisiones y menos personas con poder de veto sobre sus ideas. La autoridad se delega junto con la responsabilidad.

Es absurdo que le quieran dar muerte a la burocracia por inanición. Todos actuarían en el mejor interés de la organización, si conocieran los objetivos y las mejores formas de alcanzarlos. Si no tuvieran que pedir permiso constante, para todo, al jefe supremo. Los servidores púbicos responsables y eficientes actúan ahora e informan después. Explican lo que hicieron después del hecho. Si las cosas salieron bien, se les reconoce. Si las cosas no salieron bien se les reprende. No queremos un sistema administrativo en el que la necesidad de la obediencia ciega o la inclinación a seguir procedimientos rígidos o complejos impida una acción eficaz.

A menudo se asocia a Max Weber con la burocracia, con la administración pública jerárquica, organizada por carreras, basada en competencias y reglas. Weber pensaba que era la forma administrativa óptima, en el sentido de racionalización, para la Alemania de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

En el mundo del gobierno de la 4T, la administración pública weberiana ha sido muy difamada por el mismo presidente AMLO. Pero la necesitamos. Es cierto que tiene sus defectos sistémicos: lentitud, orientación a procesos, una pendiente resbaladiza hacia la jerarquización autoritaria sin sentido y la elusión.

Pero también puede ser una extraordinaria fuerza transformadora si está basada en la ética, en una alta capacidad e impulsada por la motivación. Las respuestas a los grandes retos de México deben ser gestionadas por funcionarios competentes, motivados y bien pagados.

Nadie quiere ver en ruinas a un estado capaz y responsable. Nadie quiere que prospere una ideología antiestatal, ni excesos en la administración. Nadie quiere funcionarios imperiales que no actúen en el interés público. Pero nadie quiere funcionarios incompetentes. Todos queremos un servicio civil responsable, receptivo y el fortalecimiento de la participación ciudadana.

México requiere de funcionarios públicos competentes

México requiere un cuadro de funcionarios públicos competentes y bien motivados que realmente puedan lograr la hazaña de crear valor público, con proyectos de políticas públicas de innovación. El gobierno mexicano requiere una dimensión de estabilidad ágil, una burocracia de innovación. Ninguna política pública se implementa sola. Todas requieren a servidores públicos excepcionales.

El “mandato desde la mañanera” para todos, en todos los niveles, no es el mejor indicador general de desempeño. Tal vez el gobierno de la 4T debería incorporar las tecnologías de la información y la comunicación en las tareas de la administración pública. La gobernanza electrónica y la transformación digital fortalecerían la competencia administrativa y el mejor uso de los recursos estatales.

Si se decide desmantelar la capacidad administrativa, el gobierno de la 4T vislumbrará su fracaso. La calidad de las políticas públicas, las respuestas a las crisis y la memoria institucional siempre se basan en un servicio civil de gran valor y gran capacidad. Vivir en un país con administración pública weberiana, o no, puede ser una cuestión de vida o muerte.

Debemos encontrar una manera de cosechar lo bueno de una burocracia de calidad, precisión, consistencia y previsibilidad. Lo peor que podemos hacer es permitir que se les reduzcan una vez más sus ingresos. La burocracia eficaz es el sistema operativo de prácticamente todas las organizaciones a gran escala del planeta.

Pero parecería que la burocracia de la 4T es similar a la centralización al estilo soviético, atrapada por la ideología del controlismo y la conformidad. Si no están dispuestos a adaptarse y aprender, todo el gobierno se estanca, se paraliza. Con bajos salarios no hay incentivo para soñar, imaginar, construir.

Algunos pueden considerar que la burocracia es mala por ineficiente, porque no es racional, o no tiene objetivos claros, se adhiere a reglas y procesos, ahoga la innovación, fomenta la pasividad, es inhumana, pierde vista al individuo, simplifica en exceso, se olvida de la estrategia y la inspiración, es coercitiva y controladora, es rígida, adora los rituales y es adversa al riesgo.

El reto de la burocracia de AMLO

Pero también hay aspectos buenos de la burocracia. Los buenos burócratas dejan de lado sus propias creencias y prejuicios y proceden únicamente sobre la base de lo que beneficia a la organización. Utilizan criterios estándar para reducir el efecto de los sesgos personales. Hay disciplina, rutinización, eficiencia de procesos y mejora continua. Trae orden ante el tamaño y escala del gobierno. Asegura el cumplimiento. Permite que el gobierno opere en un entorno regulado. Registra procesos formalizados. Busca la transparencia y los resultados racionales. Fortalece la creatividad con reglas. La burocracia es un camino razonable para lograr ciertos tipos de objetivos.

El despilfarro que suele acompañar a la burocracia es el principal mal. Pero eso no se resuelve con la amenaza de bajar el sueldo a los servidores públicos, una vez más. Ojalá que recuerden el dicho: si pagan con cacahuates, reclutarán monos. No habrá creación de valor público.