Ahora que hay muchos temas en los que habrá que tomar decisiones importantes, sin duda, la presidenta de México se ha mantenido en una posición sobria. No es para menos: su tarea es conducir lo mejor posible los destinos del país para seguir afianzándose y posicionándose como una de las naciones de avanzada. De hecho, pausó un poco el proyecto de reforma electoral para dialogar con los partidos aliados que, evidentemente, serán cruciales para aprobar o no el asunto. De ese modo podemos decir que actuó a tiempo para calmar la oleada de especulaciones y las tensiones que, propiamente dicho, son generadas por la prensa que se ha declarado detractora del movimiento de transformación. Más allá de eso, por lo tanto, la mayoría de los mexicanos estamos atentos a los órganos oficiales de información como la propia mañanera.

A través de este nuevo periodo de transformación, por lo tanto, nos guiamos en la información que fluye de esos canales. Este patrón de información ha permitido, entre muchas cosas más, cruzar ideas y perspectivas en la que el gobierno se ha declarado listo para los enormes retos y desafíos que traerá este 2026. Mejor que nadie sabemos que, en definitiva, la renegociación del tratado comercial con el vecino país representa un desafío mayúsculo que, dicho sea de paso, el gobierno de México ha sabido manejar con mucha responsabilidad. En distintos momentos del año que transcurrió, experimentamos la mayor crispación por la amenaza de aumento a los aranceles. Al mismo tiempo, preparada para cualquier escenario, Sheinbaum jamás se impacientó, pese a los tiempos que estableció la administración de Donald Trump. Fueron, en efecto, plazos que se fijaron para revisar a detalle. Hablamos de lapsos de 30 a 90 días de constantes pláticas y negociaciones con el departamento de comercio de Estados Unidos.

Semanas más tarde, con detalles precisos de las pláticas intensas, supimos que el equipo negociador que encabezó la Secretaría de Economía salió literalmente ileso y bien librado. Es verdad, fueron muy pocos productos a los que se les elevó el impuesto; sin embargo, más del 85% de lo que se exporta al vecino país quedó fuera o, dicho sea de paso, son libres de aranceles. Todo eso, que se documentó en los pormenores de las mañaneras, significaron una victoria para México, sobre todo en momentos de tensión. A muchos les sorprendió. En lo personal, me integré a esa mayoría que, pese al clima sofocante que predominó, vimos como Sheinbaum, con cabeza fría y determinación, asumió con mucho compromiso.

Todo eso fue posible, en tanto, por los buenos oficios que demostró la presidenta de México, sobre todo por la posición que adoptó desde el comienzo. Ella, que dio luz verde para reforzar la comunicación con el departamento de comercio, ha entendido a la perfección que todo esto es determinante cuando existe cooperación, pero no sumisión. Inclusive, vale la pena decir que el reforzamiento en temas de seguridad, lo mismo que la presencia de más efectivos en los cruces fronterizos, hablan de que siempre hay voluntad porque hay rubros en los que tenemos intereses en común. Después de todo, el T-MEC, pese a las especulaciones que fluyen en el entorno de EU, es crucial e inherente para ambas naciones.

En lo que respecta a nuestra nación, luego del lanzamiento de proyectos ambiciosos como el Plan México y la puesta en marcha de los Polos de Desarrollo, nos hemos catapultado como un país potencialmente competidor por la calidad de los productos que se elaboran. Eso, desde luego, constituye una enorme ventaja para nosotros porque son áreas de oportunidad que nos ponen en condiciones propicias para alcanzar un acuerdo histórico. Sin mencionar nombres de otras naciones, México va un paso delante de muchos de ellos, especialmente por la gama de productos mexicanos que encuentras en los propios supermercados y tiendas comerciales de EU, eso sí, a precios más accesibles. Eso, por supuesto, nos ha dado un impulso preponderante y, con ello, vemos qué tan fructífero ha sido apuntalar la insignia Hecho en México. Nuestros productos que se exportan, además de que cumplen con los estándares, están bien elaborados. Es verdad, hay ocasiones que no siempre se coincide con el departamento de comercio de Estados Unidos. Ninguna negociación es fácil; sin embargo, la administración de Claudia ha convertido esas tensiones en áreas de oportunidad, esencialmente al actuar con mucha sobriedad, pero sobre todo con cabeza fría y firmeza.

Lo que nos queda, evidentemente, es esperar a que los tiempos lleguen. Nuestra principal apuesta, de madurez y experiencia en estos temas, es contar con el mejor equipo negociador que encabezará la Secretaría de Economía y su titular. Siendo así, mantenemos la esperanza de alcanzar ese momento histórico que presagian ahora que la presidenta mantiene intacta esa sapiencia al optar por el diálogo permanente, tal y como veremos en los meses previos a la cita. Para ese entonces, llegaremos lo mejor preparados posible, eso sí, con la cabeza fría para tomar las mejores decisiones que beneficien al país y sus industrias.