Sabemos que la oposición se apoya en distintos mecanismos perniciosos para atacar al proyecto de transformación. En infinidad de veces, por ejemplo, hemos desnudado la cínica y mezquina actuación del PRIAN, que busca desprestigiar las acciones. Es verdad, el tema de la seguridad sigue siendo un desafío mayúsculo al que ha sabido hacer frente la mandataria federal. Se trabaja en equipo con todos los órdenes de gobierno. El mismo Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Pública, es de los funcionarios más eficientes del gabinete. Esa responsabilidad, desde que tomó protesta, ha servido para dar golpes contundentes a las actividades al margen de la ley. De igual forma, esa misma estrategia, desplegada por todo el país, ha sido el detonante para garantizar la paz y, con ello, la disminución de homicidios dolosos.

No es poca cosa de la que hablamos. Claudia Sheinbaum se ha tomado muy en serio el tema de la seguridad. De hecho, el respaldo a los gobiernos estatales es mucho más notable que en otros periodos presidenciales. La realidad misma indica que las condiciones de pacificación son más propicias. Incluso, la propia población civil ha expresado su conformidad con el ejercicio de vigilancia que, por aire y por tierra, se despliega sin descanso. Aun así, persisten las campañas de desinformación de la oposición. Hace poco, en efecto, el gobernador de Puebla desenmascaró el chantaje que trató de poner en marcha Televisión Azteca para obtener jugosos contratos a cambio de no golpear el quehacer institucional. En efecto, una vez más ha sucedido, pero desde otra trinchera que ha quedado también al descubierto que tiene tintes políticos.

El fin de semana, luego de un operativo coordinado, el gobierno de Puebla detuvo a cuatro personas que, se presume, pueden estar involucradas en el asesinato de las tres vidas humanas. Fue lamentable, de eso no hay nada que discutir. Podemos destacar, de forma clara, que el desplazamiento que tuvo el gobierno estatal de ese enclave fue rápido y preciso para dar con los responsables. Habrá justicia social y castigo para quienes cobardemente dispararon a mansalva; que no quede margen de duda para ello. Lo que sí no se vale, ni aquí ni en ninguna parte, es que muchos actores de la derecha busquen sacar provecho de las circunstancias. Incluso, la manifestación es legítima, siempre y cuando sea genuina y auténtica. Sin embargo, los que quieren llevar al terreno mediático es, en definitiva, una acción preparada para tratar de golpear al gobierno. Lo que hizo Joan Borbolla Ballescá, que en su momento se benefició con la evasión de impuestos de las administraciones panistas, es verdaderamente ruin y perverso.

Él, que no tiene nada de activista ni de personaje ciudadano, trata de manchar las acciones de seguridad que están llevando a cabo los tres órdenes de gobierno en Puebla. Inclusive, él no se puede deslindar de los partidos políticos; fue en su momento un personaje muy cercano a Margarita Zavala y Felipe Calderón, quien protagonizó una guerra sin cuartel en México. Por eso las pruebas son claras: Joan Barbolla, en su momento, calló las atrocidades que sí cometió el sexenio de Calderón. Jamás lo vimos haciendo un comentario. Podemos consultar las redes sociales y, con ello, descubriremos fácilmente que siempre sucumbió ante el clima beligerante. Lo mismo ocurre con otros; que no se nos olvide eso.

Repito, hay muchos desafíos y retos que los gobiernos sí están enfrentando. Se acabó la simulación y la tolerancia con las actividades al margen de la ley. Apenas el fin de semana vimos cómo se actuó rápidamente al acudir a los puntos donde se desarrollaron los hechos. Eso confirmó que hay un compromiso sólido con todos los sectores sociales.

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Del otro lado de la moneda, con vehemencia, la oposición busca cualquier contexto para tratar de sacarle provecho. Lo hace, inclusive, aprovechándose de las propias desgracias. Eso pasó con Joan Borbolla Ballescá, que no respeta ni el duelo de las familias. Ojalá que algún día la oposición entienda que la armonía se construye entre todos. Empero, lo que se ha propuesto el conservadurismo es, ni más ni menos, ruin y perverso.

Lamentable porque esos ataques mediáticos, que se han vuelto habituales, se ponen al descubierto por los confines de una derecha que, sin pudor alguno, es adicta a la hostilidad. De ese modo, podemos concluir que lo que hizo Joan Borbolla Ballescá es, desde cualquier aspecto, una situación más que social, política. Lo bueno es que el gobierno estatal y federal no se enganchan con esa perspectiva. Saben que existen muy oscuras intenciones y, por ello, se enfocan en atender a los familiares de las víctimas.