Estamos viviendo, afortunadamente en una escala menor, una repetición de los macabros dos primeros años de esta década, cuando el Covid-19 se propagó sin control gracias a los turistas extranjeros y mexicanos que viajaron sin control a lugares como Vail, Colorado e Italia, en territorio mexicano.

Ahora, nuevamente, la plaga del sarampión, enfermedad que hasta hace unos meses estaba prácticamente erradicada en México, llega nuevamente vía personas originarias de Estados Unidos. Entre antivacunas y fanáticos religiosos, esta peligrosa enfermedad ha regresado a México.

Y no hay que hacer menos a esta plaga debido a que desde hace décadas no estaba presente en gran parte de nuestro territorio y países vecinos. El sarampión es sumamente contagioso, se puede adquirir mediante “gotículas” que quedan en el aire hasta dos horas (ecos de la pandemia de Covid), y puede causar daños severos en personas gestantes, bebés, así como ceguera, daño cerebral y hasta la muerte.

En fin. La degeneración de la sociedad y el alcance intelectual del estadounidense “MAGA” promedio es típica de una nación en declive. Para nuestra mala suerte, tenemos proximidad geográfica. Lo que sí podemos hacer es exigirle a turistas infectos presentar una cartilla de vacunación y arreciar la campaña para proteger o reforzar a todas y todos en nuestro país.