El simple hecho de estar organizando un proceso interno tiene mucho desgaste, mayormente en un partido político que, de acuerdo con las estadísticas que se han hecho oficiales, es el de mayor número de militantes en el país. Eso, por un lado, pone al Movimiento Regeneración Nacional bajo cierta influencia que puede ser decisiva; sin embargo, también la opinión de los aliados cuenta. Me refiero a que, para sellar un pacto de unidad, una vez que exista consenso y negociación, se podrá emprender una candidatura en común. De no ser así, claro está, la alianza puede verse severamente afectada, sobre todo ahora que la presidenta constitucional, con un golpe de timón, ha tomado el control absoluto del proceso en el que se ungirán a coordinadores de la defensa del voto. Vale la pena detenerse un poco en esta coyuntura que predomina en la actualidad. Como sabemos, el Partido del Trabajo, lo mismo que el Verde Ecologista de México, están entregando la estafeta a perfiles que ellos consideran potencialmente competitivos.
Apenas salieron a la luz pública estos posicionamientos, las reacciones no se hicieron esperar. De entrada, quizá para algunos, representa un punto de inflexión, mientras que, para otros, constituye un tramo o una ventaja a favor porque les otorga mayores ventajas a quienes se han registrado para la encuesta.
De botepronto, por ejemplo, percibo dos puntos sustanciales en la disputa interna. El primero, tal vez la clave, es la postura que toman los partidos aliados al ensanchar la posibilidad de unir a quienes ellos han posicionado por el simple hecho de salvaguardar una unión que, a nuestro juicio, es algo así como el espacio perfecto para sellar un pacto de unidad. No podemos reprochar nada, básicamente si realmente se quiere ganar. Con esta suma complementaria, Ariadna Montiel no puede ignorar el andamiaje que ha llevado a proponer perfiles en la carrera de algunos enclaves que, de concretarse, no solo ampliaría la Cuarta Transformación, sino que daría una enorme ventaja para llevarse carro completo. Hablamos de distritos locales y federales, lo mismo que ayuntamientos.
Antes de que tenga lugar la aplicación de la encuesta, sabemos que Morena acaparará el mayor número de posiciones a la gubernatura. Para equilibrar un poco la balanza, lo menos que puede pasar es ceder la estafeta; o sea, que el Verde y el Partido del Trabajo tengan mano para proponer perfiles en algunas entidades. Esto, antes de lamentar un punto de quiebre, es una opción legítima para no cargar tanto los dados a una sola causa. Paralelamente, ahora que se abre esta posibilidad, el alcance es mucho mayor, eso sí, con una maquinaria bien aceitada que permite ganar presencia y simpatías. Entonces, quienes se quejan o reprochan las decisiones que cada fuerza ha tomado, evidentemente, es porque carecen de respaldo popular. El reto, por lo tanto, será unificar las posturas para poder entenderse en una sola línea o dirección.
Morena, por ejemplo, necesita de los votos del Verde en Chihuahua, Zacatecas, Sonora, Sinaloa, Querétaro, Nuevo León, Michoacán, pero sobre todo en Campeche. Siendo así, querrá, a como dé lugar, sumar todos los adeptos que sean posibles a su causa para doblegar a la oposición. No se trata de apropiarse, sino de reconfiguración y equilibrio de fuerzas.
Morena tendrá que estirar la liga y, como principio básico, tiene que dejar que otras expresiones hablen y pongan sobre la mesa nombres, tal y como ha ido aconteciendo en algunos enclaves del país. Si quieren que esto funcione, como lo han presupuestado en el seno lopezobradorista, tiene que prestar atención a aquellos puntos en los que, por lo visto, se ha decantado por un perfil en específico.
