El expresidente AMLO lo ha hecho de nuevo. Ha salido de su retiro voluntario para hacerse público en las redes sociales. Apenas ayer, en su cuenta de X, convocó a que se destinasen recursos para el pueblo de Cuba. Lo ha hecho, empero, unos días antes del inicio de las negociaciones del T-MEC con el gobierno de Estados Unidos.
No hay duda de que el pueblo de Cuba es sobremanera valioso, no solamente para México y para la región, sino en la historia moderna. Sin embargo, continúa siendo gobernado por un régimen corrupto que, desde 1959, bajo el discurso desfasado del socialismo y de la defensa contra la intromisión estadounidenses, ha sembrado caos, creado pobres, violado derechos humanos, aniquilado cualquier esperanza de democracia e hipotecado para siempre el futuro de una nación rica y admirable.
AMLO debe saber bien que el régimen de Miguel Díaz-Canel controla todo lo que sucede en la isla. Conoce los entresijos de la política. Ergo sabe bien que cualquier donación, recurso o apoyo llegado desde el extranjero debe pasar antes por funcionarios del aparato castrista, y muchas veces, no llegaría hasta las manos del pueblo cubano.
El título de esta columna responde a la impertinencia de AMLO. El gobierno de Donald Trump, dispuesto a combatir frontalmente a las dictaduras latinoamericanas, especialmente de la mano del anticastrista a ultranza Marco Rubio, ha puesto su mirada en los lazos del gobierno mexicano con La Habana. Se recordará que una de las acusaciones presentadas contra Nicolás Maduro ha sido la de formar parte de una red de narcotráfico que pasa por Caracas, la capital cubana y que toca a México; amén del huachicol fiscal, Adán Augusto López y los hijos del tabasqueño.
¿Qué ha pretendido AMLO con su mensaje? ¿Tal vez debilitar a la presidenta Sheinbaum frente al inicio de las negociaciones con Estados Unidos? ¿O quizás simplemente enviar un recordatorio a Marco Rubio de las simpatías del obradorismo con el castrismo? ¿O probablemente recordar a Washington que ciertos políticos de su movimiento han sido señalados por tener vínculos con el crimen organizado y cuyos visados han sido revocados? ¿O reiterar la cercanía del obradorismo con las dictaduras latinoamericanas como Venezuela, Nicaragua y la propia Cuba?
El mensaje de AMLO ha sido inoportuno e insidioso. Sheinbaum, acostumbrada ahora a sortear crisis provocadas desde el interior del obradorismo, ha hecho, aparentemente, lo correcto. Ha tenido que navegar entre aguas tormentosas que no le dan tregua. Sin embargo, sus capacidades para contener el fuego de Palenque pueden verse agotadas; principalmente, frente a un expresidente que continúa apareciendo cuando su silencio es lo que más conviene al país.
