Hace algunos años que la destacada académica, Soledad Loaeza, nos sorprendió con los hallazgos de su paciente, exhaustiva y brillante investigación sobre la relación entre la superpotencia estadounidense y el papel de tres presidentes mexicanos durante la Guerra Fría.
Esos tres presidentes mexicanos fueron los priistas Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines, quienes entre 1942 y 1958 tuvieron que sortear con pasmosa habilidad y en medio de recurrentes y tremendas vicisitudes el empeño de Estados Unidos para detener y controlar la insistente expansión soviética y posicionarse de manera favorable en el contexto de la época.
La doctora Loaeza nos hizo ver que la evolución política de México ha estado lejos de depender de manera determinante o predominante de factores internos, sino que más bien las variables externas y en particular la de Estados Unidos ha jugado y juega un papel central.
Hoy podemos extender la hipótesis de la doctora Loaeza a las principales transformaciones históricas del país, pues en la Independencia, la Reforma o la Revolución, los actores internacionales y el vecino del Norte en particular, tomaron decisiones estratégicas y operativas relevantes para el curso de los acontecimientos nacionales.
Así como en el periodo inicial de la Guerra Fría los presidentes mexicanos tuvieron que ajustar sus instrumentos de gobierno, reestructurar el sistema de partidos, alentar la participación política o reorientar y ofrecer garantías normativas e institucionales para el desarrollo económico y social, así en nuestros días el liderazgo político nacional hace bien al modificar herramientas y mecanismos para procesar las exigencias y presiones externas.
Coyunturas históricas como la que está en curso entre México y los Estados Unidos, en las que se mezclan vectores económicos, políticos y electorales en los dos países en un contexto más amplio de cambios geoestratégicos, remiten a la firmeza indeclinable de los principios y valores que defendemos las y los mexicanos, y, a la vez, a pulsar los márgenes de maniobra y condiciones de operación para cumplir compromisos y continuar avanzando en el complejo proceso transformador.
A diferencia del título del libro de Soledad Loaeza, A la sombra de la superpotencia, consideremos que 70 años después estamos a plena luz del día para encarar los nuevos desafíos de cara a la nación.


