Cada 14 de febrero el mundo se llena de flores, corazones y frases que prometen un amor que todo lo aguanta, que todo lo perdona, que todo lo justifica. Pero pocas veces nos detenemos a cuestionar el mensaje de fondo: ¿a qué le estamos llamando amor?

Desde niñas a muchas les enseñaron que el amor implica sacrificio, aguante, celos “porque te quiere”, control “porque se preocupa”, silencios incómodos “para no hacer enojar al otro”. Siguen enseñando a romantizar el dolor y a confundir la violencia con amor. Y ese aprendizaje, que parece inofensivo, cuesta vidas.

Es urgente decirlo con todas sus letras: el amor no duele. No duele física, emocional ni psicológicamente. No te hace sentir miedo, culpa o vergüenza. No te obliga a cambiar quién eres, a callarte, a aislarte. No te minimiza, no te humilla, no te controla. Grábate esto: el amor no duele, no lastima. Si duele y lastima no es amor, es violencia.

Romper patrones es un acto profundamente feminista. Es enseñarle a niñas, adolescentes y mujeres que no tienen que aguantar nada para ser amadas. Que el amor no se demuestra con gritos, insultos, empujones, chantajes emocionales, ignorando como castigo (ley del hielo) o revisando el celular. Que nadie más que ellas tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, su tiempo, su ropa, sus amistades o sus sueños.

Pero la violencia no siempre viene en forma de golpes. A veces llega disfrazada de “bromas”, de comentarios hirientes, de sarcasmos constantes, de amistades que te descalifican, que se burlan de tus emociones, que invalidan tus límites. También ahí hay violencia. También ahí hay que aprender a poner un alto. Porque las relaciones sanas de pareja, de amistad, familiares, se construyen desde el respeto, no desde el miedo.

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A muchas mujeres les enseñaron a normalizar lo inaceptable: “así son todos”, “me cela porque me ama”, “yo lo voy a cambiar”, “no es para tanto”. Les enseñaron a quedarse, incluso cuando ya no son ellas mismas. Por eso soltar una relación violenta no es debilidad, es valentía. Es un acto de amor propio y, muchas veces, de supervivencia.

Este 14 de febrero no hablemos solo de amor romántico. Hablemos de amor que cuida, que escucha, que acompaña, que no invade ni lastima. Hablemos de amor propio, de redes de apoyo, de amistades que suman y no restan. Hablemos de la libertad de elegir relaciones donde podamos ser sin miedo.

Que este día sirva para decirles a las niñas y adolescentes que el amor nunca debe dolerles. Para recordarle a las mujeres de todas las edades que no están solas, que nunca es tarde para irse, para pedir ayuda, para volver a empezar. Que sea para priorizar la enseñanza en niños y adolescentes y que sepan que ni en broma deben ser violentos, a que rompan con patrones machistas y misóginos.

Identificar y romper con patrones de violencia salva vidas. Nombrar la violencia también. Y aprender a amar sin miedo, sin dolor es, quizá, el acto más transformador y revolucionario de todos. Juntas y juntos impulsemos relaciones de amor y amistad libres de violencia.