Hasta 38% del pescado que se vende en México es sustituido por otra especie, es decir, casi 4 de cada 10 pescados no son lo que dicen ser, de acuerdo con un estudio de la organización Oceana.
El estudio titulado “Gato X Liebre: Engaño evidente, solución pendiente” advierte que diversas especies de pescado destinadas al consumo humano son reemplazadas por opciones mucho más baratas.
Para el estudio, Oceana analizó muestras de pescado y mariscos recolectadas en mercados y restaurantes de distintas regiones del país, donde se detectó una alta sustitución de especies por otras de menor valor comercial.
Estas son las especies de pescado más sustituidas en México
El estudio de Oceana identifica las especies de pescados y mariscos que con mayor frecuencia son sustituidas en México, entre las que destacan:
- Pez vela: 100%
- Marlín: 91%
- Sierra: 82%
- Pez loro: 68%
- Huachinango: 54%
En el caso del huachinango, el informe señala que los consumidores suelen pagar un precio más alto por un producto que en realidad puede ser sustituido por especies más económicas como tilapia o bagre.
Mientras tanto, el pez vela llega a ser sustituido en 100% de los casos por especies como dorado o pez espada.
Estados en México más afectados por la sustitución de pescado
El estudio también identifica las entidades donde se detecta con mayor frecuencia la sustitución de especies, entre las que se encuentran:
- Baja California
- Baja California Sur
- Sinaloa
- Jalisco
- Ciudad de México
- Yucatán
- Quintana Roo
Consecuencias ambientales y económicas de la sustitución de pescado
Expertos como Esteban García-Peña, coordinador de Investigación y Política Pública en Oceana, advierten que el Estado mexicano aún no cuenta con un sistema de trazabilidad que permita garantizar al consumidor el origen del pescado que compra.
Aunque este problema ha sido documentado desde 2019, hasta ahora no existen regulaciones suficientes en el sector, lo que genera impactos tanto ambientales como económicos.
En materia ambiental, Oceana alerta que los consumidores podrían estar recibiendo incluso especies en peligro de extinción, en lugar de los pescados por los que están pagando.
Además, esta práctica afecta a pequeñas comunidades pesqueras, que enfrentan una competencia desleal frente a productos de bajo costo que se comercializan como especies de mayor valor.
Un ejemplo es la tilapia, que en muchos casos proviene de acuacultura o importaciones, pero que ha sido identificada en el mercado como si fuera huachinango.






