Con el reciente estreno de la nueva cinta de Dragon Ball Z (La Resurrección de Freezer) y la llegada de la nueva serie, Dragon Ball Super; Goku se ha vuelto a poner de moda entre la gran fanaticada que tiene alrededor del mundo, pero principalmente en México y Latinoamérica. Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a esta serie? ¿por qué fue hasta su llegada que se dio un fenómeno como tal?
Vayamos por partes; Dragon Ball no fue el primer anime que se emitió en México, desde que se inauguró la televisión en el país, siempre ha habido presencia de obras japonesas en algún canal, podemos citar a la Señorita Cometa, Gigi, Kimba o Astroboy; sin embargo, ninguna había tenido la repercusión en el público infantil al que supuestamente estaban dirigidas. El estreno de la serie derivada del manga de Akira Toriyama respondió a la consecuencia lógica de la emisión de Los Caballeros del Zodiaco, sin estos es poco probable que hubiera habido Dragon Ball.

Al tener una serie de anime en la competencia, la cual ya había capturado a los niños y niñas, Televisa procedió a contestar con algo similar; aprovechando también que las aventuras de los Caballeros de Athena comenzaban a desgastarse. Asimismo, realizó un cambio trascendental en la forma de emisión, mientras que Seiya sólo aparecía en fin de semana, Goku llegó un lunes en la tarde, para quedarse ahí toda la semana. El, en ese entonces desconocido saiyajin, se apoderó de la atención de los jóvenes que gustaban de los guerreros con armaduras zodiacales, con un producto similar, pero al mismo tiempo diferente.
No pasó mucho tiempo para que la serie rebasara en popularidad a la de Imevisión/TV Azteca, tanto así que se fue ganando un lugar en el horario estelar del canal; esto a pesar de un gran problema: los capítulos no fueron adquiridos y doblados de manera íntegra, por lo que tenían que pasar varios meses para que se pudiera ver la continuación de la historia. Hay que tomar en cuenta que las series animadas occidentales de la época no tenían una secuencia como tal, por lo que no importaba el orden en que se imitieran, ni si se repetían; eran capítulos autoconclusivos en su mayoría.
Lo anterior se notó porque, antes de tener a Laura Torres como la voz del niño con cola, hubo una emisión de la serie con voces totalmente distintas y que seguía una edición hecha en Estados Unidos, que poco o nada tenía que ver con lo que todos conocimos; como muestra, Goku era Zero y Krillin, Cachito. Claro, el anuncio de la emisión de los nuevos capítulos de Dragon Ball era algo digno de mención por todos los medios posibles, desde semanas antes se anunciaban y la expectativa crecía entre los pequeños fans.
Esto catapultó el mercado del anime nacional a niveles inimaginables, si bien ya se tenía un fenómeno mediático con Saint Seiya; esto se vio magnificado con Goku, pues se comprobó que sí había un público hábido de este tipo de contenidos. Sí, gracias a Los Caballeros hubo un Dragon Ball; pero gracias a un Dragon Ball es que hubo un Ranma, Slayers, Slam Dunk, Mikami, Escaflowne y varias series más de la denominada "Era Dorada del Anime en México".
A raíz de esto es que se dio otro movimiento inesperado, el actor de doblaje comenzó a ser tomando en cuenta por el fan. Obviamente, al ser animaciones, nadie esperaba que Goku o Bulma se presentaran en algún evento; en su lugar se tenían a las personas que hacían las voces de los personajes, mismos que pasaron de ser figuras sin rostros, a grandes ídolos de los; incluso muchos comenzaron a pensar en dedicarse al doblaje. Laura Torres, Mario Castañeda, René García y demás, se presentaron con gran éxito en varios puntos de la República y otros países del continente americano; de ahí que se pidiera encarnecidamente que ellos hicieran el doblaje de las nuevas películas y que Dragon Ball Kai fracasara estrepitosamente.
En el mundo del anime y el entretenimiento hay un antes y un después de Dragon Ball, tanto así que en este momento no se puede mencionar quién sea su sucesor, una nueva serie que revolucione en tantos sentidos, que sea un fenómeno cultural de esa magnitud, donde sus conceptos, escenas y personajes se queden arraigados en el inconsciente colectivo que trasciendan época (acéptalo, aunque tengas 30 años te sigue gustando Dragon Ball y es probable que conozcas niños que gusten de la animación). Así, sólo resta por decir una cosa: KAME-HAME-HAAAA.
