Ni la surrealista barbie de Frida Kahlo (porque nunca la podremos tener) podría causar el nivel de ansiedad que provoca tener todos los muñecos de Playmobil, en su edición de vendedores de kebab.

O mejor pregúntenle al tuitero que juró no gastar más dinero hasta septiembre de este año y luego se le cruzó por arte de magia el juguete de un taquero Playmobil. Pero no cualquiera, sino uno que presume su tronco al pastor y que medio México desea colgar en el retrovisor de su carro. 

Los muñecos de vendedores de kebab son tan variados que con ellos los niños pueden jugar a comercializar prácticamente cualquier alimento y los adultos se jactan de contar con fabricantes de metanfetamina o hasta el propio Martín Lutero hecho de plástico.