Un pueblo violento

Esta mañana desperté con un gran sinsabor en mi boca; a estas alturas del partido, lo que parecía un juego de rugby de unos cuantos, se ha convertido en una batalla campal donde nos han arrastrado a todos dentro de ella, y lo peor, nosotros mismos de mutuo propio decidimos arrastrarnos a él; tal vez por la necesidad intrínseca oculta de soltar ese lado salvaje que escondemos.

 

El grado de intolerancia, agresividad, desprecio que podemos sentir los unos a los otros ha llegado a su máxima expresión en nuestra comunidad, y desafortunadamente, ¿por culpa de quién? De un tema político.

 

Por culpa de la política, un derecho tan esencial como la libertad de expresión se ha prostituido hasta grados inimaginables. Ahora es válido insultar, denostar, criticar sin bases, humillar hasta intentar el objetivo de destrozar al oponente.

 

La gente ya no se maneja por lógica ni argumentos, se desborda por las pasiones de lo que en sus mentes consideran que es lo correcto y es su verdad!! Que en pocas palabras sería “La Única y Verdadera” y como dirían en Estados Unidos

 

“You´r with Us or Against Us” – Estas con nosotros o en contra de nosotros –

 

Llegamos al punto de que si alguien no comparte nuestras opiniones, nuestros puntos de vista, nuestra razón o nuestra verdad, es nuestro oponente, y no importa que sea un desconocido, un conocido, un amigo, incluso no importa que sea un familiar, el objetivo por su osadía a contradecirnos es su pecado mortal.

 

Alguien dijo una vez “Un pueblo ignorante cuenta con el potencial para llegar a ser un pueblo violento”

 

Y en eso nos hemos convertido, en un pueblo violento donde nuestra pasión es el escudo y los insultos son las armas.

 

Triste me siento y frustrado de que, por culpa de esas pasiones, ayer perdí la amistad de una amiga, a quien, tenía años de no ver, pero gracias a la tecnología y el internet pudimos encontrarnos de nueva cuenta, platicar nuestras cosas, convivir cibernéticamente, apoyarnos, toques de comicidad y porque no decirlo sentir el cariño por una amiga entrañable. Cual fue el problema………….. el desborde de sus pasiones que la llevó a insultar públicamente en mi muro de FB sin conocerlos, a amistades y a mi esposa, simple y sencillamente porque ellos disfrutan algo que ella está en contra “las corridas de toros”.

 

No quiero, ni es mi intención que lo que digo se tome como mensaje político, pero, desafortunadamente, fue la misma política, las estrategias de desprestigio, insultos y ataques que usan ahora los partidos políticos los que han hecho resurgir esta efervescencia de intolerancia.

 

Como ejemplo, tengo otro entrañable amigo al que hoy desconozco en esa faceta; el tiene su preferencia electoral, y todos los días a diestra y siniestra en mensajes públicos por FB o Twitter insulta (con groserías), descalifica, denosta a los otros candidatos, pero no nada más ahí, sus insultos y agresiones las hace extensas a todos los seguidores de los otros contendientes en general; pero cosa curiosa, alguien dice alguna crítica en contra de su preferencia, y regresa el ataque de insultos y descalificaciones de misóginos, intolerantes, ignorantes, etc., en contra de los que opinan diferente a él.

 

Eso es tolerancia? Eso es actuar con congruencia?

 

Lo que sucedió en la IBERO, que ahora está de moda, es otro claro ejemplo; los estudiantes por naturaleza son críticos, rebeldes, no aceptan imposición de nadie, mucho menos de los políticos, es lo intrínseco de ellos; y cada vez que estudiantes de cualquier universidad confronten, critiquen, encaren a algún político que tiene la valentía de ingresar a “su casa” debe de ser aplaudido y valorado; los estudiantes por ningún motivo deben de ser sumisos ni conformistas; pero, el confrontar con insultos, descalificaciones, ataques personales y personalizados, ya es cruzar la frágil línea de la violencia estudiantil, de esos que ahora como en Michoacán causan daños al patrimonio de terceros, y si la Justicia intenta meter en cintura se sienten ofendidos.

 

Otra amiga me dijo que la violencia de la sociedad (no del crimen) generada por la intolerancia, es producto de los políticos de hoy y de los programas de televisión. En cierta manera tiene razón, insisto, no es mensaje político, pero la famosa “guerra sucia” de hace seis años, que efectivamente dividió a la sociedad, el que un político desconozca las instituciones y haga llamados al desorden “ordenado” para no causar “muertes” como lo dijo, programas como Laura en América, Casos de la Vida, novelas donde alguien intenta violar a una mujer y solo le dan dos golpes sin que se ponga a disposición de las autoridades, o que por dinero las mujeres se entregan fácilmente, y me pregunto, que no estamos en un periodo de dignificar a la mujer?

 

Tal vez la intolerancia y la agresividad la tenemos todos muy arraigada en nuestro subconsciente, y buscamos solo el pretexto para explotarla a su máximo potencial?

 

A que grados podemos llegar para insultar y faltarle el respeto incluso a las personas que no conocemos o a los seres amados de nuestras amistades, simplemente porque tienen gustos contrarios a los nuestros?

 

Una cosa es tener principios, defenderlos a capa y espada, y luchar con todas nuestras fuerzas por conseguir materializar ese ideal, pero, creo, que si durante la travesía para conseguir eso, me tengo que valer del insulto, la calumnia y el descredito de no se diga mis opositores, sino, simplemente de quien no comulgue con mis ideales, se traduce en la clara expresión de la intolerancia misma.

 

Creo que es más peligroso el salto que esto está dando; pasamos de atacar a alguien por su aspecto, religión, extracto, género a solo por sus ideas? Llegaremos al punto sin retorno de atacarnos todos contra todos entonces? Siempre decimos orgullosos que cada cabeza es un mundo, y cada quien comulga con sus ideales, pero, ahora resulta que ese mundo también debe de ser atacado?

 

Estoy deprimido, por culpa de todo esto perdí una amiga; su intolerancia y beneficiar el insulto y descalificación a personas que en primer lugar no conocía, y en segundo que una de ellas era mi esposa, la cegó para darse cuenta que había cometido un grave error y decidió seguir defendiendo su postura y creo que eso dolió más.

 

En fin, el culpable de esta situación somos todos nosotros que decidimos entrar a esa arena sin reparos de pisotear los derechos de los demás a expresarse libremente.

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