En Contexto. El viacrucis inicia después de la Semana Santa

Casas de enpeño...
Y después de las vacaciones, a las casas de empeñoInternet

 

Pocas veces reparamos en lo que representan las vacaciones de Semana Santa. Más que una etapa de reflexión, como podría pensarse, es una oportunidad para viajar con todos los sacrificios que eso pueda significar por lo que, después de la gloria, hay que compensar los excesos e iniciar la visita de las siete casas… pero de empeño.

Sin importar creencias religiosas y a pesar de vivir en un país laico, al regreso de este feriado que -de hecho, es una ampliación por la vía de los “hechos y costumbres” de las verdaderas vacaciones anuales contempladas por la Ley- establece que por la ausencia de una cultura del ahorro y la falta de previsión financiera, la mayoría de la población tiene que ver la manera de “completar” para pagar la renta, la luz, el gas o algún otro compromiso porque se le dio “un pellizco” al presupuesto familiar para “poder aprovechar los días de guardar”. ¡Qué paradoja!

Los días que siguen a la Semana Santa, especialmente, aunque también en los inicios de enero de cada año, las fechas previas al inicio de clases y al final de la quincena, las casi 6 mil casas de empeño existentes en el país viven flujos extraordinarios de visitantes que “llevan al monte a sus chivos o venaditos”.

Alrededor de 24 millones de personas recurren al llamado crédito informal, que contempla los préstamos entre familiares, con amigos o en casas de empeño.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, que cada tres años levantan la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) se tiene que de esos 24 millones de personas, el 20 por ciento recurre a pedir prestado a los familiares, 14 por ciento con amigos y 8 por ciento acuden al crédito prendario.

El 8 por ciento de los que “van al monte” a empeñar sus prendas no es cualquier cantidad, son, cuando menos 2 millones de personas, generalmente mujeres, que están dispuestas a pagar un costo, generalmente elevado, por el dinero prestado, además que se incurre en el riesgo de perder la prenda si no devuelve el financiamiento oportunamente o se amplía el plazo mediante refrendo.

Si no tener dinero para el disfrute es en sí un problema, pedir prestado es también difícil.

Con la modernización financiera se abrió el mercado y hoy la oferta de casas de empeño es muy amplia, pero eso también representa un serio dilema porque ni todas son confiables ni todas son viables en términos de costos y servicios.

Por razones de competencia, se debe de considerar que cada casa de empeño puede determinar la tasa de interés que cobrará por el préstamo, además de que algunas incorporan temas como almacenaje o seguro de robo, pérdida o cualquier otro tipo de siniestro que involucre a las prendas en depósito.

Además, en muchos casos se establecen porcentajes diferenciados por el avalúo de la mercancía por la que se solicita el crédito.

Para abatir el riesgo, la ley establece que las casas de empeño informen sobre el Costo Anual Total (CAT), que indica de una sola vez el monto de todos los pagos que se deban hacer, así como cualquier otro tipo de cargos y si en este ya se incluye el IVA. En efecto, los costos entre cada empresa pueden tener variaciones importantes que pueden resultar desventajosas.

Pero no solo eso. En primer lugar, hay que considerar también que las casas de empeño estén inscritas en el Registro Público de Casas de Empeño (RPCE) de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO).

En segundo término, hay que considerar que hay dos tipos de instituciones que brindan a la población el servicio de préstamo con garantía prendaria. Unas son las empresas mercantiles privadas, denominadas casas de empeño y las más conocidas son las Instituciones de Asistencia Privada (IAP), que son fundaciones sin fines de lucro y entre estas están el Nacional Monte de Piedad, la Fundación Dondé y el Montepío Luz Saviñón.

Si de plano, esta Semana Santa resultó ser un viacrucis para la economía familiar y “hay que completar el gasto a como dé lugar”, hay que recordar que las casas de empeño tienen un CAT más alto que las Instituciones de Asistencia Privada y existen variantes en los planes de cobro de intereses por día o mes; además, el porcentaje de valuación de la prenda puede ser diferente. Aunque ni duda cabe: lo bailado, no hay quien lo quite…

@lusacevedop

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