Columnas

La 4T, herida de muerte; unidad, sí, pero de ida y vuelta

Arturo Zaldívar, AMLO  y Julio SchererGalo Cañas/Cuartoscuro

Por el colapso de sus precios, el petróleo dejó de ser la gran palanca de desarrollo. Urge reactivar la economía de otra forma: con deuda externa

"No, madre, no te olvido;
mas apenas ayer ella se ha ido,
y es natural que mi dolor presente
cubra tu dulce imagen en mi mente
con la imagen del otro bien perdido.
Ya juntas viviréis en mi memoria
como oriente y ocaso de mi historia,
como principio y fin de mi sendero,
como nido y sepulcro de mi gloria;
¡pues contigo nací, con ella muero!
Ya viviréis las dos en mis amores
sin jamás separaros;
pues, como en un matiz hay dos colores
y en un tallo dos flores,
¡en una misma pena he de juntaros!"
Unidad, Amado Nervo

Poner “todos los huevos en una canasta”

Estamos entrando a una nueva etapa de la humanidad. Una pandemia terminó de desatar una crisis económica que tendrá peores resultados e implicaciones que la que se vivió en 1929.

El día de ayer (nuestro “lunes negro”) el petróleo alcanzó cifras que serían ridículas si no fuera porque son reales. Se cotizó el futuro del precio del barril en negativos. El crudo mexicano alcanzó la cifra de -2.37 dólares por barril.

Es posible que, en dos o tres meses, el precio recobre niveles que antes nos hubieran parecido bajos. Tal vez 10 ó 14 dólares por barril. Sin embargo, lo que es un hecho es que hemos atestiguado la declaración económica del fin de la era del petróleo. Por supuesto, este seguirá siendo usado durante los próximos 20 años, pero cada día en menores proporciones. Ciertamente ya NO volverá a ser negocio.

Ojalá lo entienda el presidente Andrés Manuel López Obrador. La 4T, basada en un único pilar, el de un proyecto energético, ha muerto. Se le dijo una y otra vez que no pusiera “todos los huevos en una misma canasta”, pero eso es precisamente lo que ha hecho este último año y medio.

Continuar, ahora, con Dos Bocas es dispararle a un cadáver, y significará un suicidio político y económico para el país. Se requiere —quiéralo López Obrador o no— un golpe de timón, de lo contrario no habrá pan en nuestras mesas.

2.5 millones de infectados (e inmunizados) del COVID en México es una buena noticia

Comparto algunas cifras más creíbles de las que nos vienen proporcionando las autoridades de Salud:

-Al día de hoy: 250 mil contagiados manifestados de COVID-19 en México. Esta cifra resulta de los aproximadamente 8000 casos reportados —todos ellos sintomáticos, que son los únicos que se miden— multiplicados por la tasa de contagio manifiesta del esquema Centinela (que es de 30, no de 8.3, como dice la SSA equivocadamente).

-A partir de ejercicios muestrales controlados llevados a cabo por diversos gobiernos, queda plasmado que los contagios asintomáticos representan el 90 por ciento del total de casos infectados. Así, si 250 mil personas equivalen al 10%, al momento hay 2 millones 500 mil personas infectadas (o que ya estuvieron infectadas) en México.

Es una buena noticia que un alto porcentaje ya haya estado expuesta al coronavirus y generado inmunidad. Veamos por qué:

El principal error de gobiernos de países desarrollados (con dinero y por tanto sin excusas) fue darle poca importancia a la medición de asintomáticos y de desarrollo de anticuerpos. Optaron por tratar al virus como si fuese un Ébola (para el cual se requieren medidas de contención y para el que no hace falta medir contagios ocultos dado que los estragos son inmediatos y obvios).

En esta ocasión, en el mundo desde diciembre se sabía que se trataba de una epidemia de un tipo de coronavirus, es decir una gripe, y existe una larga historia acerca de dichos virus.

Se sabe que confieren inmunidad, que la tasa de mortalidad es bajísima (incluso menor a la de la influenza común), que pueden propagarse sin síntomas y que lo que se ve a simple vista es, digamos, solo “la punta del iceberg”. Pero eso a nadie le importó; ni a políticos, ni al sector salud, ni a académicos, ni a las farmacéuticas.

AMLO, ya no hay dilemas ni ético ni programático

Ante la terrible realidad que nos arrolla se debe entender que ya no existe el dilema de decidir entre soportar algunas muertes o matar a todos de hambre (sumir a millones más en la pobreza) por causa de la economía.

Sin lugar a dudas, hay grupos de la población que deberán mantener cuidados muy especiales y es necesario atender a los casos infectados del COVID que se encuentren muy graves. Ciertamente, también, las personas delicadas de salud deberán ser examinados para detectar si tienen anticuerpos al virus en la sangre. Mas ya no se puede continuar parando la economía.

Pero hay otro dilema que ya no es: el de la estrategia económica. Ante el colapso de los precios del petróleo, por falta de demanda y de depósitos para guardarlo, México ha dejado de tener en el oro negro una palanca de desarrollo.

Por ello, hay urgencia de reactivar la economía de otras formas. Las empresas requieren liquidez y la manera de apoyarlas es brindándoselas. El gobierno debe de aceptar las líneas de crédito con las que cuenta a nivel internacional.

No basta dedicar recursos a rescatar a los más pobres; si no se apoya a la planta productiva, el número de pobres crecerá tanto –y disminuirán tan brutalmente los ingresos del gobierno—que los recursos no alcanzarán para nadie.

Unidad, sí, pero de ida y vuelta

La crisis que embarga al país y al mundo demanda decisiones que en otro momento no se tomarían. México requiere un líder, un estratega que pueda olvidar su ideología, sus proyectos, con tal de poder sacar adelante a todo el país.

Si AMLO entiende el verdadero momento histórico que estamos enfrentando, comprenderá la necesidad de reactivar la economía inyectando liquidez a las empresas y no a sus proyectos administrativos.

El ministro Arturo Fernando Zaldívar Lelo de Larrea pidió en primera reunión virtual de la Corte “unidad nacional, responsabilidad y solidaridad” para enfrentar al enemigo común: “Están en juego miles de vidas. Está en juego la capacidad de las personas de aportar a sus hogares el sustento diario y satisfacer sus necesidades básicas. Es momento de anteponer los intereses de la Nación, y el bienestar de las personas más vulnerables, ante cualquier aspiración personal o de grupo, por legítima que sea.”

No se puede diferir de Zaldívar, pero se espera que la “unidad nacional, la responsabilidad y la solidaridad” sean una amplia autopista en la que podamos transitar todas los mexicanos “de ida y vuelta”: ciudadanos solidarios con el Estado (poderes ejecutivo, legislativo y judicial), pero un Estado solidario con los mexicanos.

El presidente logrará una verdadera unidad nacional en torno suyo, pero solo si es en este sentido; no con falsas bravatas, ni politiquerías. De López Obrador depende pasar a la historia como quien logró sacar al país adelante.