Columnas

Biden vs Trump. Consideraciones a partir del debate

Donald Trump y Joe BidenAFP

México es un peón en el juego electoral de Estados Unidos. No dejamos de ser moneda de cambio para obtener más votos.

“Prescindible es, cuando te invitan a una fiesta. Tú no vas, pero nadie se da cuenta".
SYLVESTER STALLONE

Terminó el tercer debate —que en realidad fue el segundo— entre los presidenciables en la carrera electoral estadounidense. A doce días de celebrarse comicios, si bien este intercambio fue el “más civilizado”, solo terminó por remarcar las diferencias entre los candidatos y su forma de entender la política.

Al concluir el ejercicio, las encuestas le dieron una cómoda ventaja a Joe Biden: un 53% frente a un 39% para Donald Trump. Valores parecidos a como van las encuestas de preferencias electorales e intención del voto.

Aún con lo anterior, no es para fiarse del ahora primer mandatario o sus malas artes para clamar —si pierde—que las elecciones fueron compradas, arregladas y que Biden sería un presidente espurio. Cualquier parecido con voces escuchadas aquí en México va más allá de la coincidencia.

Pero independientemente de las rabietas de Trump y la obstinada tranquilidad de Biden, en México debería preocuparnos nuestra relación con tan poderoso vecino y los comentarios que vertieron uno y otro al respecto.

En el primer debate presidencial estadounidense, México, el T-MEC, nuestra frontera y los migrantes, estuvieron ausentes. Tétrico que siendo su primer socio comercial, ni siquiera seamos mencionados. Aberrante que los mercados, políticos y columnistas lo consideren una “buena señal”. Yo más bien diría que ese es el pobre nivel de confianza entre ambas naciones…

En esta segunda ocasión, la mención de socios comerciales tampoco existió, pero sí se centró la discusión en la migración.

Trump, para no perder la costumbre, dijo que gracias a él menos migrantes latinoamericanos entran a Estados Unidos. Lo que obvió señalar es que esto quizá se deba al muro que ha significado nuestra Guardia Nacional apostada en la frontera y pagada por nosotros. Pero, sobre todo, el presidente Trump hizo mutis de algo que es intolerable suceda en un país que se dice democrático y protector de los derechos humanos, todo resultado de su gestión gubernamental. Me refiero a que después de varios meses, más de un año en algunos casos, ¡cerca de 500 migrantes menores de edad continúan separados de sus padres!

Padres de familia que siguen separados de sus hijos porque los expulsaron del país de las barras y las estrellas. Algo así como 450 tragedias con la esperanza quebrada de que no encuentran a sus críos por las trabas, papeleo y encono palpable del gobierno de los Estados Unidos en contra de esas personas.

Hay que decirlo con claridad, desafortunadamente aunque la mayoría de esos padres de familia son mexicanos, no han recibido un ápice de ayuda por parte del gobierno de la 4T. No han sido vistos o escuchados.

No sería complicado ni oneroso, a través de los cónsules mexicanos en Estados Unidos, pedirles investigar con la autoridad correspondiente la ubicación de los infantes. Desconozco el porqué no se ha hecho.

Pero no, mejor Joe Biden preguntó por la injusticia cometida a nuestros connacionales que el gobierno de México. ¿Bastará su indignación para que la 4T también se indigne? O ¿dado que Trump es amigo de López Obrador, mientras el primero continue al mando ahí no existe problema alguno?

Donald Trump presumió que gracias a él México producía menos petróleo y que Estados Unidos ganaba por ello. Lo cual si bien es cierto por cuanto a cifras, no se debe a su persona. En fin, ya decíamos que nos iba a salir muy cara la determinación que tomó Rocío Nahle, secretaria de Energía, en aquella terrible reunión con la OPEP. Estados Unidos nos cobra, y lo hará por mucho tiempo, “el favor” de producir por nosotros los hidrocarburos y venderlos con ganancias para ellos.

Cierto es que de suponer que resulta vencedor el demócrata, será un poco más complicado para nuestro gobierno establecer una nueva relación funcional con aquel país. Y en parte será debido al desaire realizado por AMLO en su viaje a Washington donde solo se reunión con Trump y no tuvo la deferencia de saludar a Nancy Pelosi, presidenta por el partido Demócrata de la Cámara de Representantes.

El debate podría ser calificado de más civilizado, de último clavo en el ataúd de Trump o lo que gusten y manden, pero una cosa es clara: México es un peón en su juego electoral. No dejamos de ser moneda de cambio para obtener más votos.