#Venezuela y #Mexico, lo que no es obvio debiera ser evidente

Venezuela
Quienes citan la doctrina Estrada olvidan que es esta es obsoleta. Más allá de su fecha de creación (1930), no toma en cuenta el respeto que cualquier gobierno hace o no de los derechos humanosinternet

Venezuela y México: la opción de opinar 

México tuvo dos pronunciamientos a los recientes hechos acaecidos en Venezuela. En el primero dijo que apoyaba al gobierno de Maduro. Error histórico y resbalón diplomático, más cuando nuestro país es conocido y reconocido cómo un gran mediador en los conflictos internacionales. Y es que usualmente la posición por la que opta México no es de reconocer a uno u otro gobierno en conflicto; se centra más en procurar ser mediador y pugnar por encontrar la mejor opción viable a los conflictos.

En esa tesitura se dio el segundo pronunciamiento. Un documento donde México adopta la posición de Uruguay, España y Portugal para instar a las partes a encontrar una solución. ¡Qué bueno!, sin embargo la primera redacción dejó mucho que desear y, sí, volvió a meter al gobierno de López Obrador en una vorágine que no era necesaria.

La doctrina obsoleta y el artículo a la interpretación

Quienes citan la doctrina Estrada olvidan que es esta es obsoleta. Más allá de su fecha de creación (1930), no toma en cuenta el respeto que cualquier gobierno hace o no de los derechos humanos. El mismo “Tata” Cárdenas, prefirió obviar dicha doctrina y ser de los primeros países en condenar la actuación de los nazis cuando invadieron Austria. Ya no se recuerda ahora, pero así fue.

Además se pierde de vista que la idea de la no intervención no es sinónimo de no opinar. La no intervención no significa el omitir y no exigir el respeto a los derechos humanos. Lo cual, por cierto, también se encuentra considerado precepto constitucional en un articulado que precede —por mucho— al que contiene la ya citada doctrina.

De hecho, el artículo 89 fracción X de nuestra Carta Magna (tan mencionado en este lío) es ambiguo; adrede permite diferentes interpretaciones y, una de ellas, “la autodeterminación de los pueblos”, nos obligaría voltear a ver las manifestaciones del día miércoles, donde el pueblo venezolano repudiaba a Maduro.

Es más, si alguien considera que dicha fracción tiene inconsistencias o vacíos legales, lo requerido es optar por privilegiar la protección de los derechos humanos, más allá de cualquier gobierno o posibles escenarios contemplados en nuestra Carta Magna.

¡Cállate Trump!

Como en todo, hay indeseables que, dándose “baños de pureza”, ahora apoyan el cambio de gobierno en Venezuela. Sea un Trump, un Bolsonaro, dichos “apoyos” sólo empañan un proceso pacífico para derrocar a un dictador.

Por otra parte, con Maduro están individuos, líderes de naciones como Rusia, Turquía o Cuba, que algo han de tener en común y por lo mismo nos debieran mover a cuestionar la selección de “bando” que ha hecho nuestro Ejecutivo Federal .

Por lo tanto, la posición de México no debe de ser basada en apoyar los intereses de EEUU (que siguen apestando) o ir en contra para demostrar nuestra soberanía. México se debe decantar por la defensa de los derechos humanos y los ideales democráticos sostenidos por las naciones ídem de todo el orbe.

¿Izquierda?

Llamarse de izquierda por “apoyar” a Maduro es un error. Más allá de la ideología del venezolano (quien habla con los pajaritos), una izquierda moderna es la que pone ante todo la defensa de los derechos humanos, la libertad —comenzando por la de expresión— y la vida de las personas. En todo ello, el régimen de Nicolás Maduro reprueba rotundamente.

Así, esta oportunidad que tuvo el gobierno federal de nuestro país de demostrar a la ciudadanía que no es una izquierda trasnochada, sino una de avanzada, quedó sepultada. El gobierno mexicano dejó pasar la oportunidad por una pobre redacción de nuestra Constitución. Una mala, caduca y obsoleta redacción que contraviene uno de los primeros artículos de la misma normatividad: la defensa de los derechos humanos. 

Aún hay tiempo...

Tiempo de retomar la posición diplomática de México en el concierto de las naciones. Sin lugar a dudas, y más ahora que Brasil y su diplomacia (con quien México siempre tiene un poco de competencia) están perdidos en su racismo y cero tolerancia.

La posición de MX debiera haber sido (aún puede ser): “México seguirá de cerca el desarrollo de los acontecimientos en Venezuela y mantendrá su posición de no intervención en sus asuntos internos; pero siempre privilegiando ante todo la protección de los derechos humanos/individuales. México busca actuar como mediador, lo cual no le impide externar opiniones, mismas que no deben/pueden ser interpretadas como intervención por ninguna de las partes.”

Sólo así, México podrá retomar ese liderazgo internacional, NO basado en armamentos, economía o amenazas, sino solo en su buena voluntad y ofreciendo la mejor opción para que su intervención abone a la libertad de los individuos y a la paz de las naciones.

La revolución de los claveles/La revolución del Alma Llanera

En n abril de 1974 se dio en Portugal la revolución de los claveles o del Estado Nuevo. La gente, cansada de una dictadura eterna, se levantó con claveles como armas y logró derrocar a un régimen desastroso.

Deseo que lo que estamos viendo hoy en Venezuela dentro de poco se conozca como la revolución de la canción, donde los venezolanos llevaban cómo armas la canción de “Alma Llanera”

Ojalá, para ello, Estados Unidos NO se meta, Trump se calle, los países libres y demócratas pidan el irrestricto respeto y absoluta defensa de la dignidad de las personas. Que los venezolanos tengan qué comer. Solo entonces, la revolución del alma llanera será cierta y México habrá actuado cómo el cristal de la canción.

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