En 1766 los trabajadores de las minas de Real del Monte y Pachuca protagonizaron un movimiento de resistencia contra la derogación del partido forma de pago que les permitía obtener un excedente, luego de cubrir con el tequio, cuota de trabajo que hoy día podríamos comparar con la famosa cuenta obligatoria que deben llevar los taxistas a su patrón.

La afrenta era directa contra Pedro Romero de Terreros, a quien frecuentemente se le ubica como el hombre de negocios más poderoso del siglo XVIII, no sólo de México, sino incluso a escala mundial. El conde de Regla, título que Romero de Terreros consiguió con muchos favores y gestiones a favor de la corona española, decidió contraatacar el movimiento de los mineros en rebeldía, con lo que inició La Gran Cruzada novela histórica cuya nueva reedición presentó ayer su autor, el escritor Agustín Ramos, en la Feria Infantil y Juvenil de Hidalgo.

El libro, innovador en su estructura, que pese a su rigor historiográfico permite continuar su lectura “sin los molestos timbrazos” que representan los llamados al pie de página, es una ventana al pasado de la comarca minera de Pachuca y Real del Monte, uno de los lugares más importantes de México en el siglo XVIII, gracias a su actividad extractiva.

De la misma forma, el documento que Ramos escribió a finales de la década de 1980 nos muestra las precarias condiciones laborales que padecían los trabajadores de las minas y que, al descubrirlas desde el siglo XXI, parecen no tan distantes a las que muchos obreros enfrentan hoy día.

En el siglo XVIII, como sucede en la actualidad, había relaciones virtuosas entre empresarios y la clase en el poder. Romero de Terreros supo aprovechar (cualquier semejanza con nuestro tiempo es pura coincidencia) su relación con alcaldes y con la cúpula virreinal. Supo otorgar favores y luego cobrarlos con paciencia de depredador que se esconde hasta que sabe el momento exacto en que ha de irrumpir.

Por eso Romero de Terreros emprendió la Gran Cruzada, porque sabía que tenía una estructura a su favor, un aparato que le permitiría sojuzgar y aplastar a los trabajadores mineros que desafiaron una orden suya: desaparecer el régimen de partido para maximizar sus ganancias (otra vez si el lector detecta alguna semejanza con la actualidad es pura mala interpretación).

Y pese a que a los trabajadores en rebeldía les fue como en feria, sufriendo despidos, destierros, y encierros en las espantosas cárceles de la Nueva España, al final la coyuntura, recordemos que España se encontraba en pleno declive, les concedió cierta justicia a su favor, pues el sistema de pago por el que lucharon finalmente no desapareció.

Con este artículo quiero celebrar la reedición de este documento histórico que nos permite entender el funcionamiento de uno de los pilares más importantes de la economía virreinal: la minería y todas las actividades que generaba alrededor. Pero además, Ramos nos regala la posibilidad de acercarnos a uno de los personajes más interesantes y sombríos de entonces: Pedro Romero de Terreros, un visionario hombre de negocios que, quizá exagerando un poco, podría ser una especie de Carlos Slim de la época colonial.

Invito al lector a buscar la nueva edición de La Gran Cruzada (México, Cecultah, 2014), pues al conseguirlo obtendrán un documento clave para entender un poco más este bizarro país que es México.

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