Se retira el símbolo del Madrid

Al igual que toda historia y la vida, toda carrera deportiva tiene un fin. Esta semana el mito y leyenda del Real Madrid, Raúl González, ha decidido plasmar el punto final a su vida como futbolista profesional.

Veintiún años de carrera bastaron para que el mítico 7, el ?Ángel de Madrid? inscribiera con letras de oro su nombre en las páginas de la historia del deporte más famoso del mundo. Veintiún años llenos de gloria, llenos de recuerdos, pero sobre todo, veintiún años de ser ejemplo de vida dentro y fuera de la cancha.

Está plenamente comprobado que en cualquier deporte, como se juega se vive, y Raúl es el ejemplo perfecto para evidenciar esta frase tan cierta y tan poco valorada. Él hacía de sus goles su modo de vida y de sus carreras en la cancha su modo de ser. Nunca dejó de correr por el equipo de sus amores, ni de luchar por sus seguidores.

Si bien nunca ganó un Balón de Oro (y si no lo ganó él en el 2001 ni Iniesta en el 2010, entonces ningún jugador español lo hará nunca), sí ganó el cariño y reconocimiento de uno de los estadios más difíciles de satisfacer. El Bernabéu fue su casa y la afición fuimos su familia. Desde que debutó en 1994-contra el Zaragoza-, hasta su último partido en el 2010-contra el Zaragoza-, cada partido en ese sacro estadio, nos brindó su entrega, su lucha, su talento, pero por encima de todo, nos brindó lo que pocos futbolistas han hecho en la historia, su esfuerzo.

Era curioso ver jugar a Raúl y saber que no tenía las mejores condiciones como futbolista, pero su mayor mérito era que sabía esconder ante sus rivales sus deficiencias técnicas o físicas. Algunas vez platicando con un amigo, me preguntó por mi ídolo ?¿Raúl es el más técnico del equipo??, mi respuesta fue ?no, tiene un compañero que se apellida Zidane?; continuó preguntándome ?¿es el más rápido del equipo??, le contesté ?no, hay un defensa que se llama Roberto Carlos?; alargó el interrogatorio: ?¿Es el más habilidoso del equipo??, respondí: ?No, hay un delantero que se llama Ronaldo?. Entonces mi amigo en un tono de burla hizo la última pregunta: ?¿Entonces por qué mete tantos goles??; mi respuesta fue corta y sencilla: ?Porque todo lo hace bien?.

Esa fue la constante de Raúl, no era el mejor en nada, pero era el número uno en todo. Cuando se retiró del Madrid en el 2010, sus números eran impresionantes, goleador histórico del Real Madrid en todas las competencias, goleador histórico del Real Madrid en Liga, goleador histórico del Real Madrid en Champions; goleador histórico de la Champions y goleador histórico de la Selección española. Lo anterior se escribe fácil y en dos líneas, pero él lo labró con dificultad y en 14 años.

Tuve la suerte de verlo jugar en el Bernabéu y anotar un gol (de túnel por cierto), increíble como la afición se volcaba ante su ídolo, había una comunión pocas veces vista entre un futbolista y el estadio. Él se entregaba a los aficionados y nosotros nos entregábamos a él. Esa simbiosis va tardar mucho en volver a vivirse allá en Concha Espina.

Pero como todo ser humano que triunfa y al igual que César en el Imperio Romano, Raúl tuvo detractores y acusadores, esos inconformes con la vida porque ellos no pudieron triunfar y la sangre los incendia por dentro de la envidia que les corroe. Éstos llegaron a ponerle un apodo bastante curioso ?el que nunca hace nada?, un seudónimo que hoy los empequeñece y engrandece la historia del Ángel.

Raúl engrandeció su figura porque a pesar de que llegó una nueva administración, y con ella mucho dinero, y ésta trajo a Figo, Raúl siguió siendo ídolo; llegó Zidane (¡¡¡Dios mío Zidane!!!), y Raúl siguió siendo estandarte; llegó Ronaldo, y Raúl siguió siendo ídolo, llegó Beckham, y Raúl siguió siendo?Raúl.

En muchos partidos él cargó con el equipo en los hombros, no importaba si a su lado estaban Kaká, Van Nistelroy, Anelka, Robinho, Cristiano, Owen, él seguía ejerciendo su liderazgo, para él todos tenían que correr, no le importaba que nombre estaba insertado en la camiseta. Nunca hubo una queja, nunca hubo un reclamo, nunca hubo una molestia. En cambio, sí hubo muchos desprecios, descréditos y maltratos en los despachos del equipo albo.

Una de sus muchas virtudes, fue que entendió perfectamente en qué equipo jugaba, qué camiseta defendía, qué afición lo veía y en qué estadio jugaba. Raúl fue capitán del Madrid mucho antes de que portara oficialmente el gafete, cuando llegó su turno, fue mero trámite el traspaso. Él ya era capitán dentro y fuera de la cancha.

Fue una sabia decisión haberse ido del Madrid en el 2010, hubiera sido terrible para nosotros sus seguidores ver a nuestra reliquia en la banca semana tras semana, partido tras partido. Hubiéramos gritado, o más bien tuiteado y faceboqueado, al entrenador en turno para que metiera al icono del madridismo, al héroe del Bernabéu, al símbolo del futbol. Hasta en eso fue sabio Raúl, supo dar un paso al costado del equipo de sus (nuestros) amores en el momento adecuado.

En la memoria estarán estampados su gol contra el Atlético (el primero de su carrera), el gol contra el Valencia recorriendo más de medio campo para batir a Cañizares, el gol a tiro cruzado contra el Leverkusen-ambos en finales de Champions-, el gol que silenció al Camp Nou contra el acérrimo rival, el gol contra?etc.

Tardarán muchas temporadas para que volvamos a ver a un jugador que llene COMPLETAMENTE (el que entendió, entendió) la camiseta número 7 del mejor equipo de España, del mejor equipo en Europa, del mejor equipo en la historia del futbol.

Me quedo tranquilo porque te veremos en pocos años en la banca del Bernabéu, pero esta vez de traje y corbata, contagiando con tu liderazgo a tus futuros pupilos. Serán afortunados porque los dirigirá una leyenda, seguramente de varios serás su ídolo. También desde el banquillo vas a triunfar y engrandecerás todavía más la sala de trofeos del Paseo de la Castellana.

Gracias Raúl, gracias por tantas y tantas satisfacciones que nos diste a lo largo de 14 años jugando en la ?Casa Blanca? y cinco en Alemania, Catar y Estados Unidos. Tus logros colectivos e individuales quedarán enmarcados en la historia de ese deporte y en la mente de todos los seguidores merengues. Siempre nos acordaremos de ti Raúl González, del Ángel de Madrid, del verdadero y único 7, de nuestro capitán, ¡¡¡de nuestro Gran Capitán!!!

¡¡¡Hala Madrid!!!

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