Código de silencio

El pasado 3 de octubre tuve la oportunidad de asistir al Mises Circle, organizado en la ciudad de Hurst, Texas, por el Mises Institute, con la presencia de conferencistas como Tom Woods, Lew Rockwell, Tom DiLorenzo y Jeff Deist. ¿El tema? La tiranía de la ?corrección política? y la creciente amenaza que ésta representa para la libertad de expresión.

Y es que las historias de censura y cobardía, que hace algunas décadas habrían parecido dignas de una parodia, hoy se multiplican en la vida real. Los efectos de este fenómeno serán desastrosos, no solo para el debate político, sino para la madurez de los individuos y la cordura de una generación entera.

Por inicio de cuentas, como atinadamente apunta Jeff Deist, la corrección política no consiste en ser amable o educado, si de eso se tratara no sería necesario imponerla a través de la fuerza. Por el contrario, lleva una carga política bien definida. Se trata de una agenda bien definida filosófica y políticamente para manipular a las personas, alterar los términos del debate socio político y, al final del día, afianzar el control de sus impulsores sobre la sociedad.

En el fondo, bajo la careta de la corrección política se esconde el marxismo cultural, que reduce el mundo a una lucha entre ?opresores? (hombres heterosexuales de raza blanca) y ?oprimidos? (todos los demás) para, acto seguido, asumir una animosidad moralina digna de los tiempos de Torquemada y condenar a todos los herejes a la penitencia de la censura o a la hoguera del escarnio público y, por supuesto, a la violencia del estado.

Este fenómeno tiene dos graves efectos que se relacionan entre sí, uno político y otro intelectual.

En el terreno político tenemos la creciente criminalización de los puntos de vista que van en contra de la mentalidad dominante. Así sucede, por ejemplo, en Estados Unidos, donde una pareja de panaderos de Oregon fue multada con el equivalente a 2.3 millones de pesos por negarse hornear el pastel para una boda homosexual. En México pasa lo mismo; apenas el 23 de septiembre el grupo del PRI en la Asamblea Legislativa del D.F. propuso castigar con hasta 3 años de cárcel a quien ?discrimine? a las personas con tatuajes, abriendo la puerta a multitud de abusos y haciendo que la policía del pensamiento brinque de las páginas de la literatura post-apocalíptica a las calles capitalinas.

Lo que está en juego es la libertad de los individuos a establecer reglas en asociaciones privadas y voluntarias, solo porque éstas no van de acuerdo a la moralina de los supuestos expertos en temas de género, minorías o especies. Los minions de la corrección política no se dan cuenta, pero cada vez se parecen más a los fanáticos religiosos que tanto les disgustan.

Para decirlo claro, entre la Conapred, la inquisición, los gulags, los comités de McCarthy y el Estado Islámico solo hay una diferencia de grado, pero el razonamiento subyacente es el mismo: los derechos y personas sólo existen para honrar la moral del estado y aquellos que no se conformen a la sana doctrina promovida por éste son un peligro para el orden social, por lo que deben ser castigados.

De fondo, su problema consiste en creer que las propias convicciones son tan maravillosas que implican el derecho de imponerlas a los demás a través de la violencia del estado, como considera, por ejemplo, la mamá del niño Axan, a quien regresaron a su casa de una escuela privada por llevar el cabello largo, en contravención a las normas del plantel, y armó un escándalo, alegando que todos deben someterse a los caprichos de su interpretación de la agenda feminista.

El segundo efecto es el de la deshidratación del debate y por ende del razonamiento. Esta paranoia se refleja también el debate de las ideas, ya sea en la arena política, en redes sociales o incluso en los recintos universitarios. Durante los últimos meses se han documentado docenas de boicots, protestas y eventos cancelados a lo largo de los Estados Unidos porque los minions de la corrección política los consideraban ofensivos. Al mismo tiempo se ha multiplicado el uso de los ?trigger warnings? es decir, advertencias de que cierto contenido académico podría ser insensible.

En el colmo del ridículo, la universidad de Brown, estableció un ?cuarto seguro,? acondicionado con galletitas, libros para colorear, burbujas, plastilina, música relajante, almohadas e incluso un tierno video de cachorritos juguetones, para proteger a sus estudiantes, quienes requieren de él porque, en palabras de una alumna ?estaba siendo bombardeada por muchos puntos de vista que realmente van en contra de mis queridas creencias.?

No estamos hablando de niños de kínder, sino de adultos universitarios que se han convencido a sí mismos de que son incapaces de enfrentar ideas que contradigan sus paradigmas y por lo tanto tienen derecho a que la sociedad los mantenga en su burbuja de cristal. La consecuencia será toda una generación incapaz de argumentar y de enfrentar la realidad. Un ejército de niños de 25 años abrazados a su osito de peluche.

La situación ha llegado a tal extremo que incluso líderes del coro liberal, como Bill Maher o el todo poderoso New York Times, han criticado esta incapacidad de asumir ideas o incluso de entender los chistes. Personalidades del mundo del espectáculo, como Jerry Seinfeld, Chris Rock, Larry ?The Cable Guy? o Jay Leno también se han unido a la denuncia de esta auténtica tiranía construida bajo el pretexto de no ofender a nadie.

Quizá el que mejor lo explica es el propio Jerry Seinfield: ?Solo quieren usar estas palabras: ?Eso es racista?; ?Eso es sexista?; ?Eso es un prejuicio.? No saben de lo que están hablando. Son las consecuencias de la propaganda.

Esta auténtica crisis de la libertad de expresión parece algo nunca visto, pero en esencia es un recalentado de las purgas y la censura político/académica que caracterizó a los países de la cortina de hierro durante la época de la Unión Soviética, que aplastaba a todo aquel que no siguieran las instrucciones de Moscú. A los marxistas culturales por sus frutos los conoceréis y su fruto es un código de silencio, para callarnos a todos.

Por cierto?

El 21 de octubre Marty McFly llegará al futuro y en lugar de encontrarse autos voladores, patinetas flotantes y Pepsi estilizada, se topará con Donald Trump, con la tiranía de la corrección política y una marabunta de zombies digitales. Definitivamente el pasado no fue como lo pintan.

Personas libres y mercados libres.

garibaycamarena.com

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