¡Sí, volvería a votar por Andrés Manuel una y otra vez!

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Claro que volvería a votar por él, sin prejuicios y con una convicción que me ha guiado durante años.

Recuerdo un cierre de campaña en la ciudad de Morelia de López Obrador, pocos días antes de que finalizara el proceso para promocionar las propuestas de los candidatos a la presidencia de la República en 2006. La Avenida Madero a las afueras de Palacio de Gobierno, era testigo del resultado que había venido gestándose durante años y que emprendía la identificación de un proyecto sociopolítico de corte progresista, democrático y plural. AMLO simbolizaba en ese momento la esperanza ante el anacronismo asociado que reconocimos millones de mexicanos como el aparato que pulverizó el sistema gubernamental a través de las prácticas burocráticas que contaminaron la credibilidad institucional.

Es probable que para los michoacanos ese contexto constituya el principal epicentro de grandes manifestaciones de diversos sectores. Ahí se consolidó la incipiente manifestación estudiantil que fue reprimida por el presidente en curso Gustavo Díaz Ordaz en 1966, a través de una ofensiva que trastocó la inconformidad de la ciudadanía cuando las fuerzas militares transitaban por el centro de la ciudad reprimiendo a rajatabla. Asimismo, fue bastión de largas jornadas de lucha bajo el flujo de las irregularidades en los procesos electorales de los años 80 y 90, donde la supremacía del PRI, giraban en torno a las decisiones de la vida pública del Estado.

Quizá eso me recordó la juventud tan apasionante en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, aunque de igual forma, tan consciente como ciudadano mexicano. Ese día, Andrés Manuel, ya arrastraba un endurecido y punitivo esquema de bombardeo propagandístico que fue orquestado de manera sistemática para frenar la consolidación amplia que poseía cuando denostaron su imagen ante la fabricación; a pesar de haber sido golpeado una y otra vez por una guerra mediática, López Obrador, se veía optimista, alegre, entusiasta, firme; pero también desciframos otras concepciones que invadieron a miles de seguidores que con ansia esperábamos el discurso, pese a que son difíciles de describir— porque los sentidos y el cúmulo de entusiasmo palpitaban la efervescencia por observar al máximo referente de la lucha social en nuestro país. Lo que admiré en demasía en esa ocasión, fueron las habilidades, y una tenacidad que trasciende más allá de lo humano, con una notoria convicción; además, una energía y fuerza que es empujada por los principios de servir a la sociedad. De eso no tuve ni la menor duda.

Esa motivación que me impulsó a sufragar por Andrés Manuel en 2006 y 2012; fue el mismo motor de júbilo que dependió en gran medida de seguir apoyando al mandatario en turno en aquel histórico 2018. Afortunadamente, y lo menciono con una narrativa clara, reflexiva y consciente: que si López Obrador no hubiera sido electo volvería a votar por él una y otra vez. La razón que influye es sencilla: ningún otro candidato a la presidencia ha transmitido tanta confianza a la ciudadanía como el propio presidente; me da la sensación que esa incesante capacidad de recorrer la mayúscula geografía Nacional, ha sido clave para sensibilizar potencialmente el lado humanista. Ese estilo que le imprime y que han ido integrándose en la relación con los sectores más vulnerables, es la percepción real y cristalizada de un hombre comprometido con las causas de aquejan con mucha frecuencia a los ambientes sociales necesitados.

No obstante, la realidad que estamos viviendo en la actualidad, propone que actuemos con las recomendaciones que emite la propia secretaría de salud federal. Eso significa que los esfuerzos deben ser redoblados a evitar que se propague la contingencia; las exigencias, nos colocan en un papel en el que debemos asumir una responsabilidad social ineludible. En cambio, el mandatario no para; sigue sus actividades y una agenda que ha enumerado determinadas acciones con la finalidad de cuidar el bien de México, siguiendo las recomendaciones y cuidado de los especialistas. En lo particular, admiro esas actitudes que destacan del presidente. De eso ha dependido en gran medida que, López Obrador, sea objeto de ataques por doquier. Lo quieren derrotado; por ello, han provocado todo lo que sea posible a debilitarlo; inclusive, no importa si eso radica en la manipulación u obedece a la rabia que ha mostrado un grupo de detractores que no soporta que el país esté caminando por una visión distinta con miras a las consolidación y transformación. Por años esperamos estos momentos.

Al asumir ese rol como máximo referente de México, no significa en lo más mínimo que el jefe del ejecutivo no dimensione el rubro sanitario que inclusive, ha sido reconocido por organismos internacionales, por la relevante actuación para procurar y prevenir en tiempo y forma las indicaciones sanitarias del Coronavirus. Pero Andrés Manuel, es así; no es que sea necio, ni mucho menos irracional. Simplemente actúa con el instinto natural y humano que le caracteriza: servir a la sociedad. Esa visión es la que le inquieta a la oposición; su preocupación es impedir que el país avance, que crezca. También, es evidente que el tema de la contingencia, es un recurso perfecto; fue el caso de Venezuela y el tratado de libre comercio, donde intentaron neutralizar y someter al presidente. Empero, aunque la oposición siga buscando pretextos, es de resaltarse que el mandatario tiene una muralla social que posee una identificación bajo el liderazgo que se ha sobrepuesto a muchas batallas, algunas de ellas sucias y perversas que delineaban el discurso falaz. ¡Si Andrés Manuel fuese candidato!, claro que volvería a votar por él, sin prejuicios y con una convicción que me ha guiado durante años.

Eso en un caso hipotético que AMLO hubiera buscado por 4ª ocasión la presidencia. Sabemos que terminando este periodo culmina una etapa como servidor público; que no se va perpetuar; que México no será una dictadura; que ante las adversidades ahí está Andrés Manuel, fuerte, tenaz y con una energía que sobrepasa la naturaleza. Indudablemente el motor que alimenta esa dirección es México y los sectores más necesitados.

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