“Soy optimista: creo en mi mala suerte”.

Carlos Monsiváis.

Tuve conocimiento de la existencia de Carlos Monsiváis durante mi adolescencia, a fínales de los años 70, cuando mi papá “el Pocho” compraba la revista Siempre!, con el suplemento “La Cultura en México”, que incluía la sección “por mi madre, Bohemios” (editada por “Monsi”) ilustrada con unos cocodrilos chillando, donde se publicaban textos cómicos que comenzaron a desarrollar mi gusto por la comedia.

Muchos chistes tenían qué ver con política y no les entendía completamente (aunque notaba la intención satírica), pero otros eran claros disparates (muy parecidos a los de otro gran humorista: Woody Allen), como la telenovela “El amor tiene forma de serrucho”.

La mayoría eran extractos de noticias, anuncios y declaraciones de funcionarios (que de por sí eran risibles), rematados con un comentario sarcástico.

Carlos Monsiváis falleció el 19 de Junio del año 2010, a quien básicamente considero un humorista (independientemente de su papel como intelectual, cronista, ensayista, periodista, coleccionista y personaje de la cultura popular).

Cuando leí sus libros, siempre me sorprendió que, dentro de su barroca y erudita redacción, siempre se colaba una observación irónica.

En 1965 colaboró con el grupo de rock Los Tepetatles (nombre inspirado en los Beatles), formado por Alfonso Arau y miembros de Los Rebeldes del rock, cuyo disco fue diseñado por José Luis Cuevas y Vicente Rojo. Allí, además de Arau, colaboraron en las letras “Chava” Flores y Carlos Monsiváis, creando auténticas joyas humorísticas (“Tlalocman”, años después, volvería a interpretar con gran éxito el grupo Botellita de Jerez).

Los Tepetatles tuvieron sus presentaciones en la “Zona Rosa”, espacio bohemio, foro cultural urbano y primera base gay de la CdMx, que impulsaron Arau, Monsiváis y Cuevas, frecuentada por artistas diversos: Carlos Fuentes, Margo Glantz, Mathias Goertiz, José Emilio Pacheco, Huberto Batis, Manuel Felguérez, Lilia Carrillo, Gabriel Zaid, Fernando Benítez, Julieta Campos y Eduardo Lizalde, entre otras celebridades.

A mediados de la década del 2000, el monero Rafael Barajas “el Fisgón”, me contó que estaba inspeccionando el sótano, ático y bodega de Carlos Monsiváis, organizando cachivaches, documentos y piezas diversas para construir un museo, que meses después se concretizaría en el Museo del Estanquillo, en la calle de Isabel la Católica 26 (Centro Histórico), bautizado así por sus artículos variados: Pinturas, fotografías, libros, revistas, juguetes, carteles, calendarios, etc., que narran nuestra historia desde la cotidianidad.

Aunque “Monsi” era mi vecino (vivió en la colonia San Simón, pegada a la Portales) nunca lo traté, solo sé que mi mamá visitó varias veces su casa (repartiendo propaganda perredista) y que tenía un montón de gatos (el más simpático, llamado “mito genial”); sin embargo, “Monsi” fue una importante figura formativa de mi Ego, no solo por sus escritos, entrevistas y conferencias, sino por su propia personalidad, que fue extensión de su obra, trabajada meticulosamente como Salvador Dalí o Andy Warhol.

Al igual que el ya citado Woody Allen, era un intelectual anti-intelectual, y lo demostraba abrazando al “mainstream” que tanto le hacen fuchi las personas “bien pensantes”, como salir retratado en la portada de Teleguia con Lucía Mendez.

También lo recuerdo en las páginas del “Chanoc” (historieta del escritor Martín de Lucenay y el dibujante Ángel Mora), como el sabio Monsiváis, que una vez inventara un robot con un radio de transistores que, al jugar futbol, cantaba: “¡un kilo de cadera no es cadera!”

Como José Luis Cuevas, Gabriel García Márquez y José José, le gustaba salir a la calle, visitar lugares y mezclarse con la raza. Por ese voluntarioso deseo de permanecer como ícono en la cultura popular, lo incluí en dos guiones que escribí (ambos realizados por Armando Casas). El primero fue para un documental de TV UNAM, titulado “Memoria Universitaria” (1997), donde habló de la memoria. El segundo, en la comedia “Un Mundo Raro” (2000), donde hace el papel de sí mismo. Allí, en una entrevista televisiva, “Monsi” improvisa sobre una base escrita: El entrevistador le pregunta sobre la adaptación de una novela suya (Carlos Monsiváis jamás escribió una novela), permitiendo que su chacoteo personal permeara la escena.

“Un Mundo raro” se transmitirá por el Canal 22 a las 10:30 horas (después del programa “Me Canso Ganso”, donde también colaboro y que hará un especial de “Monsi”; el cual recomiendo y pasa a las 9:30 horas). La película es sobre un cómico que es extorsionado por un asaltante, quien lo obliga a meter a su hermano a la televisión, para volverlo famoso. El guion está basado en un experiencia real, cuando me asaltaron en un mini-taxi y los delincuentes aflojaron su actitud agresiva, al notar que traía una credencial de Televisa, haciéndome un montón de preguntas sobre la farándula, haciendo el chiste: “si necesitas un asaltante para un programa, ai’ nos llamas”.

Cabe mencionar que a Carlos Monsiváis le gustaban los cameos, y lo mismo lo hemos visto como jugador de dominó en la película “En este pueblo no hay ladrones” (Alberto Isaac, 1965), que como Santa Claus borracho en “Los Caifanes” (Juan Ibañez, 1967).