El IMSS no se privatiza, es verdad. Mejoran sus servicios, es falso.

El IMSS no se privatiza, es verdad. Mejoran sus servicios, es falso.
El IMSS no se privatiza, es verdad. Mejoran sus servicios, es falso.

Cuando el 21 de octubre pasado se llevó a cabo la 106ª Asamblea General Ordinaria del IMSS, la maquinaria de Relaciones Públicas de esa institución se puso a trabajar, como dicen los chilenos: ?a full?.

Uno de los mensajes que se repitió en los medios hasta el aburrimiento, es que ?el IMSS no se privatiza?. Excelente noticia, sí, pero una aclaración de Perogrullo, ya que eso jamás ha estado en la mesa de discusión. La alta jerarquía del IMSS dedica así su tiempo, dinero y esfuerzo, a responder una inquietud surgida de un rumor generado en redes sociales, fruto de la ignorancia o malas intenciones.

Habiendo aclarado esto, solo quedará la duda entre quienes buscan difundir semejante rumor ¿Qué es exactamente privatizar? ¿Vender totalmente o permitir la participación de la iniciativa privada en la operación del IMSS?

No olvidemos que muchas voces sueñan con el IMSS socializante de los años 50s, 60s y 70s, que era ?autosuficiente? y que contaba con sus propias lavanderías, imprentas, servicio de limpieza, así como sus laboratorios y facilidades de el 3er nivel de atención (alta especialidad)? de aquellos años.

Pues bien, esos soñadores deben recordar que en los pasado 40 años ocurrieron varias cosas:

1.- La población incrementó su esperanza de vida.

2.- La burocracia y pensionados internos del IMSS se incrementaron brutalmente.

3.- El dinero de las cotizaciones pasó de utilizarse para brindar atención médica, a subsanar las pensiones de los mismos empleados del IMSS.

4.- Los dos puntos anteriores pusieron en jaque las finanzas del Instituto.

5.- Los derechohabientes y sus categorías se incrementaron más rápido que su infraestructura.

Al final, llegamos al inicio del Siglo XXI con un IMSS vapuleado y pobre, caracterizado por un contraste tremendo: Una medicina de alta calidad en sus Centros Médicos de alta especialidad, mientras que en las clínicas regulares y los Hospitales Generales de Zona no hay baños limpios, los alimentos se sirven fríos y son incomibles, no hay vestuario para los pacientes, el personal de enfermería es escaso y hace esfuerzos heroicos por atender la sobrepoblación de pacientes y la queja número uno: Nunca, nunca? hay el 100% de los medicamentos.

Un paciente típico

La historia de Edgar, un paciente de 81 años es la norma. Edgar requería de una reparación de una hernia en la ingle. No era un procedimiento urgente, pero si importante para el paciente ya que siempre existe el riesgo de que una porción del intestino se estrangule en la hernia.

Su cirugía se programó en el Hospital General de Zona 58 ?Las Margaritas?, uno de los de mayor volumen de pacientes al año en el área metropolitana de la Ciudad de México. Para llevarla a cabo, el procedimiento normal pide que dos donadores acudan a los bancos de sangre del IMSS.

Su hija y su nieto acudieron al banco de sangre del Centro Médico Nacional La Raza donde quedaron atónitos: Una instalación de primera, limpia, moderna y dotada de la más alta tecnología. ?Había un olor penetrante de los desinfectantes que utilizan en el piso?. ?No le pide nada a los bancos de sangre de los hospitales privados como el ABC??.

Tras haber pasado por esta agradable experiencia en una instalación que superaba a muchas en Houston, su hija estaba confiada de que la vivencia sería similar en ?Las Margaritas?.

Terrible decepción

El día de la cirugía de Edgar, fueron recibidos en un hospital maloliente. La pintura de las paredes sucias, estaba cayéndose. En la recepción: Una escena que ya es ícono de los centros de salud en México: Familiares de pacientes tirados en el piso, durmiendo en cartones. El personal de vigilancia recolecta estos cartones durante el día y se los renta durante la noche.

En la práctica, no existen sanitarios para familiares o visitantes; o se encuentran cerrados o están sucios, no tienen papel sanitario ni jabón. Los escusados no tienen asiento.

Edgar fue admitido y se le vistió con una destartalada bata. Sin embargo, tras cinco horas de espera, su cirugía debió ser reprogramada. El exceso de pacientes y la falta de un anestésico (Fentanyl) no harían posible que se operara ese día. El anciano llevaba ya 18 horas en ayuno.

Edgar fue citado para regresar 15 días después, un récord de velocidad para los estándares de reprogramación del IMSS que en ocasiones llegan a varios meses. El responsable fue el cirujano quien en un acto heroico, movió todos los hilos posibles para acelerar el proceso. Si Edgar regresaba a con su Médico Familiar, seguramente tardaría más de seis meses en ser operado. Sus exámenes de laboratorio serían inútiles para la cirugía y debería volver a comenzar.

El día de la cirugía fue recibido y vestido con otra bata igual de destartalada. Su hija debió hacer lo que los familiares del IMSS hacen, esperar en una silla incómoda y en mal estado. Afortunadamente se llevó ?quehacer? pero pronto estaría incomunicada. El único tomacorriente en la sala de espera era ferozmente resguardado por un policía que no permitía que nadie lo usara. Para el IMSS, 15 voltios son muy valiosos.

Edgar salió bien de la cirugía. Una vez más, un Cirujano atrevido hizo lo mejor que pudo, con lo poco que contaba. Su herida fue suturada con hilo de nylon, no con grapas. Ningún método es mejor que el otro, sin embargo, el uso de las engrapadoras es más rápido y ayuda a que el paciente (anciano) tenga un menor tiempo de anestesia. Las engrapadoras cuestan más.

Pasaron varias horas tras la cirugía para que Edgar fuera internado en piso. No había camas disponibles. Cuando en la noche, su hija subió a verlo, la escena era deprimente. En una sala general, seis camas de pacientes. Un baño para las seis camas en un estado apenas limpio. Sin papel, sin toallas y sin jabón. La primera indicación que recibió fue de las enfermeras: Los familiares deben estar allí en todo momento. El personal de enfermería no ayudará a los pacientes a evacuar ni a orinar. Los familiares deben saber usar ?el pato? y el ?cómodo? y dejarlo en el apestoso baño de ?sépticos?. Alguien los limpiará después. El piso sucio dejó un rastro negro en una toalla de papel que su hija usó para secar un accidente con el suero.

En el piso del hospital se respira un olor penetrante. Mezcla de orina, sudor y algún limpiador de pisos. Cuando llega la comida a los pacientes, ésta está fría. Afortunadamente para Edgar no es diabético ni tiene insuficiencia renal. De ser así, la alimentación designada sería prácticamente incomible.

Su hija debió pasar la noche junto a él. No había donde dormir y el único lugar para sentarse era una maltrecha silla. En la sala había un solo sillón que había sido ?expropiado? por la familia de uno de los pacientes quien llevaba tres meses internado.

A la mañana siguiente su hija se fue a trabajar y fue reemplazada por una amiga de Edgar. El acceder al hospital fue complicado. El ingresar a uno de estos hospitales es casi tan difícil como la visita a un reclusorio. Una mala comunicación hace que el pase de entrada se traspapele y el familiar no pueda entrar. Cuando finalmente la amiga llegó, Edgar tenía unas terribles ganas de orinar. Recordemos que el personal de enfermería no lo ayudaría.

Al final Edgar estuvo hospitalizado menos de 24 horas. La mañana del día siguiente salió (sin desayunar). Mala noticia ya que una cirugía puede complicarse en las primeras 72 horas. Buena noticia por que el estar allí podría hacerlo susceptible a alguna infección. La mayoría de los pacientes no tienen quien los atienda en casa ni saben como hacerlo. Afortunadamente para Edgar su procedimiento no era tan grave.

Este es el escenario típico del IMSS en el año 2015. Un IMSS con enormes contrastes donde sus pocas instalaciones de alta especialidad son de clase mundial y sus muchas instalaciones de 1º y 2º nivel son terribles. Un IMSS donde enfermeras no pueden hacer el 100% de sus funciones debido a la carga de trabajo. Un IMSS donde los médicos tienen que realizar ingeniosas maniobras administrativas para poder hacer correctamente su trabajo.

El IMSS no se privatiza. Eso sería absurdo. Pero más absurdo es pensar que la calidad y calidez que pregona, es siquiera la óptima para los pacientes.

(El autor es Médico Cirujano y Consultor en comunicación en salud)

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