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Rosario Robles tiene tiempo de sobra. Hace política desde Santa Martha Acatitla. Su abogado Sergio Arturo Ramírez arma ruedas de prensa y sale en TV.

Rosario Robles hace política desde Santa Martha Acatitla. Su abogado Sergio Arturo Ramírez arma ruedas de prensa y sale en la tele, con lo que el litigante le hace flaco favor a su defendida. Pero ella sabe acogerse al criterio de oportunidad y a eso dedica tiempo y cuentas (las no congeladas). Además, sin ironías, Rosario tiene tiempo de sobra.

Es mentira que a Rosario la dejaran sola sus colegas del pasado sexenio. A ella le gustaba aislarse. Y se alineó al grupo de Miguel Ángel Osorio Chong. Cuando el nombre del senador salió en la prensa como posible “chino expiatorio”, Rosario contra-atacó. Mandó a sus abogados a cargar las tintas contra Luis Videgaray. Luego aparentó rectificarlos. Resultó que una presa defendía a un legislador.

Desde Santa Martha, Rosario hace política contra Videgaray. Es la política de la supervivencia; la política de su reducción de pena. Dicha fórmula para grillar en defensa propia no la inauguró Emilio Lozoya, pero sí la puso de moda. Por eso Emilio Zebadúa no esperó ni a leer los términos de su denuncia, para comenzar a cantar.

Sin embargo, más que cantar, Rosario y los Emilios (y hasta Juan Collado), hacen política en la sombra. Antes, se ponía tras la reja a los políticos para anularlos, para silenciarlos de sopetón. Jorge Díaz Serrano, por ejemplo, fue anulado: se le secó la lengua. Joaquín Hernández Galicia, “La Quina” fue anulado: le cercenaron la voz. Hasta que salieron los dos, hablaron. Pero ya nadie les hizo caso. Fueron cadáveres políticos antes de ser simplemente cadáveres.

Rosario, en cambio, habla hasta por los codos; con y sin micrófono. Es una jilguerilla en chirona. Habla por Osorio Chong y hace política para cocorear a Videgaray. No es venganza, sino maniobra de grupos confrontados: es distinto.

Se ve que con la Estafa Maestra nació una nueva modalidad de hacer política: grillar desde la cárcel, con nuevos códigos y recursos de negociación “dentro del tambo”. Ya debería aprenderlos Luis Videgaray. Y acaso también Enrique Peña Nieto. No se les vaya a ofrecer.

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