La leyenda gris del jefe de gabinete de AMLO: Poncho Romo y los mormones en Monterrey

Alfonso Romo, Tatiana Clouthier, Andrés Manuel López Obrador y Manuel Clouthier
Alfonso Romo, Tatiana Clouthier, Andrés Manuel López Obrador y Manuel Clouthier.Cuartoscuro

Romo, aliado de Tatiana Clouthier, favorita para ganar las elecciones de Nuevo León, tiene que aclarar un punto de su biografía. Por el bien de todos.

Legenda

Iba a escribir “leyenda negra” en el título de esta colaboración, pero me pareció excesivo. Esto es, iba a recordar en forma totalmente negativa un episodio —real o inventado, lo cierto es que no lo sé— , sin duda polémico de la biografía de Alfonso Romo, jefe de la oficina de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Veamos antes de continuar algo sobre la palabra “leyenda”.

El Diccionario de la lengua española dice:

√ Tal palabra viene del latín legenda, esto es, "lo que ha de ser leído".

√ A su vez, legenda es gerundivo de legĕre, que significa "leer".

Paréntesis

La gramática puede ser más compleja que la física teórica. La diferencia entre "gerundio" y "gerundivo" es una prueba de ello. Veamos lo que dicen los expertos:El gerundio y el gerundivo en latín son nombres verbales que no aparecen con tanta frecuencia como el gerundio español. Sin embargo, cuando aparecen, suelen plantear dudas sobre cómo traducirlos e incluso para distinguir si estamos ante un gerundio o un gerundivo. El gerundio es un sustantivo verbal, mientras que el gerundivo es un adjetivo verbal”.

La RAE del gerundivo dice: “Participio de futuro pasivo latino en -ndus, que indica que la acción verbal ha de realizarse, como demonstrandus 'que ha de ser demostrado' o molendus 'que ha de ser molido'...”.

La RAE del gerundio dice: “Forma no personal del verbo, cuya terminación en español es -ndo, que puede formar perífrasis verbales”.

Sigamos con el significado de "leyenda"

La RAE da seis significados de “leyenda”, pero los dos primeros son los aplicables a lo que interesa discutir hoy sábado en esta columna periodística:

√ “Narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición”.

√ “Relato basado en un hecho o un personaje reales, deformado o magnificado por la fantasía o la admiración. La leyenda del Cid”.

Cantar de Mío Poncho

Una de las obras más famosas de la literatura española —inclusive de la literatura mundial— es el genial y anónimo Cantar de Mío Cid que narra las aventuras de un guerrero que siempre tuve por héroe solo interesado en hacer el bien, opinión que abandoné en estos días después de haber leído la novela de Arturo Pérez-Reverte, Sidi, en la que supe que don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, era un valiente en el campo de batalla, pero también alguien que cambiaba con facilidad de bando dependiendo de qué rey, mono o cristiano, pagara sus servicios. Por el contenido peyorativo de la palabra “mercenario” no cabe decir que el Cid lo era: una leyenda tan importante y que tanto enseña acerca de los valores del coraje y la lealtad, está más allá de eso.

¿Leal un hombre como el Cid que con facilidad servía a un rey como a otro? En la novela de Pérez-Reverte, increíblemente leal al rey con el que se comprometía a hacer la guerra. Pero, si no recuerdo mal, todavía más leal al rey de Castilla que lo desterró. Paradojas de los grandes personajes.

Así es Alfonso Romo. Don Poncho, como se le conoce, gran empresario de Monterrey —de derecha, como debe ser— trabaja para un gobierno de izquierda, el de López Obrador, después de haber sido un entusiasta partidario del derechista Vicente Fox.

Fue leal a ambos y creo que sigue siendo leal a los dos. Alfonso Romo es leal a Andrés Manuel porque defiende como nadie a la 4T, a veces con enormes dificultades entre sus colegas del sector empresarial. Y al mismo tiempo es leal, si no a Fox, el hombre, sí a la ideología conservadora que ambos comparten.

Los mormones de Monterrey y la leyenda de Poncho Romo

Hoy en El Heraldo de México, el excelente diario dirigido por Franco Carreño y cuya estrategia dicta desde el consejo de administración el dueño, Ángel Mieres, entre otras notas que llaman la atención —destacadamente la relacionada con lo fortachón que el presidente López Obrador ve a Alfonso Durazo, quien ha sido tan injustamente linchado en otros medios de counicación— presenta un columna de la señora Verónica Malo Guzmán, también compañera de estas páginas de SDP Noticias: “Poncho Romo y los mormones de Monterrey”.

Es parte del Cantar de Mío Poncho. Cito a la columnista:

√ “Hay que recordar que una vez, hace años, Romo chocó con la comunidad mormona en nuestro país, o al menos de eso se le culpó. En los 90’s, en Monterrey, cuando dicha congregación decidió construir un templo en un terreno por el cual habían pagado una millonada (en dólares y con todas las de la ley), se acusó al ultra católico Romo de haber movido todas sus influencias para que no lo pudieran edificar. ¿Quiénes lo acusaron? Prácticamente todos los lideres de opinión regios. En ese entonces, el propio obispo de la Sultana del Norte protestó en contra de tratar así a sus hermanos cristianos”.

√ “El hoy político —antes empresario— logró su objetivo: que los mormones tuvieron que vender sus terrenos (con pérdidas) y que buscaran otros a las afueras de Monterrey para construir su templo. En un guiño de la vida, hoy el templo está edificado junto al Club Hípico La Silla; sí, club propiedad de Romo”.

√ “Los diagnósticos de Romo sobre la comunidad mormona en ese momento fueron equivocados y hoy lo siguen siendo sobre ellos y muchas otras cosas de la vida pública. Decir que, para una decisión de inversión, no es problema la violencia —¡contra los mormones!— o que ello no ha afectado a nuestros socios comerciales, por ejemplo. Pedir a los empresarios que digan que hay confianza, que le mientan al Banco Central o reiterar que vamos bien cuando no hay crecimiento económico”.

√ “Cuenta la leyenda que Romo perdió su imperio empresarial porque los altamente poderosos mormones de Estados Unidos le hicieron la guerra financiera. Con que no afecta la violencia ejercida contra esa comunidad, ¿verdad?”.

Soy regio y escuché ese relato —con dosis de verdad y fantasía— hace años en Monterrey. Como en el Cantar de Mío Cid, todo puede ser verdad y todo puede ser mentira. En lo personal y en su compromiso con el actual gobierno de México, al señor Romo poco le afecta una historia más, una historia menos sobre él. Pero, también lo pienso, ante la duda de si peleó con los mormones de la Sultana del Norte, lo mejor que podría hacer es aclarar que las cosas no sucedieron así, que los respeta, que no tiene nada contra ellos.

No está obligado hacerlo en púbico, pero sí debe Poncho Romo buscar a dirigentes empresariales o morales de esa comunidad tan poderosa en Estados Unidos, que por la natural indignación ante la masacre de varias mujeres y niños de esa religión en la frontera entre Sonora y Chihuahua, podrían hacerle un daño muy fuerte a la economía mexicana.

Además de ello, en una escala menor, pelear con los mormones podría restar posibilidades de llegar a la gubernatura de Nuevo León a su aliada Tatiana Clouthier.

Los mormones estadounidenses son poderosos. Hay que darles toda clase de satisfacciones. Por el bien de todos en México, diría el presidente López Obrador.

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