El Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea, que está vigente desde el año 2000 y que rige las relaciones comerciales entre las dos regiones, ha permitido un crecimiento significativo del comercio bilateral y ha actuado como catalizador de flujos de inversión.
Al concluir el pasado 6 de junio su visita de Estado a Portugal, Enrique Peña Nieto pidió a su homólogo Aníbal Cavaco Silva, así como al primer ministro Pedro Passos, el respaldo del país lusitano para renegociar el Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (UE). Para el gobierno de México el Tratado de Libre Comercio con la UE limita el potencial de comercio y no ha sido tan provechoso para el país, por lo que propone revisar los términos del acuerdo, para que en un futuro se aproveche mejor.
La relación comercial y de inversión trasatlántica entre México y los países miembros de la UE se remonta al siglo XIX, y éstas siempre han tenido una relación asimétrica en la que la nación latinoamericana ha llevado la parte más desfavorable.
A finales de los años noventa del siglo pasado el gobierno mexicano buscó diversificar el origen y destino del intercambio comercial de bienes y servicios, ya que casi todo ese flujo de mercancías con el exterior se concentraba con los Estados Unidos, y se reforzó con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá firmado en 1994.
Las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México (TLCUEM) comenzaron en 1997 y después de 9 tortuosas rondas de negociaciones, las dos regiones concluyeron los acuerdos y suscribieron el Tratado que entró en vigor el 1 de julio del 2000.
Los acuerdos a los que llegaron para la firma del TLCUEM los dos signatarios destacan que México otorgará a la Unión Europea un régimen preferencial en un plazo más corto que a otros socios comerciales, pues todos los productos industriales se exentaron de derechos de aduana en el año del 2007 después de agotar cuatro etapas de liberalización progresivas, donde los productos sensibles del sector agropecuario reciben un trato preferencial. En cambio, para México la liberalización de todos los productos industriales fue para el año 2003.
Para México, la Unión Europea significa una importante fuente de inversiones y un mercado prometedor, integrado ya por 27 países con más de 500 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto (PIB) superior a los 13.8 millones de dólares en 2010 (Eurostat 2012).
México es importante para los países miembros de la UE dada la posición geográfica del país latinoamericano intermedia con Estados Unidos y el resto de América Latina, además de las magníficas ventajas que se dan para la inversión.
El TLCUEM ha contribuido mucho al crecimiento del intercambio comercial entre las dos regiones; para el 2013 el comercio entre la UE y México ascendió a más de 47 mil millones de euros, lo que representa un incremento del 17.5 por ciento respecto a 2012. Las exportaciones de la UE ascendieron a 28 mil millones de euros, mientras que las exportaciones mexicanas a la UE alcanzaron los 19 mil millones de euros. El crecimiento en el comercio total entre la UE y México desde 1999, justo antes de la firma TLC, fue del 204.4 por ciento (164 por ciento para las exportaciones de la UE a México y 291 por ciento de las exportaciones mexicanos a la UE).
El intercambio de mercancías y de servicios entre la UE y México históricamente ha significado un superávit para las naciones europeas, sólo para el año de 2013 éste fue del orden de 15.3 mil millones de euros.
Los principales productos que se exportaron desde México a los países miembros de la UE, en el 2013, fueron de maquinaria y equipo de transporte (37.7 por ciento), seguido de combustibles y productos mineros (26.4 por ciento, principalmente petróleo crudo), y otras manufacturas (11 por ciento). Los productos agrícolas (incluidas materias primas y pescado), sólo representan el 7.9 por ciento de las exportaciones mexicanas a la UE.
Las exportaciones de productos mexicanos al viejo continente son producidas en su gran mayoría por los grandes consorcios transnacionales, muchos de ellos de origen europeo instalados en el país o del monopolio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), quedando las pequeñas y medianas empresas nacionales excluidas de este intercambio.
En el 2013 la UE fue el tercer socio comercial de México, solamente superado por Estados Unidos y China, pero la segunda fuente más importante de Inversión Extranjera Directa (IDE), aportando un 38 por ciento de la IED en México desde el año 2000, y desplazó por segunda vez a los Estados Unidos el año pasado.
La Inversión Extranjera Directa de la UE en México ha sido del orden 128.8 mil millones de dólares de flujo acumulado en 14 años (2000 – 2013). La inversión hecha por los países miembros de la Unión Europea ha sido históricamente importante para el país latinoamericano, desde que entró en vigor el TLCUEM el flujo promedio anual de inversión se ha visto triplicado. Los inversionistas europeos han realizado importantes inversiones en el sector financiero como demuestra el hecho de que tres de los cinco bancos más importantes en México son europeos (BBVA Bancomer, Santander Serfin y HSBC) y entre los tres bancos controlan más del 50 por ciento de la banca comercial del país.
Las inversiones europeas en México también se encuentran en el sector de las telecomunicaciones, con la española Telefónica Movistar, así como en la industria cervecera. En 2010, el fabricante de cerveza holandesa Heineken compró uno de los grandes productores de cerveza en México, Cuauhtémoc, de FEMSA, con una inversión de más de 6.5 mil millones de dólares, mientras que la cervecera belga InBev Abheuser completó su adquisición de Grupo Modelo por más de 13 mil millones de dólares el año pasado.
La renegociación de las condiciones del TLCUEM que quiere hacer el gobierno mexicano son fundamentadas, ya que nuestro país se ha beneficiado muy poco de este acuerdo comercial; si bien es cierto ha crecido el intercambio comercial entre las dos regiones, los más beneficiados han sido los países miembros de la UE sobre todo España, ya que México tiene un déficit en su balanza comercial con la UE, y con lo que respecta a la inversión europea en México ha sido mucha, pero se ha concentrado en la compra de empresas que ya se habían establecido en México, como los bancos, con lo que la inversión no crea nuevos empleos, y que incluso algunas veces requiere del recorte de personal por el cierre de sucursales.
El gobierno mexicano también puede revisar las ventajas que ofrece a la inversión proveniente del extranjero, buscando que no se favorezca a empresas como Repsol, que goza de los contratos más grandes con Pemex y con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
El cumplimiento de las leyes fiscales para los exportadores europeos debe ser estricta en México, y no puede pasar otra vez lo sucedido con la empresa española Sara Indetex, que maquilaba sus prendas de vestir en China y las hacía pasar como prendas fabricadas en España y así beneficiarse ilegalmente de las ventajas arancelarias del acuerdo comercial, y aunque fueron descubiertos por las autoridades mexicanas no fueron sancionados.
El TLCUEM no ha provocado que haya más empleo en México ni ha contribuido al crecimiento económico del país, tampoco ha servido para que se desarrollen las empresas pequeñas y medianas nacionales, por lo que debe resultar beneficioso el nuevo análisis de dicho documento.
Es urgente un cambio de modelo económico para México, ya que la apertura indiscriminada del país no ha provocado un crecimiento económico, ni tampoco ha frenado el crecimiento de la pobreza y estamos cada día más lejos del desarrollo económico y una más justa redistribución de la riqueza.