Educación Pública de la 4T: Cuatro preguntas

Esteban Moctezuma Barragán
Esteban Moctezuma Barragán.  .@emoctezumab

Cuesta trabajo entender cuál es la propuesta educativa de la 4T

La idea de Educación Pública del gobierno de la 4T aún no tiene una definición clara; es una mezcla de colores y sabores, sobre todo si nos remitimos a su modelo de “Nueva Escuela Mexicana”, que es un abanico de opciones filosóficas, sociológicas y antropológicas, pero donde no hay una posición pedagógica sólida, consistente, unificada o integrada acerca de la intencionalidad educativa para el país, o del proyecto educativo que busca instaurar el régimen de la 4T. Ciertamente se han producido cambios importantes en el texto Constitucional (Artículo Tercero, sobre todo), pero esos cambios, como principios generales, requieren de definiciones específicas para diseñar las políticas públicas educativas del nuevo régimen.

Hay quienes afirman que cada ruptura o transformación política y social “de fondo o raíz”, se acompaña de una gran transformación educativa. Pienso que ello está por verse, ya que no ha sido siempre así. Por el contrario, observo rupturas políticas y sociales de carácter coyuntural que han generado más cambios de fondo en el sistema educativo nacional que otras “transformaciones sociales”. Quizá el movimiento estudiantil de 1968, en México, sin ser catalogado en la clasificación que hace el presidente López Obrador, como una “transformación radical”, esto es, no es de las dimensiones de la lucha por la Independencia, de la restauración de la República o de la Revolución de 1910; sin embargo, sí generó importantes cambios en la idea y las realizaciones de la educación pública en el país.

Se crearon, por ejemplo, después del 68, nuevas universidades públicas (como la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Pedagógica Nacional; el Colegio de Ciencias y Humanidades y las Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales, de la UNAM). Se establecieron nuevos paradigmas o modelos de educación activa, centrados sobre todo en la autonomía de los estudiantes y la garantía de la libertad de cátedra de las y los profesores. A partir de entonces se cuestionaron, en consecuencia, los esquemas de enseñanza “autoritarios o directivos”, centrados en el docente. También se aceleró la puesta en operación de la Reforma Educativa de 1972, y se hicieron nuevos planteamientos a los contenidos y usos de los libros de texto gratuitos, así como a la organización de los planes y programas de estudio de la Educación Básica en México.

En resumen, debo admitir que cuesta trabajo entender o quizá comprender (aunque sea de manera esquemática), a estas alturas y a casi un año de que el presidente López Obrador tomara posesión del cargo, cuál es la propuesta específica de la 4T en materia de educación pública. Por ello, en esta ocasión planteo cuatro preguntas de inicio o como base para convocar a un debate amplio y quizá construir una agenda pública educativa para abordar algunos temas durante los siguientes meses y años.

 

1) ¿La propuesta del régimen político de la 4T en materia de educación, es una “Contrarreforma”?

Considero que no es una “Contrarreforma”, sino una iniciativa de Reforma Educativa más. De pronto me ha parecido contestataria o reactiva con respecto a los cambios establecidos durante la Reforma Educativa anterior (2012-2013). Dicha reforma educativa, la encabezada por el gobierno de Enrique Peña Nieto, fue una reforma que, en esencia, partió de criterios orientados hacia el control magisterial, la adopción de medidas excluyentes hacia las y los docentes, y fijó una noción de evaluación educativa limitada (dirigida hacia varios niveles, procesos y actores), como el eje articulador de la “Calidad de la Educación”. Todo ello consagrado a rango constitucional. Una y otra, la de 2012-2013 y la actual, constituyen dos reformas o intentos de reformas educativas que se han practicado en México.

Pensar, por lo anterior, que la actual es una “Contrarreforma” significaría que los elementos que la constituyen hoy (reforma al texto constitucional y publicación de las leyes secundarias o reglamentarias, 2019), son contrarios a la reforma que le antecede, cosa que parcialmente es cierta, pero parcialmente no. Cuando alguien pronuncia la palabra “contrarreforma” más bien lo que parece indicar es que la “buena” era la anterior, y que los que se opusieron a ella, son unos “contrarreformistas”. Y no, no es así. Lo que en realidad se ha querido impulsar es una “verdadera” Reforma Educativa, y no una “Reforma administrativa y laboral” diseñada, como lo fue la anterior, para cuestionar o poner en duda la valiosa labor que llevan a cabo las maestras y los maestros de la escuela pública. El problema es otro y no tanto determinar si ésta es o no una “Contrarreforma” educativa.

2) ¿Cuáles son los contenidos y los métodos pedagógicos que inspiran y propone el régimen de la 4T en materia de educación pública? ¿Con respecto al modelo educativo, la “Nueva Escuela Mexicana” contempla en su seno el modelo “competencial” o se deslinda de él?

 

Modelo educativo pendiente

Examinar la fundamentación o sustento teórico del “Modelo” educativo es una prioridad que ha dejado pendiente el gobierno de la 4T; es decir, falta revisar cuáles son las bases o los cimientos, desde lo educativo y lo pedagógico, del nuevo modelo para la educación pública en México (¿Es rupturista o no?), esto con la finalidad de analizar, a partir de una posición crítica, la lógica interna de la propuesta pedagógica y curricular de la actual Reforma Educativa, en términos de sus alcances y viabilidad.

Cabe recordar que durante la Reforma Educativa anterior (2012-2013), el Modelo pedagógico, además de presentarse de forma tardía, estaba sustentado en un enfoque basado en el “desarrollo de competencias”, pero refinado. En el documento sobre el Plan y Programas de Estudio (SEP, 2017) se exponía lo siguiente: “En este Plan el planteamiento curricular se funda en la construcción de conocimientos y el desarrollo de habilidades, actitudes y valores. En este sentido, su enfoque es competencial, pero las competencias no son el punto de partida del Plan, sino el punto de llegada, la meta final, el resultado de adquirir conocimientos, desarrollar habilidades, adoptar actitudes y tener valores. La experiencia en esta materia a nivel internacional nos dice que al buscar el verdadero dominio de las competencias del siglo XXI, estamos en la dirección correcta.” ¿Cuáles son las implicaciones de esta toma de posición? ¿Es el camino correcto, de verdad, o era la moda internacional impuesta por la OCDE a los sistemas educativos de los países miembros?

 

3) ¿Qué está entendiendo por “Mejora Continua”?

Otro de los temas, o preguntas a desarrollar, de la agenda educativa que conviene analizar es: ¿Qué entiende la actual administración federal y los legisladores que aprobaron tanto las reformas al texto Constitucional como las leyes secundarias o reglamentarias (mayo y septiembre de 2019), por “Mejora Continua” de la educación?

Si por “Mejora Continua” las y los apreciables legisladores y las autoridades educativas federales y estatales, en los contextos educativos públicos, la entienden de manera semejante a lo concebido en el llamado “Círculo de Deming”, entonces estamos colocados en el centro de las propuestas neoliberales y sobre todo pragmáticas que se hayan registrado en torno al cambio educativo. ¿Esa noción quieren que adoptemos para nuestro país?

Llama poderosamente la atención que tanto los círculos de especialistas en educación como los grupos parlamentarios de oposición al régimen de la 4T, sólo hayan impugnado, durante los debates públicos, la falta de planificación presupuestal en las iniciativas legislativas, o que hayan centrado sus propuestas-demandas en el retorno a la venta y herencia de plazas magisteriales, y que no hayan hecho una consideración crítica con respecto a la noción de “Mejora Continua” de la educación.

El asunto es de tal modo grave, que tanto las autoridades educativas federales como los legisladores de ambas Cámaras (cuya mayoría es encabezada por Morena), elevaron a rango constitucional la noción de “Mejora Continua”; crearon una ley de alcance nacional para lograr la “Mejora Continua” de la educación, y reciclaron al extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), al inventar un engendro con el nombre de “Comisión Nacional para la “Mejora Continua” de la Educación”. ¿En eso consiste la propuesta educativa de la 4T para la nación?

 

4) ¿Cuáles son las bases teóricas y metodológicas que sustentan la idea de la “Excelencia” de la educación?

Por último, esto sin agotar otros ejes de discusión de la iniciativa de Reforma Educativa de la 4T, está el tema de la “Excelencia” educativa. Justamente la idea de la “Excelencia” educativa tiene varios puntos de crítica, porque es confusa o ambigua, y remite a una noción excluyente (envuelta en el concepto de “inclusión diferenciada”) del quehacer educativo. Diría, en síntesis, que esa noción es más excluyente aún que la propia idea de “Calidad” de la Educación (1), socialmente hablando, ya que conduce a una idea elitista y de control más refinado de lo educativo. ¿O cuál es la defensa que hacen tanto las y los legisladores como las autoridades de la SEP a su concepto de “Excelencia” de la educación?

Ojalá que no suceda lo que ya ocurrió durante el sexenio pasado (2012-2018), cuando la agenda de discusión educativa se cerró, porque primero se impusieron las reformas legales (sin consulta pública previa), y luego (hasta 2016, con aplicación hasta 2018), se propuso el nuevo modelo educativo y se publicaron los nuevos plan y programas de estudio al final del sexenio. Espero que la 4T no tarde años en definir y explicar, con manzanitas, lo que contiene su proyecto educativo nacional y lo que significa la “Nueva Escuela Mexicana”.

Fuente consultada:

(1) Sebastián Plá, en su libro “Calidad educativa. Historia de una política para la desigualdad”, (IISUE, UNAM, 2018), considera que: “Otro componente de la nueva época y al que la escuela estaba obligada a responder, es que la educación politizada en etiquetas singulares de izquierda o derecha, de conservadora o progresista, de igualitaria o elitista, ya no describen apropiadamente el entramado de valores que inciden en ella. (…) Por tanto, el problema ya no es la cobertura o la ideología predominante, sino la calidad o, con más precisión, “los resultados, es decir, [el] control de la calidad” (OCDE, 1991: 34). Ésta, a su vez, es la garante del principio de igualdad de oportunidades tanto de entrada como de salida del sistema educativo y, dada su capacidad técnica, de su neutralidad política.”

Correo-e: [email protected]

Twitter: @jcma23

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