De la Bandera y otras realidades

Tres colores resumen parte de la idiosincrasia nacional que al sostener la mano derecha sobre el pecho saludamos con todo nacionalismo desde nuestros tiempos de pupilos a nivel básico, hasta actos cívicos haciendo honores a nuestra Enseña Patria.    

 

El día de hoy se conmemora un aniversario más para homenajear a la Bandera, luego de que el 24 de febrero de 1821, Iturbide y Guerrero promulgaron el Plan de Iguala que proclamaba la Independencia de México, tomando como lema tres garantías: independencia, religión y unión.

 

Actualmente como sociedad se han olvidado los valores cívicos como respeto y entrega a nuestra patria y eso lo podemos ver cuando buena parte de los funcionarios públicos, empresarios y sociedad civil, rinden honores a nuestro símbolo tricolor, pero en acción llevan a cabo sus corruptelas, gozan del erario público mientras que los 52 millones de mexicanos viven en condiciones de pobreza.

 

En los andares urbanos de esta diletante columnista se encontró en las afueras de un jardín de niños, un letrero que inmediatamente atrapó su atención en referencia a las celebraciones de este homenaje nacional que mencionaba que a los niños les falta ejercitar su memoria para recitar el discurso del día de la bandera, cuestionando a los padres de familia, ¿qué pasa con los demás alumnos?

 

Obviamente hay un descuido e irresponsabilidad por parte de los menores y sus padres, al no cumplir con lo que la escuela solicita y dejar toda la carga a los docentes, cuando en realidad es una tarea compartida, no siempre basta la perseverancia del docente para incrustar la preparación básica de historia y cultura mexicana, sino que la misma familia debe involucrarse.

 

¿Realmente somos fieles a nuestra patria? ¿Nuestro país goza de independencia? ¿Se sigue y se tiene conocimiento de la religión en nuestro país? ¿Hay unión en México? 

 

Si reflexionamos podremos reparar en infinidad de panoramas que nos llevarán al mismo punto. Si gozamos de un símbolo patrio, que si lo personificáramos estaría triste y devastado por la realidad, cuestionaría si realmente han valido la pena todas las luchas y transiciones políticas presentes ahora.

 

Hagamos patria y seamos unos ciudadanos solidarios y honestos desde nuestra trinchera a final de cuentas, como diría Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir. Necesitamos un México mas inclinado hacia el progreso, sin dejar a un lado la historia, porque por ahí dice el dicho: “Quien no recuerda su historia, está condenado a repetirla” 

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