Películas mexicanas de terror poco conocidas

casa de terror te paga por llegar hasta el final
 Tomada de Pixabay.

Recomiendo algunas de estas películas acorde a las fechas

Por estas épocas, siempre se mencionan los mismos clásicos del cine mexicano de terror: “El Vampiro” (Fernando Méndez, 1956), donde debutó Germán Robles como nuestro Drácula nacional; “Alucarda” (Juan López Moctezuma, 1978), película de culto, que mezcla dos temas polémicos: el satanismo y el lesbianismo (se estrena en televisión por Canal 22, el 1° de Noviembre a las 22:30 PM); la trilogía del gran maestro del género, Carlos Enrique Taboada: “Hasta el viento tiene miedo” (1968), sobre unas estudiantes acosadas por el fantasma de una suicida (nada que ver con el patético remake con Martha Higareda), “El libro de piedra” (1969) sobre una niña en contacto con el espíritu de la estatua de un niño, y “Más negro que la noche” (1975), sobre el fantasma de una anciana que venga la muerte de su gato (algunas personas agregan “Veneno para las hadas”,1984, pero honestamente a mí no me gustó, así que sería hipócrita de mi parte recomendarla).

Se agregan a la lista, con justicia, producciones más recientes: “Kilómetro 31” (Rigoberto Castañeda, 2006), “Vuelven” (Issa López, 2019) y “Belcebuth” (Emilio Portes, 2019).

En nuestro país se han realizado excelentes películas (y también muy malas) sobre el género. Hoy quisiera destacar algunas, que no han tenido tanta difusión.

 

Los protagonistas de un posible triángulo amoroso, tienen un accidente automovilístico y se ven obligados a pernoctar en un monasterio de la Orden del Silencio, donde el diabólico espíritu de un monje inmoral, pretende enloquecer a uno de ellos. Película con mucha influencia del expresionismo alemán.

 

Un tierno señor que vende billetes de lotería (Carlos Riquelme) profana tumbas de luchadores para crear a su bestia perfecta. Inolvidable la escena donde Wolf Rubinsky se quita la máscara de luchador, transformándose en monstruo, para sembrar el terror en la Arena. Antecesora del Santo y la moda de ídolos del cuadrilátero, luchando contra monstruos.

 

Dos científicos hace un pacto: el primero que muera, regresará de ultratumba para contarle al otro lo que hay en el más allá. La única película de terror buena del actor Gastón Santos, especialista en mezclar terror con comedia ranchera. Con guion de Ramón Obón, a quien mencionaré más adelante.

 

Un pianista hace un pacto con el Diablo, que lo hace transformarse en una especie de hombre lobo, cuando interpreta sentimentales sonatas.

 

La Maldición de la Llorona llega al México actual, cuando la nana de Jorgito (María Elena Márquez) es el ánima en pena de la Colonia, dispuesta a vengar a los descendientes de su marido infiel. Inolvidable la escena cuando la nana trata de que el niño muera atropellado, lanzando una pelota a la calle.

 

Una expedición a Haití, trae una maldición de muñecos que asesinan humanos para convertirlos en otros muñecos asesinos. Aterradora la semejanza de los muñecos con los humanos sacrificados.

Película que cuenta dos historia de terror: “Pánico” y “Miedo Supremo”. Ésta última me parece mejor, sobre un hombre atrapado en una cripta, que es testigo de una mujer, que enterraron viva, quien al rescatarla, enloquece, haciéndole pasar una noche pesadillesca.

 

Tres cuentos de terror, escritos por Ramón Obón: “Pánico”, “Soledad” y “Angustia”. Los tres son muy buenos, pero mi preferido es el tercero, donde Carlos Ancira es un científico que provoca su propia muerte, para poder resucitar, pero lo hace en forma de gusano.

 

En una fiesta de gente adinerada (muy al estilo de Luis Buñuel en “El Ángel exterminador” y “El discreto encanto de la burguesía”), los invitados descubren una puerta que conduce a un espacio donde hay un ser sobrenatural, quien no se atreve a salir a la fiesta. Lo terrible es que el ente es quien termina martirizado por los humanos.

 

Mi película favorita del laureado director tapatío, antes de realizar superproducciones. Cortometraje sobre un estudiante que hace un pacto con el Diablo, para pasar un examen de geometría, pero por no aplicarse en la materia, el ritual concluye de manera inesperada.

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