Columnas

Ricardo Monreal exige la prohibición de cirugías estéticas en animales. ¿Por qué lo hace?

Monreal un grillo colmilludo

Mientras el mundo se convulsiona y cualquier chango se avienta de espontáneo en “la mañanera”, para platicar con el “Peje” sin respetar la sana distancia, me llama la atención que el senador morenista, Ricardo Monreal, haya metido una iniciativa de ley para imponer una pena de seis meses a cinco años de cárcel a quien practique cirugías estéticas en animales.

Me imagino el siguiente diálogo en el Reclusorio Norte:

“-Yo estoy aquí porque le corté la cabeza a dos custodios. ¿Y tú?

-Yo le hice cara de Walter Mercado a mi perro”.​

El misterio de la iniciativa...

Tomando en cuenta que Monreal es un grillo colmilludo, lo primero que pensé es que el senador estaba creando una “cortina de humo” con esa iniciativa, para encubrir algo siniestro, pero ¿qué? ¿pensará defender la postulación de Salgado Macedonio? ¿Abrirá un antro en la Delegación Cuauhtémoc? ¿Se querrá ligar a una defensora de animales? Ojalá no salga con alguna jalada.

No es que las mascotas no tengan importancia. Me parecen tan respetables (y a veces más) que cualquier miembro de la familia, lo llamativo es que ahorita todo mundo tiene metidas las narices en las elecciones y la pandemia, no en la apariencia física de los animalitos. ¿Qué le hizo fijarse en eso?

Comisión Nacional de Derechos de Animales

A pesar de todo, Monreal tiene razón, muchos amos abusan de sus mascotas, aprovechándose de que no pueden denunciarlos a Derechos Humanos (pues todavía no existe la Comisión Nacional de Derechos de Animales): Les ponen sweteres ridículos, moños en la cabeza, los disfrazan de jugadores del América y son capaces de llevarlos a marchas “fifís” contra su voluntad (pues se identifican más con la servidumbre que con su amo), sin que les den croquetas extras, como a un buen acarreado.

No puedo imaginar cuánta maldad albergaría el corazón de un humano capaz de ponerle cara de Carlos Salinas de Gortari a su gato siamés, bubis a su tortuga, o quitándole las arrugas a su perro shar pei, de naturaleza arrugada.

Luego observé que Monreal se refería a recortes de orejas y colas, lo cual sí es un salvajismo, pues son radares biológicos que no deben modificarse, pues afectan la percepción del animalito. También operaciones de desvocalización, para reducir maullidos y ladridos (yo creo que esas bestias proyectan en sus mascotas lo que quisieran hacerle a su consorte).

Por supuesto, todo esto genera sufrimiento, alteraciones del comportamiento y estrés postraumático (lo mismo que quienes nos quedamos sin empleo).

Con todo y que soy “pet frendly” (y aunque no tenga para comer, siempre les pongo croquetas a los gatitos), las mascotas con demandas al gobierno que se formen en la cola. Antes vamos los afectados por los recortes (primero por la política de austeridad y después por la pandemia), los artistas, las víctimas de feminicidios, los trabajadores de la cultura, los meseros, las botargas… Los últimos de la fila son los “auxiliares de México Libre” (nadie sabe quién es esa gente, solo que Margarita Zavala le pidió al INE que “deje de perseguirlos y cuide las elecciones”).

¡Justicia para las mascotas! ¡No a la cirugía estética en animales! (me acordé de una esquina por donde solía pasar, con el letrero: “Estética-Cantina”, y me imaginaba echándome un “Bull” con un caldito de camarón, mientras me cortaban el cabello, hasta que leía bien: “Estética-Canina”).